Que los videojuegos pueden ser un problema en la infancia es un debate recurrente. Que también pueden ser parte de la solución, todavía no tanto. El Ayuntamiento de València acaba de dar un paso que puede cambiar esa narrativa: ha puesto en marcha, a través de València Innovation Capital (VIC), un proyecto piloto junto a la plataforma educativa Kokoro Kids para explorar cómo los videojuegos pueden contribuir al bienestar emocional de niños y niñas dentro del entorno escolar.
La iniciativa, dirigida a centros de Educación Infantil y Primaria de la ciudad, no pretende sustituir a los docentes ni a los psicólogos escolares. Su objetivo es más modesto, pero también más ambicioso a largo plazo: generar evidencias científicas sobre el potencial de las herramientas digitales como recurso complementario para la salud emocional infantil, desde una perspectiva preventiva e inclusiva. En otras palabras, actuar antes de que los problemas aparezcan.
Un año para diseñar, probar y evaluar
El proyecto se desarrollará a lo largo de un periodo estimado de doce meses y se articulará en varias fases: diseño metodológico, desarrollo tecnológico, implementación en los colegios participantes y evaluación de resultados. No se trata de instalar una aplicación y esperar a ver qué pasa. La iniciativa permitirá diseñar, desarrollar y evaluar nuevas experiencias digitales centradas en la regulación emocional, las habilidades sociales, la resiliencia y el acompañamiento emocional de niños y niñas.
Los equipos docentes de los centros participantes tendrán un papel activo desde el principio. Los colegios de la ciudad podrán aportar su experiencia y colaborar en la definición y validación de los contenidos del piloto. Además, el proceso incluirá a las familias y a otros agentes vinculados al ámbito de la infancia y la salud emocional, con el fin de enriquecer la validación desde múltiples perspectivas. Una cocreación real, no solo sobre el papel.
"La innovación debe estar al servicio de las personas y, especialmente, de los niños y niñas, para ayudarles a desarrollar competencias emocionales clave para su bienestar y desarrollo futuro" - Paula Llobet, concejala de Innovación del Ayuntamiento de València
Kokoro Kids: videojuegos adaptativos con aval universitario
La plataforma elegida para este piloto no es una app cualquiera. Kokoro Kids es una plataforma educativa basada en videojuegos adaptativos diseñada para favorecer el aprendizaje y el desarrollo infantil de forma inclusiva y personalizada. Fue creada por expertos en educación temprana y neuropsicología para ayudar en el desarrollo emocional y cognitivo de los más pequeños, tomando como base el aprendizaje basado en el juego y la teoría de las inteligencias múltiples.
Su enfoque adaptativo es uno de sus puntos fuertes: Kokoro Kids utiliza inteligencia artificial para el aprendizaje adaptativo, asignando contenido apropiado y ajustando la dificultad según el ritmo de cada niño, reforzando las áreas menos desarrolladas y desafiando las fortalezas. No todos los niños aprenden igual ni al mismo ritmo, y la tecnología, en este caso, trata de responder a esa realidad.
El proyecto cuenta con el respaldo de investigaciones desarrolladas junto a la Universitat Jaume I y la Universitat Politècnica de València, y ha recibido el apoyo de The LEGO Foundation a través del programa internacional Play for All. Un respaldo académico e institucional que dota al proyecto de una credibilidad que va más allá del marketing educativo.
Valencia Innovation Capital: tecnología al servicio de la comunidad
Detrás de esta iniciativa está València Innovation Capital, el vehículo municipal con el que el Ayuntamiento impulsa proyectos de innovación aplicada a retos sociales reales. La colaboración entre VIC y Kokoro Kids contempla el apoyo institucional, la conexión con el ecosistema educativo de la ciudad y la difusión de los resultados obtenidos, de modo que el conocimiento generado no quede guardado en un cajón.
El Ayuntamiento de València y València Innovation Capital han abierto una convocatoria dirigida a los centros educativos interesados en formar parte de esta primera fase de cocreación y validación. Los colegios que se sumen tendrán acceso prioritario a los resultados y podrán contribuir a definir metodologías que, si funcionan, están pensadas para escalar y llegar a muchos más centros en el futuro.
La pregunta de fondo que este proyecto intenta responder no es menor: ¿puede una pantalla, bien diseñada y con intención pedagógica, ayudar a un niño de seis años a entender lo que siente cuando se enfada, o a recuperarse después de un fracaso? Si la respuesta es sí, y hay evidencia que lo respalde, Valencia podría estar trazando un camino que otras ciudades querrán seguir. La apuesta no es contra la tecnología ni a ciegas con ella, sino por encontrar su lugar exacto dentro del ecosistema educativo y emocional de la infancia.


