València lleva 50.000 euros en premios a Tallin para liderar la innovación en defensa urbana europea

València participará en el hackatón de la Tallinn Defence Week junto a Helsinki, Leópolis y Dnipro, aportando 50.000 € en premios y renovando su alianza tecnológica con la capital estonia.

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Hackató
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Una ciudad mediterránea con vocación tecnológica se planta en el corazón de la Europa nórdica para hablar de seguridad, resiliencia y el futuro de las ciudades. València participará en el hackatón internacional de la Tallinn Defence Week, uno de los eventos de innovación en defensa más relevantes del continente, previsto para los días 24 y 25 de septiembre en la capital estonia. Lo hará con un argumento poderoso sobre la mesa: 50.000 euros en premios y un laboratorio urbano real donde probar las soluciones que salgan del encuentro.

Un hackatón con el mapa de Europa en guerra como telón de fondo

El contexto no es casual. La Estonian Defence Week regresa este otoño en su segunda edición, del 21 al 25 de septiembre, reuniendo en Tallin a más de 3.500 expertos en defensa, innovadores, inversores y responsables políticos de toda Europa. En ese marco, y con la guerra en Ucrania redefiniendo la agenda de seguridad continental, el hackatón reúne a ciudades que no solo comparten interés por la tecnología, sino también una urgencia muy concreta: prepararse para lo peor. Junto a València, participarán Helsinki, la capital finlandesa, y las ciudades ucranianas de Leópolis y Dnipro, conformando una red que conecta el Mediterráneo con el frente este de Europa.

La iniciativa convocará a startups, desarrolladores, expertos en seguridad, estudiantes y equipos innovadores de todo el continente con un objetivo claro: diseñar soluciones tecnológicas que hagan las ciudades más seguras y resilientes. La Defence Week ha demostrado ya cómo este tipo de eventos combina pitches de startups, showcases de tecnología de doble uso y debates estratégicos sobre la preparación de la OTAN y la postura defensiva de Europa. No se trata, por tanto, de un simple concurso de ideas, sino de un espacio donde la innovación se mide por su capacidad de ser implementada en condiciones reales.

50.000 euros y un 'sandbox' urbano para convertir ideas en realidad

El papel de València en este hackatón va más allá del de simple participante. A través de València Innovation Capital, la ciudad aportará 50.000 euros en premios para los equipos ganadores, con una condición diferenciadora: los proyectos seleccionados podrán probarse en el Sandbox urbano de València, un entorno que convierte a la ciudad en uno de los pocos laboratorios municipales de Europa donde startups, universidades y empresas pueden testar tecnología aplicada en condiciones reales, desde movilidad e inteligencia artificial hasta salud, energía o gobernanza digital.

El abanico de retos que se abordarán es amplio y muy pegado a la realidad cotidiana: gestión de emergencias, ciberseguridad, movilidad, logística, protección de infraestructuras críticas y resiliencia urbana. Ámbitos que, dicho de otro modo, afectan directamente a cómo una ciudad responde cuando las cosas se tuercen. El objetivo declarado es acelerar el paso de la idea al uso real, sin que los proyectos se queden atrapados en una fase piloto eterna.

"Queremos que València sea una ciudad donde las soluciones innovadoras no se queden en una idea o en un laboratorio, sino que puedan desarrollarse, validarse y convertirse en herramientas reales para mejorar la ciudad y la vida de las personas" - Paula Llobet, concejala de Turismo, Innovación y Captación de Inversiones del Ayuntamiento de València

Un memorándum que convierte la relación con Tallin en algo más que simbólica

La participación en el hackatón llega acompañada de un paso diplomático y estratégico: la renovación del memorándum de entendimiento entre València y Tallin, firmado en el marco de Latitude59, el principal evento tecnológico y startup del norte de Europa, que este año ha acogido también un hackatón oficial centrado en soluciones urbanas sostenibles y resilientes. El acuerdo no es una declaración de intenciones vacía: incluye el reconocimiento mutuo de los programas sandbox de ambas ciudades, lo que abre la puerta a que los proyectos innovadores puedan validarse en dos entornos urbanos muy distintos —uno nórdico y digital por naturaleza, otro mediterráneo y en plena expansión tecnológica— y escalar así con más garantías.

La alianza contempla también colaboración en innovación urbana, sostenibilidad, atracción de inversión, transferencia tecnológica y conexión entre startups, instituciones y empresas. En la práctica, significa que un proyecto nacido en un hackatón en Tallin podría aterrizar meses después en las calles de València, y viceversa. Esa capacidad de pasar del laboratorio a la acera es, precisamente, lo que distingue a las ciudades que lideran la innovación de las que simplemente la observan.

Un ecosistema en expansión que busca proyección internacional

La estrategia de València no improvisa. La ciudad acumula actualmente 1.689 startups activas, ha superado los 200 millones de euros de inversión captada por su ecosistema innovador y ha movilizado más de 40 millones de euros en innovación y sostenibilidad a través de València Innovation Capital, consolidándose como uno de los ecosistemas tecnológicos con mayor crecimiento de España. Cifras que justifican la presencia en foros internacionales y que dan credibilidad a la apuesta que la ciudad lleva a Tallin.

"Participar en este hackatón internacional nos permite conectar nuestro ecosistema con algunos de los hubs tecnológicos más avanzados de Europa y posicionar a València como un espacio europeo de experimentación urbana y desarrollo tecnológico aplicado" - Paula Llobet, concejala de Turismo, Innovación y Captación de Inversiones del Ayuntamiento de València

Hay algo significativo en que una ciudad española aparezca en la misma lista que Helsinki, Leópolis o Dnipro cuando se habla de resiliencia urbana y defensa tecnológica. La Estonian Defence Week 2026 aspira a reunir a 3.500 expertos internacionales en un evento que ya en su primera edición dejó una marca profunda en el panorama europeo de defensa e innovación. Que València ocupe un lugar en ese escenario, con dinero sobre la mesa y un laboratorio urbano como argumento, dice mucho de hacia dónde quiere ir la ciudad, pero también de cómo Europa está aprendiendo, a marchas forzadas, que la resiliencia urbana ya no es una cuestión abstracta de planificación a largo plazo, sino una necesidad urgente que se diseña, se prueba y se implementa ahora.