Cuando el otoño llega al litoral mediterráneo, no siempre lo hace con suavidad. València tiene grabado a fuego lo que puede ocurrir cuando el agua no encuentra por dónde escapar. Por eso, el Ayuntamiento no está esperando a que lleguen las primeras tormentas: desde el pasado mes de junio, el Servicio del Ciclo Integral del Agua lleva a cabo una campaña especial de limpieza de imbornales con el objetivo de tener la red de drenaje urbano a punto antes de que lleguen las lluvias de finales de verano y principios de otoño.
72.000 puntos de escape para el agua de lluvia
La cifra impresiona: València cuenta con alrededor de 72.000 imbornales, esas rejillas en la calzada que, cuando funcionan bien, son completamente invisibles para el ciudadano, pero cuya ausencia o bloqueo puede convertir una calle en un río en cuestión de minutos. La planificación municipal contempla actuar sobre aproximadamente 76.700 de estos elementos entre junio y septiembre, lo que garantiza que cada uno de ellos reciba al menos una limpieza durante el periodo estival, y que las zonas más críticas sean atendidas con mayor intensidad.
El calendario es preciso y ambicioso. En junio se programó la limpieza de unos 19.200 imbornales. Julio suma otros 17.400. En agosto la cifra baja ligeramente, hasta los 14.500, y septiembre es el mes de mayor esfuerzo, con aproximadamente 25.600 imbornales previstos. No es casualidad que el pico de trabajo se concentre en septiembre: es el mes en que los episodios de lluvia intensa comienzan a ser más probables en el arco mediterráneo.
"Esta previsión permite que todos los imbornales de València queden limpios al menos una vez durante este periodo, y que se refuercen además aquellas zonas en las que se considera necesario intensificar las labores preventivas" - Carlos Mundina, concejal delegado del Ciclo Integral del Agua y de Limpieza y Recogida de Residuos del Ayuntamiento de València
El recuerdo de la DANA como motor del cambio
El 29 de octubre de 2024, la Comunidad Valenciana vivió uno de los episodios de lluvias más intensos registrados en su historia reciente, con precipitaciones que superaron en algunas localidades las medias anuales en tan solo unas horas. Los sistemas urbanos de alcantarillado, diseñados para absorber precipitaciones de menor intensidad, se mostraron incapaces de gestionar los volúmenes excepcionales de agua registrados en períodos tan cortos. Aquella tragedia dejó una lección dolorosa y urgente: el mantenimiento preventivo de las infraestructuras de drenaje no es un gasto secundario, sino una línea de defensa real.
Aunque la configuración atmosférica correspondía a una DANA tradicional, su extrema virulencia fue impulsada por el cambio climático, cuya causa principal fue la temperatura anormalmente cálida del mar Mediterráneo, resultado de una tendencia de calentamiento sostenido en otoño de +1,44 °C en las últimas cuatro décadas. En ese contexto, tener los imbornales limpios y operativos deja de ser un trámite burocrático para convertirse en una medida de protección ciudadana.
Vehículos eléctricos y medidas contra el calor
La campaña no solo tiene en cuenta el agua, sino también el fuego. Las altas temperaturas del verano condicionan tanto la organización del servicio como las condiciones laborales de quienes lo ejecutan. Por ello, el Ayuntamiento ha ajustado la distribución de los turnos y ha reducido la exposición de los trabajadores en las horas de mayor temperatura. Para los meses de julio, agosto y septiembre se han incorporado además operarios de refuerzo, con el objetivo de garantizar la continuidad del servicio durante el periodo vacacional.
El equipo responsable de estas labores cuenta con vehículos nuevos, todos ellos eléctricos, lo que permite reducir emisiones y mejorar la eficiencia de los desplazamientos por la ciudad. Una flota sostenible al servicio de una infraestructura invisible pero esencial.
En el fondo, esta campaña plantea una pregunta simple pero poderosa: ¿cuántas inundaciones se pueden evitar con una rejilla limpia? La respuesta no está en los grandes titulares, sino en el trabajo silencioso de quienes, imbornal a imbornal, preparan la ciudad para que el agua encuentre su camino sin convertirse en una amenaza.

