Detectar un foco de plaga antes de que se convierta en problema. Esa es, en esencia, la gran ambición que mueve a cientos de investigadores, técnicos y responsables de salud pública que esta semana han tomado Valencia como epicentro del debate científico europeo sobre control vectorial. La XXIV Conferencia de la Sociedad Europea de Ecología de Vectores (ESOVE) se celebra del 27 al 30 de octubre en el Complejo Deportivo Cultural La Petxina, convirtiendo a la ciudad en la capital temporal de una disciplina que, aunque discreta, resulta fundamental para la vida cotidiana de millones de personas.
Un foro bienal que reúne ciencia y gestión sobre el terreno
ESOVE es uno de esos encuentros donde la distancia entre el laboratorio y la calle se acorta de manera deliberada. Se trata de un foro internacional consolidado que reúne a expertos que trabajan sobre vectores artrópodos y patógenos transmitidos por vectores que afectan a humanos, animales y plantas. El programa científico incluye sesiones sobre ecología y biología de mosquitos, flebótomos y garrapatas; estrategias de vigilancia y control vectorial; y soluciones innovadoras para mejorar su seguimiento y prevención. No es un congreso para especialistas ensimismados: "ESOVE es especialmente relevante porque reúne en la misma mesa a quienes generan ese conocimiento y a quienes tienen que convertirlo en decisiones sobre el terreno."
Bajo el lema "De la ecología a los brotes: integración del conocimiento para una gestión eficaz de los vectores en Europa" , el congreso agrupa a profesionales de la investigación, la administración pública, la industria y el sector de la sanidad ambiental para abordar los nuevos escenarios asociados al cambio global. Entre los temas de mayor actualidad, destacan la vigilancia de patógenos transmitidos por vectores, la leishmaniosis en perros, el virus del Nilo Occidental y el enfoque One Health aplicado a las enfermedades emergentes.
Valencia, un escenario con historia propia en la lucha contra los vectores
La elección de Valencia no es casual. La ciudad mediterránea, como nodo urbano vinculado al turismo, la movilidad y el comercio internacional, ofrece un contexto especialmente adecuado para acoger este tipo de encuentro. Su proximidad a humedales, su clima cálido y su densa trama urbana la convierten, al mismo tiempo, en un territorio donde la vigilancia de insectos vectores —desde el mosquito tigre hasta la garrapata— tiene consecuencias directas sobre la salud pública. No en vano, la edición de este año pone especial énfasis en los enfoques interdisciplinares, subrayando el valor de la colaboración entre sectores para mejorar los sistemas de vigilancia, las estrategias de alerta temprana y las soluciones innovadoras de gestión de vectores.
El Ayuntamiento: tecnología para pasar de apagar fuegos a prevenirlos
El concejal de Sanidad y Consumo del Ayuntamiento de València, José Gosálbez, participó en el acto inaugural y puso el foco en algo que, dicho así, parece sencillo pero que encierra toda una revolución en la gestión municipal: anticiparse.
"La mejor forma de combatir una plaga es anticiparse a ella. La prevención, el conocimiento científico y la tecnología son fundamentales para detectar riesgos y proteger la salud de los vecinos." - José Gosálbez, concejal de Sanidad y Consumo del Ayuntamiento de València
Durante su intervención, Gosálbez describió un modelo de control vectorial que ya no depende únicamente de los técnicos sobre el terreno. Mapas digitales, sensores ambientales, análisis de datos y avisos ciudadanos forman hoy el sistema nervioso de la vigilancia municipal. La idea es clara: cuanta más información fluya, más precisa será la respuesta. "La tecnología nos permite pasar de reaccionar ante una plaga a anticiparnos a su aparición. Cuanta más información tengamos, mayor será nuestra capacidad para localizar los focos, coordinar los equipos y actuar con precisión donde más se necesita", subrayó el edil.
Un servicio que responde en menos de 48 horas
Más allá del congreso, la realidad cotidiana del control de plagas en Valencia funciona con una lógica de proximidad. El servicio municipal despliega actuaciones en distintos puntos del término municipal y dispone de canales específicos para que cualquier vecino pueda reportar una incidencia. El plazo máximo de respuesta es de 48 horas, un compromiso que convierte a la ciudadanía en parte activa del sistema de vigilancia.
Que un vecino que detecta un nido de avispas o un charco sospechoso pueda activar un protocolo de respuesta municipal en menos de dos días dice mucho de hasta dónde ha llegado la transformación de estos servicios. La colaboración ciudadana, junto con la evaluación continua de los métodos empleados, son hoy piezas tan importantes como cualquier tecnología de monitoreo. En ese equilibrio entre la alta ciencia que se debate esta semana en La Petxina y la llamada de un vecino preocupado por un foco en su calle, reside buena parte del futuro de la salud pública urbana en Europa.

