Hay una amenaza silenciosa que crece en los establos y las granjas, y que tiene el potencial de convertir infecciones comunes en problemas sin solución. Se llama resistencia antimicrobiana, y cada vez que un antibiótico se usa de más —o de forma incorrecta— las bacterias aprenden a sobrevivir a él. La Conselleria de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca de la Comunitat Valenciana ha puesto el foco en este problema con una jornada técnica dedicada a analizar sus riesgos en las explotaciones ganaderas y a reivindicar el uso responsable de estos fármacos.
Una jornada que reúne al sector veterinario para afrontar un reto global
Bajo el título 'Problemática de las resistencias antimicrobianas en las explotaciones ganaderas', el encuentro reunió a veterinarios inspectores de la propia Conselleria, profesionales de las Agrupaciones de Defensa Sanitaria Ganadera (ADS) y especialistas del sector veterinario. La inauguración corrió a cargo del director general de Industria y Cadena Agroalimentaria, Ernesto Fernández, quien no esquivó la crudeza del problema: cuando los antibióticos dejan de funcionar, las opciones se agotan.
"El uso excesivo o inadecuado de antibióticos favorece la aparición de bacterias resistentes, capaces de sobrevivir a tratamientos que antes eran eficaces, lo que puede prolongar las infecciones, aumentar el riesgo de complicaciones y reducir las opciones de tratamiento, tanto en animales como en personas" - Ernesto Fernández, director general de Industria y Cadena Agroalimentaria de la Conselleria de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca
La advertencia no es retórica. La resistencia a los antimicrobianos es reconocida por la propia Unión Europea como "un problema sanitario cada vez más grave", tanto en medicina humana como veterinaria. El nexo entre ambos mundos es precisamente lo que hace tan relevante el debate en el ámbito ganadero: el uso excesivo o incorrecto de antibióticos veterinarios puede derivar en la aparición de bacterias resistentes que se transmiten a humanos a través del contacto directo o el consumo de productos de origen animal, reduciendo la eficacia terapéutica y provocando mayores tasas de mortalidad y costes sanitarios más elevados.
España recorta a la mitad el uso de antibióticos en ganadería
En un contexto internacional donde las cifras siguen siendo motivo de preocupación, los datos españoles ofrecen un rayo de esperanza. Fernández destacó que el consumo de antibióticos en ganadería disminuyó un 53% entre 2020 y 2023, según los datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, una reducción que coloca a España en una posición de referencia dentro de Europa.
La tendencia, de hecho, viene de lejos. España ha logrado una disminución histórica en el uso de antibióticos veterinarios, alcanzando un descenso del 69,5% entre 2014 y 2022, según el 13.º Informe ESVAC de la Agencia Europea de Medicamentos, lo que sitúa al país como uno de los de evolución más favorable entre las 31 naciones europeas analizadas. España se ha situado como el primer Estado miembro en reducción del consumo de antibióticos en sanidad animal y el tercero en sanidad humana. Un viaje notable para un país que, en 2014 era el de mayor venta de antibióticos veterinarios de toda Europa.
Sin embargo, conviene no dormirse en los laureles. Pese a la drástica reducción, España sigue siendo líder en la Unión Europea en el uso de antibióticos en el ganado: por cada tonelada de animal se emplean 127 miligramos de antibióticos, una cifra aún muy superior a la de países como Francia, que utiliza 29 miligramos. El camino recorrido es largo, pero el que queda por delante también.
Prevenir antes que tratar: bioseguridad, vacunación y bienestar animal
Más allá de los números, la jornada puso el acento en cambiar la lógica del sector: pasar de curar a prevenir. Fernández incidió en la importancia de reducir la necesidad misma de recurrir a los antibióticos, apostando por la bioseguridad en las instalaciones, los planes de vacunación, el bienestar animal y las buenas prácticas de manejo. Reducir la dependencia de antibióticos veterinarios requiere una transformación estructural del manejo ganadero, con una apuesta por medidas preventivas y un entorno de producción que minimice el riesgo de infecciones.
Los ganaderos son conscientes, en cierta medida, del problema de la resistencia a los antimicrobianos, aunque no comprenden del todo las consecuencias que esto puede tener para ellos mismos y sus seres queridos. Las iniciativas dirigidas únicamente a mejorar el conocimiento de los prescriptores no siempre logran un impacto duradero, por lo que la participación activa de los ganaderos en la lucha contra la resistencia antimicrobiana es esencial para reducir su prevalencia. Por eso, encuentros como el organizado por la Conselleria cobran especial valor: no se dirigen solo a quien receta, sino a todo el ecosistema profesional que rodea a la sanidad ganadera.
Preservar la eficacia de los antibióticos es una responsabilidad compartida, subrayó Fernández, quien cerró su intervención recordando que estos medicamentos no son un recurso inagotable. Que sigan funcionando mañana depende, en buena medida, de cómo se usen hoy. Una premisa que, planteada así, resulta tan válida en una granja de la Comunitat Valenciana como en cualquier hospital del mundo.


