El Ayuntamiento de València toma la calle este septiembre con un mensaje que no deja lugar a la interpretación: pagar por sexo no es un derecho ni una costumbre inofensiva. Es explotación. Con esa convicción como punto de partida, el consistorio valenciano desplegará del 14 al 28 de septiembre una campaña de concienciación contra la explotación sexual que ocupará el mobiliario urbano, los medios de comunicación, las redes sociales, la web municipal y, al menos, un autobús vinilado que recorrerá la ciudad.
La iniciativa se enmarca en la conmemoración del Día Internacional contra la Explotación Sexual y el Tráfico de Mujeres, Niñas y Niños, que se celebra cada 23 de septiembre. Una fecha con raíces históricas: el 23 de septiembre de 1913 se promulgó en Argentina la Ley 9.143, conocida como la "Ley Palacios", considerada la primera norma legal en el mundo destinada a luchar contra la esclavización de mujeres, niños y niñas para el ejercicio forzado de la prostitución. Más de un siglo después, el problema persiste a escala global. Según cifras de la ONU, la trata de personas es el negocio transnacional ilícito que genera mayores ganancias después del tráfico de drogas y de armas, con beneficios estimados entre 32.000 y 36.000 millones de dólares anuales.
Tres frases para nombrar al que paga
La campaña valenciana apuesta por un enfoque que muchas veces se omite en el debate público: señalar al demandante. No a la víctima, sino a quien sostiene económicamente el sistema. Los carteles que aparecerán en las calles de la ciudad llevarán tres mensajes directos, escritos en segunda persona, sin eufemismos:
- "Acabar una despedida pagando por sexo... No te hace un hombre. Te hace un putero."
- "Ejercer poder a través del dinero... No te hace un hombre. Te hace un putero."
- "Tener que pagar por la compañía de mujeres... No te hace un hombre. Te hace un putero."
La elección del término "putero" no es accidental. Es una palabra que carga con la intención de romper la normalización social de la compra de sexo, especialmente en contextos como las despedidas de soltero, que el propio mensaje cita de forma explícita. Los poderes públicos tienen la obligación de perseguir el crimen y prevenir el delito, pero también de actuar sobre la demanda, pues es indudable que sin demanda no habría este mercadeo de seres humanos.
"Esta iniciativa se refuerza con la atención a las víctimas que se presta junto al tejido asociativo de la ciudad" - Rocío Gil, concejala de Igualdad del Ayuntamiento de València
Cien mil euros anuales para atender a las víctimas
La campaña publicitaria es solo la cara más visible de una estrategia más amplia. La concejala de Igualdad, Rocío Gil, ha subrayado que la Concejalía destina cada año 100.000 euros para facilitar atención integral, acompañamiento y apoyo a la recuperación de víctimas, una tarea que se lleva a cabo en colaboración con el tejido asociativo de la ciudad. Una red que, según Gil, resulta imprescindible para "llegar allí donde pueda haber una mayor presencia de esta terrible realidad".
No se trata, por tanto, de una campaña de carteles y vuelta a casa. El modelo que defiende el consistorio combina la presión simbólica sobre la demanda con recursos concretos para quienes ya están atrapadas en ese sistema. Dos frentes que, en la práctica, raramente avanzan al mismo ritmo.
Una cita abierta con la socióloga Rosa Cobo
Para dar profundidad al debate, la Concejalía de Igualdad ha organizado una conferencia de acceso libre y gratuito —hasta completar aforo— que tendrá lugar el jueves 17 de septiembre, a las 17:30 horas, en el Salón de Actos de la Facultad de Ciencias Sociales de València. La ponente será Rosa Cobo, una de las voces más reconocidas del feminismo abolicionista en el ámbito académico español, quien abordará la explotación sexual desde esa perspectiva. Tras su intervención, está previsto un turno de preguntas especializadas antes de abrir el debate al público general.
La elección de un espacio universitario para esta actividad no parece casual. El objetivo del Día Internacional es concientizar a los gobiernos y a la sociedad en general sobre las consecuencias de este crimen , y hacerlo desde un entorno académico es también una forma de anclar el debate en datos, marcos teóricos y argumentos que trasciendan la polémica coyuntural. Porque la pregunta de fondo —qué papel juega la sociedad en la existencia de la explotación sexual— merece algo más que una campaña de carteles, por necesaria que esta sea.

