El turista ideal no existe, pero València ha decidido describirlo. El Ayuntamiento de la ciudad ha presentado este lunes el Decálogo del Turista Responsable, un documento de diez puntos que establece las pautas de comportamiento cívico que se espera de quienes visitan la capital valenciana. No es una ley ni un reglamento sancionador: es una invitación. Pero una invitación que llega en un momento en que la tensión entre residentes y visitantes ha dejado de ser anecdótica.
La iniciativa la ha presentado la concejala de Turismo, Innovación y Captación de Inversiones, Paula Llobet, ante el Consejo Municipal de Turismo, y se canaliza a través de la Fundación Visit València. El contexto no es baladí: la ciudad registró en 2025 cerca de seis millones de pernoctaciones, convirtiéndose en el segundo mejor dato de su historia, y recibió más de 2,4 millones de turistas. Un crecimiento que, como en tantas otras ciudades europeas, tiene su cara B. Barrios como el Cabanyal-Canyamelar, Russafa o El Mercat concentran una parte importante de la oferta turística, generando una mayor presión sobre el mercado residencial y la convivencia vecinal.
Un mensaje claro: el visitante también es parte de la ciudad
La concejala Llobet ha sido directa al explicar el espíritu del documento. El turista no es un mero espectador que consume una ciudad desde la distancia; durante su estancia, también forma parte de ella y, por tanto, comparte la responsabilidad de cuidarla. Una idea sencilla, pero que con frecuencia se pierde entre la lógica del consumo turístico más acelerado.
"El Decálogo parte de una idea sencilla y contundente: quien visita València no es un mero espectador, sino que durante su estancia también forma parte de la ciudad. Por ello, invitamos a los turistas a integrarse en nuestra forma de vida local y a disfrutar del destino siempre desde el respeto absoluto a las personas, los espacios públicos y nuestro entorno natural." - Paula Llobet, concejala de Turismo, Innovación y Captación de Inversiones del Ayuntamiento de València
La declaración no es retórica. Las últimas grandes celebraciones de la ciudad han sido calificadas por voces críticas como episodios de "colapso" por los problemas de movilidad, masificación y convivencia que han sufrido vecinos y visitantes. Asociaciones vecinales han denunciado que la ciudad se mueve "entre la masificación descontrolada y el turismo desbocado". El decálogo, en ese sentido, no nace en el vacío: responde a una demanda real.
Consensuado con el sector y los vecinos
Lo más relevante de este documento quizás no sea su contenido, sino cómo se ha elaborado. El Ayuntamiento ha reunido en un taller de trabajo a los principales agentes del sector turístico y a representantes vecinales para construir un texto de consenso. Han participado entidades como Hosbec, Aptur, Fotur, Hostelería Valencia, la Asociación de Guías Oficiales de la Comunitat Valenciana, Cámara Valencia, Valencia Premium y la Federación de Asociaciones Vecinales. Pocas veces el sector hotelero y los colectivos de residentes se sientan en la misma mesa; que lo hayan hecho aquí es, en sí mismo, una señal.
Llobet ha subrayado que el objetivo es consolidar "un modelo de gestión basado en la corresponsabilidad real entre residentes, sector y visitantes", lo que implica que la responsabilidad no recae únicamente en el turista, sino también en las empresas que lo reciben y en la propia administración que gestiona el destino.
Diez puntos para no ser un turista incómodo
El decálogo aborda cinco grandes áreas de comportamiento. En materia de legalidad, se pide a los visitantes que contraten exclusivamente alojamientos y servicios turísticos registrados y legales, una medida que apunta directamente al mercado irregular de viviendas turísticas. A finales de 2025, València contaba con 5.852 viviendas turísticas registradas y más de 25.000 plazas disponibles , aunque la economía sumergida en este sector sigue siendo un problema sin resolver.
- Legalidad y regulación: contratar únicamente servicios turísticos y alojamientos legales.
- Respeto y descanso vecinal: mantener una convivencia armónica, evitando ruidos y comportamientos incívicos.
- Impulso a la economía local: apoyar el comercio de proximidad, la artesanía y la hostelería local.
- Cuidado ambiental y patrimonial: proteger el patrimonio histórico, hacer un uso responsable del agua y la energía, y priorizar el transporte sostenible.
- Compromiso y reputación: compartir una imagen respetuosa del destino en redes sociales, contribuyendo a que València siga siendo una ciudad acogedora, inclusiva y tolerante.
El sector, embajador del mensaje
Para que el decálogo no quede en papel mojado, el Ayuntamiento tiene previsto traducirlo a varios idiomas y distribuirlo en todos los canales de la Fundación Visit València, en la red de oficinas de información turística y, de forma directa, entre los establecimientos y empresas asociadas. La idea es que el propio sector actúe como correa de transmisión: que sea el hotel, el restaurante o la agencia de viajes quien traslade el mensaje al turista desde el primer momento de su estancia.
Es una apuesta por la pedagogía antes que por la sanción. Ciudades como Ámsterdam o Barcelona han optado en los últimos años por medidas más restrictivas —tasas turísticas, limitación de licencias, campañas de imagen disuasoria—. València, por ahora, elige el tono de la invitación antes que el del aviso. Si ese enfoque será suficiente para frenar las fricciones que año tras año se repiten en sus calles y plazas, es una pregunta que solo el tiempo, y los propios turistas, podrán responder.


