Hay calles que el asfalto parece haber olvidado. Baches, firmes desmoronados, bordillos rotos: el deterioro del pavimento en las pedanías de Valencia no es ningún secreto para quienes viven en ellas. Ahora, el Ayuntamiento da un paso concreto para remediarlo: la Junta de Gobierno Local ha aprobado este 2 de octubre el proyecto técnico de asfaltado de 11 calles y caminos repartidos entre Benimàmet, Massarrojos, Borbotó y Cases de Bàrcena, con una inversión inicial de 533.117 euros y un plazo previsto de ejecución de cuatro meses.
Cuatro pedanías, un mismo problema
Las zonas beneficiadas pertenecen a dos distritos diferenciados de la ciudad. Cases de Bàrcena, Borbotó y Massarrojos forman parte de los Pobles del Nord , un conjunto de núcleos históricos que fueron anexionados al municipio de Valencia entre 1888 y 1900 y que hoy, más de un siglo después, siguen reclamando atención en materia de infraestructuras básicas. Benimàmet, por su parte, pertenece al distrito de Poblats de l'Oest, al oeste de la capital.
La realidad cotidiana en estas pedanías contrasta a menudo con la imagen moderna del centro urbano valenciano. No se trata de grandes avenidas ni de zonas turísticas: son barrios tranquilos, de vida vecinal intensa, donde una calle en mal estado no es solo una molestia estética, sino un problema real para peatones, ciclistas y conductores. El objetivo de las obras es reparar pavimentos deteriorados y mejorar diferentes espacios públicos urbanos.
Qué contemplan exactamente las obras
Las actuaciones se enmarcan dentro del plan municipal de adecuación, rehabilitación y mejora de espacios públicos urbanos, e incluyen el saneamiento de las zonas deterioradas, el fresado y la renovación del firme, la señalización, la sustitución de bordillos y rigolas en mal estado, la definición de los pavimentos y de la red de drenaje, así como la reposición del mobiliario urbano afectado. En definitiva, una intervención integral que va bastante más allá de echar una capa de alquitrán y listo.
El grueso de la actuación se concentra en Benimàmet, donde se intervendrá en cinco vías. Las obras afectarán a las calles Bernardo Prieto (desde Mossén Miguel Tarín hasta el final), Coronació, Doctor Buen, Maestre Chapí (entre Doctor Buen y Mestre Plasència) y Felipe Valls (entre Pintor Velázquez y Miniaturista Messeguer).
En las pedanías del norte, el reparto es más contenido pero igualmente necesario. Los trabajos en Cases de Bàrcena se centrarán en el Camí Assagador del Puig, mientras que en Borbotó la intervención se limitará a la calle Doctor Constantí Gómez. Por su parte, las calles afectadas de Massarrojos serán Pedrera, Pare Teixidor, Aspiroz (entre la calle de la Pedrera y Senent Ibáñez) y Camí la Cossa (entre Pare Ciprià y calle Moncada).
El proceso: primero el papel, luego las máquinas
La aprobación técnica de este jueves es un paso obligatorio dentro del procedimiento administrativo municipal, pero no el último. Antes de que aparezca la primera excavadora, el Ayuntamiento deberá abrir un proceso de licitación pública para que las empresas constructoras presenten sus ofertas. Solo tras adjudicar el contrato comenzarán efectivamente las obras.
Este tipo de trámites, a menudo invisibles para el ciudadano, son los que determinan en la práctica cuándo arranca realmente una intervención. La aprobación técnica valida los planos, los materiales previstos y el presupuesto de referencia; la licitación, en cambio, es donde se fija el precio real y se elige al ejecutor. El reloj de los cuatro meses de obras empieza a correr, en realidad, desde el momento en que se firme el contrato con la empresa adjudicataria.
Con una inversión de algo más de medio millón de euros repartida entre cuatro núcleos de población, este proyecto ilustra una tendencia que el Ayuntamiento de Valencia ha ido consolidando en los últimos años: atender las pedanías no como apéndices marginales de la ciudad, sino como barrios con necesidades propias y legítimas. Para los vecinos de Massarrojos, Borbotó, Cases de Bàrcena y Benimàmet, el anuncio es bienvenido; ahora toca esperar que el proceso administrativo no se alargue más de lo necesario y que, en unos meses, el ruido de las fresadoras dé paso a un asfalto nuevo bajo los pies.


