Pintura que se descascara, instalaciones eléctricas que envejecen, pasillos que acumulan el desgaste de décadas. Mantener un colegio en buen estado no es glamoroso, pero sí imprescindible. Y la Junta de Gobierno Local de Valencia lo sabe: este viernes ha aprobado destinar 2.389.450 euros al mantenimiento de los tres colegios de titularidad municipal de la ciudad, una partida financiada íntegramente con la subvención concedida por la Conselleria de Educación al Ayuntamiento.
Tres colegios, un mismo objetivo
Los centros beneficiados son el CM Santiago Grisolía, el CM Fernando de los Ríos y el CM Benimaclet. Tres equipamientos públicos que, juntos, concentran centenares de puestos escolares repartidos entre etapas de Educación Infantil y Primaria, y que cuentan además con unidades especiales de apoyo a la integración. La inversión no llega de improviso: responde al protocolo de colaboración firmado en diciembre de 2024 entre la Generalitat Valenciana y el Ayuntamiento "para el mantenimiento con fondos públicos de los centros docentes de titularidad municipal", un acuerdo que actualiza una relación institucional que, según ha recordado el portavoz municipal Juan Carlos Caballero, arranca nada menos que de 1986, cuando la Generalitat comenzó a colaborar con la financiación de estos colegios ya sea mediante convenios entre administraciones o mediante la concesión de subvenciones.
Cuatro décadas de cooperación que demuestran que el mantenimiento escolar no es una ocurrencia puntual, sino una política sostenida en el tiempo.
Más que pintura: seguridad, salud y rendimiento
¿Por qué importa tanto que un colegio esté bien mantenido? La respuesta va más allá de la estética. El concejal portavoz, Juan Carlos Caballero, ha subrayado que estas actuaciones inciden de forma directa en la salud de alumnos y docentes, y en la propia calidad del proceso educativo.
"El mantenimiento de los colegios influye de manera directa en la función educativa y en la salud de la población escolar y docente" - Juan Carlos Caballero, concejal portavoz del Ayuntamiento de Valencia
Los trabajos previstos van desde labores preventivas orientadas a garantizar la seguridad y evitar accidentes hasta intervenciones destinadas a crear entornos más saludables, que la evidencia pedagógica vincula con una mejor motivación y rendimiento académico. A eso se suma un argumento de largo plazo difícil de ignorar: mantener bien un edificio alarga su vida útil y protege la inversión pública que supuso construirlo.
Un esfuerzo que se acumula
Esta aprobación no es un hecho aislado en la política de infraestructuras escolares valenciana. El gobierno municipal ha incrementado en los últimos años el importe destinado al mantenimiento de los colegios en más de un 75%, pasando de los 2.811.339 euros del anterior contrato a los 4.923.141 euros al año previstos en la nueva contrata. Un contexto que ayuda a calibrar el alcance real de los 2,4 millones ahora aprobados: no es un parche, sino un eslabón más de una cadena de inversiones que busca revertir años de infrafinanciación en el sector.
Al fin y al cabo, un aula con goteras, una escalera sin barandilla o un sistema de alarma deficiente no son solo problemas de gestión patrimonial. Son condiciones que afectan cada mañana a miles de niños y a los profesionales que los acompañan. Que las administraciones destinen fondos conjuntos para evitarlo no es solo una buena noticia para tres colegios de Valencia: es un recordatorio de para qué sirve la cooperación institucional cuando funciona.

