Valencia derriba el 'Chernóbil' de Campanar: fin a casi cuatro décadas de abandono en plena avenida de Pío XII

El Ayuntamiento inicia la demolición del edificio degradado de Pare Doménech, el 'Chernóbil' de Campanar, para construir 133 viviendas y zonas verdes.

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El chernobil de Campanar
El chernobil de Campanar

Las excavadoras han empezado a borrar una de las imágenes más vergonzosas del paisaje urbano de València. El edificio degradado situado entre las calles de Pare Doménech y Pare Diego Mirón, en el barrio de Campanar, conocido popularmente como 'Chernóbil', ha comenzado a ser demolido este martes después de casi cuatro décadas de abandono. Para los miles de conductores que cada día entran a la ciudad por la avenida de Pío XII, ese esqueleto de hormigón ha sido durante generaciones la primera imagen de València. A partir de hoy, esa postal empieza a cambiar.

La alcaldesa María José Catalá ha presidido el inicio de los trabajos junto al concejal de Urbanismo, Vivienda y Licencias, Juan Giner, representantes de la empresa urbanizadora Inmobiliaria Guadalmedina S.A. (IGSA) y la directora del colegio Vilavella, Regina Fernández, uno de los centros educativos más cercanos al inmueble. La presencia de la dirección del colegio no era anecdótica: la proximidad del edificio a las aulas ha sido uno de los principales condicionantes de toda la operación.

"Ha empezado, por fin, la transformación de una zona abandonada durante cerca de cuatro décadas en pleno barrio de Campanar" - María José Catalá, alcaldesa de València

Treinta años atrapado en el Plan General del 88

La situación se arrastraba desde finales de los años ochenta, cuando el planeamiento urbanístico dejó estos edificios fuera de ordenación y condenados a una futura desaparición que nunca terminaba de llegar. El solar ha permanecido durante 30 años sin desarrollarse desde que se planteó en el Plan General de 1988. Tres décadas en las que la parcela fue acumulando suciedad, ocupaciones irregulares y una reputación que acabó cristalizando en ese apodo tan elocuente como sombrío.

El apodo no era gratuito. Durante años fue una de las imágenes más llamativas para quienes entraban a València por la avenida Pío XII: edificios abandonados, solares degradados, ocupaciones y una sensación constante de abandono que llevó a muchos vecinos a bautizar la zona con un nombre tan duro como conocido. Catalá ha reconocido abiertamente que llegar hasta aquí "ha sido una carrera de obstáculos" y ha puesto cifras a la magnitud del problema: en los últimos días se han retirado doscientas toneladas de basura del interior del inmueble, resultado de años de ocupación irregular. "Era insalubre, absolutamente insalubre, y generaba muchos problemas en el entorno", ha admitido la alcaldesa.

Amianto, una colonia de gatos y un colegio al lado

La demolición no ha sido tan sencilla como llegar con una excavadora y empezar a picar. La complejidad técnica del edificio, la presencia de amianto en su estructura, la cercanía del centro educativo Vilavella y la detección de una colonia felina en las inspecciones previas obligaron a una planificación minuciosa. Antes de iniciar el derribo, una empresa especializada retiró todos los elementos contaminantes fuera del horario escolar. Una medición independiente certificó después la ausencia de fibras de amianto en el ambiente, requisito imprescindible para dar luz verde a las máquinas. La colonia de gatos, por su parte, fue realojada en un emplazamiento seguro.

Además de las medidas contra el amianto, la actuación incorpora apeos, pantallas protectoras, señalización, riegos para el control del polvo, vigilancia de ruidos y vibraciones, planes de tráfico alternativo y protección de las edificaciones colindantes y las redes de servicio. No es un derribo cualquiera: es una operación quirúrgica en medio de un barrio habitado.

133 viviendas y casi 9.000 metros cuadrados de suelo público

El convenio firmado para la urbanización de un total de 12.077 metros cuadrados entre la calle del Pare Doménech y las avenidas de Tirso de Molina y de Pío XII incluye una cláusula específica que adelanta varios meses la demolición, que se realizará simultáneamente al proceso de reparcelación. El coste del derribo ha sido asumido íntegramente por IGSA y se repercutirá en la primera cuota de dicha reparcelación.

Con esta actuación se da el paso definitivo para transformar una zona abandonada durante décadas: el programa contempla la construcción de 133 viviendas, de las que 20 serán de protección pública, y permitirá obtener 8.922 metros cuadrados de suelo dotacional público, incluyendo dos nuevas zonas verdes que suman casi 3.000 metros cuadrados. Todo ello en un punto de alta demanda residencial, junto al centro comercial Nuevo Centro.

El proyecto también incluye una vía de servicio en la avenida de Pío XII, un carril bici de 2,3 metros, pavimento fonoabsorbente, sistemas urbanos de drenaje sostenible, alumbrado LED y una reserva de 125 metros cuadrados para una posible ampliación futura del colegio existente. La demolición tiene un plazo máximo de ejecución de tres meses.

Una deuda urbanística con Campanar

La alcaldesa ha enmarcado esta intervención en una estrategia municipal más amplia para desbloquear suelos paralizados en barrios consolidados y aumentar la oferta de vivienda asequible. El Ayuntamiento lleva tres años trabajando para llegar a este punto, según ha reconocido la propia Catalá, quien ha subrayado que València "salda una deuda pendiente con Campanar" con el inicio del derribo.

Con un plazo de ejecución previsto para las obras de urbanización, Campanar se prepara para cerrar una de sus heridas urbanas más profundas: lo que durante 30 años fue un recordatorio del inmovilismo será en menos de un año una entrada moderna a la ciudad, más verde, más silenciosa y, sobre todo, habitada. Para un barrio que ha convivido durante décadas con ese fantasma de hormigón en su acceso principal, ver caer los primeros muros no es solo una cuestión urbanística. Es, también, una cuestión de dignidad.