El Ayuntamiento de València ha dado un paso que muy pocos consistorios españoles han dado todavía: aprobar un marco propio de principios para el uso de la inteligencia artificial en la gestión municipal. La Junta de Gobierno Local ha dado luz verde al primer decálogo del Ayuntamiento de València sobre IA, un documento de diez normas que establece cómo esta tecnología debe incorporarse a los servicios públicos sin perder de vista a las personas que, al final del día, son quienes los necesitan.
Un cambio de modelo, no una compra tecnológica
La distinción puede parecer sutil, pero no lo es. El decálogo aprobado plantea la inteligencia artificial no como una adquisición de software, sino como un cambio de modelo organizativo que exige liderazgo institucional y visión de futuro. La concejala de Innovación, Tecnología, Agenda Digital y Captación de Inversiones, Paula Llobet, lo resumió sin rodeos en la presentación del acuerdo:
"La inteligencia artificial no es una herramienta más; es un cambio de modelo que exige liderazgo, gobernanza y visión de futuro" - Paula Llobet, concejala de Innovación, Tecnología, Agenda Digital y Captación de Inversiones del Ayuntamiento de València
El primer principio del documento lo deja claro desde el arranque: se trata de una IA centrada en las personas, desarrollada y utilizada conforme al marco europeo, con pleno respeto a los derechos fundamentales, la dignidad humana y los valores democráticos. No es una declaración vacía. El Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial no es una recomendación ética, sino una norma con obligaciones concretas, con plazos y con sanciones. Entró en vigor el 1 de agosto de 2024 y será plenamente aplicable el 2 de agosto de 2026. En ese contexto, el decálogo de València no llega tarde; llega justo a tiempo.
Supervisión humana y transparencia, no negociables
Uno de los ejes que vertebra el documento es la responsabilidad del sector público como garante de que ninguna decisión quede en manos exclusivas de un algoritmo. El consistorio asume explícitamente la supervisión humana de las decisiones automatizadas, la transparencia de los sistemas utilizados y la evaluación continua de sus resultados. No es un detalle menor: la obligación de garantizar competencias suficientes en IA aplica a todos los empleados públicos que interactúan con sistemas de IA, desde el funcionario que usa un chatbot de atención ciudadana hasta el directivo que decide implementar un sistema de scoring automatizado.
Las organizaciones públicas deberán desarrollar marcos internos inspirados en principios como la transparencia, la trazabilidad, la evaluación sistemática de riesgos y la supervisión humana de los sistemas automatizados. El decálogo valenciano se adelanta precisamente a esa exigencia, construyendo el marco antes de que la presión regulatoria europea lo imponga desde fuera.
Nadie se queda atrás: formación gratuita para la ciudadanía
Si hay un compromiso que distingue a este documento de un simple protocolo interno, es el que apunta hacia fuera del ayuntamiento. El consistorio se compromete a formar gratuitamente a la ciudadanía, con atención específica a los colectivos con mayor riesgo de exclusión digital. La brecha digital existe, y no distingue entre quienes no tienen acceso a internet y quienes, teniéndolo, no saben cómo convivir con tecnologías que ya están tomando decisiones sobre sus vidas.
El decálogo también incluye la participación activa del personal municipal, asumiendo su formación y recualificación, además del diálogo permanente con la plantilla. La introducción de la IA genera desconfianza entre los empleados públicos, que temen la automatización de sus funciones, y una estrategia de acompañamiento del cambio es esencial para superar esta resistencia. El ayuntamiento lo reconoce y lo integra en su hoja de ruta.
Datos sin extractivismo y ambición europea
El decálogo incluye también un concepto que merece atención: el papel de la ciudad como agregadora de datos, pero de forma no extractiva. En un momento en que los datos de los ciudadanos se han convertido en el activo más valioso del siglo XXI, la diferencia entre una administración que los gestiona para su ciudadanía y otra que los explota para terceros no es filosófica, es política. El objetivo es minimizar las dependencias externas, reforzar la resiliencia operativa y asegurar que los datos importantes se gestionen bajo normativa europea.
El documento cierra con una aspiración ambiciosa: convertir a València en referencia europea en inteligencia artificial aplicada. Para ello, el consistorio apuesta por la colaboración con universidades, centros de investigación y entidades europeas de computación, así como por el apoyo activo al tejido económico de la ciudad. La Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial ya definía como objetivo estratégico establecer un marco ético y normativo que refuerce la protección de los derechos individuales y colectivos, garantizando la inclusión y el bienestar social. València traduce ahora ese mandato al nivel municipal.
Una estrategia que ya estaba en marcha
El decálogo no nace en el vacío. El Ayuntamiento ya cuenta con el Comité de Ética y Gobernanza de la Inteligencia Artificial (CEGIA) y con la Oficina Técnica de IA y Datos, desarrolla proyectos basados en modelos abiertos y verificados, y mantiene acuerdos de formación. El documento aprobado no inaugura una estrategia: la consolida y le da forma escrita, dándole la solidez institucional que una apuesta de este calado requiere.
La inteligencia artificial ha entrado en una nueva fase marcada por reglas, responsabilidades y exigencias tan claras como inevitables, y el debate ya no gira solo en torno a qué puede hacer la IA, sino a cómo debe hacerse y bajo qué condiciones. En ese escenario, Valencia elige ser protagonista antes que espectadora, apostando por una gobernanza que ponga la tecnología al servicio de las personas y no al contrario.


