En el corazón del Jardín del Turia, a la altura del Pont dels Serrans, acaba de nacer un espacio que no se parece a ningún otro parque de la ciudad. Sin césped uniforme ni flores de temporada dispuestas en fila, el nuevo Jardín de Polinizadores de València apuesta por lo contrario: la imperfección ordenada de la naturaleza, con arbustos autóctonos, ramblas secas, troncos dispersos y el zumbido inevitable de insectos que, sin saberlo, sostienen buena parte de lo que comemos.
Casi 8.000 plantas y un ecosistema diseñado para la vida
La intervención ha transformado una superficie total de 7.795,87 metros cuadrados, de los cuales 5.383,93 m² conforman el jardín propiamente dicho. La cifra que mejor lo define es otra: 7.979 plantas arbustivas autóctonas, a las que se suman cinco árboles y mezclas de semillas de flores seleccionadas para garantizar floración escalonada a lo largo del año. El objetivo es que siempre haya algo en flor, y con ello, siempre haya polinizadores.
No es un detalle menor. El 75% de los cultivos dependen de polinizadores y, si se consideran las especies silvestres, el porcentaje sube hasta el 85%. Dicho de otro modo: detrás de cada fruta en un mercado valenciano hay, casi siempre, un insecto que hizo su trabajo en silencio. Crear refugios urbanos para ellos no es un capricho estético, sino una decisión con implicaciones que van mucho más allá del parque.
Un hábitat diseñado hasta el último tronco
El jardín no se limita a las plantas. Se han instalado cajas nido para aves, refugios para murciélagos y una zona de rambla seca concebida como zanja drenante que evoca los cauces mediterráneos secos en verano. Varias elevaciones del terreno, delimitadas con troncos y discos de madera, y un murete de piedra completan el escenario: cada elemento cumple una función de refugio para insectos y pequeños organismos. Nada es decorativo por accidente.
El recorrido está jalonado por seis paneles interpretativos que explican el papel de las plantas, los insectos polinizadores, las aves y los vertebrados urbanos, con especial atención a los murciélagos, quizás los grandes incomprendidos de la fauna ciudadana. Dos accesos principales, señalizados con paneles informativos, invitan a entrar y explorar los distintos ambientes. Este jardín se posiciona como un referente en relación con la concepción, construcción y gestión sostenible de los espacios verdes de la ciudad.
El momento de la apertura no es casual
La inauguración se ha producido ahora, en pleno verano, porque el calendario lo exigía así. El jardín ha esperado a que la vegetación alcanzara su desarrollo óptimo y a que la presencia de insectos polinizadores fuera máxima. Abrir antes habría sido enseñar un escenario vacío. Se trata de un jardín que recupera el movimiento, que imita los procesos naturales, y donde su posterior gestión y mantenimiento irán adaptándose a la evolución del jardín.
Este enfoque —dejar que la naturaleza dicte los tiempos— marca la diferencia respecto a la jardinería urbana convencional. Los objetivos que persigue el proyecto son mejorar la adaptación al cambio climático, la lucha contra la pérdida de biodiversidad y la mejora de las condiciones ambientales de la ciudad de València, para hacerla un lugar más habitable para las personas.
Europa financia, la ciencia acompaña
El Jardín de Polinizadores forma parte del proyecto Renaturalización ciudad de València – Piloto de Biodiversidad, impulsado por el Servicio de Parques y Jardines del Ayuntamiento y financiado por la Unión Europea a través de los fondos Next Generation. Con un presupuesto total de 3,86 millones de euros, financiado en un 95% por la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, dentro del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia y con fondos NextGenerationEU, el programa constituye uno de los proyectos de renaturalización urbana en el ámbito mediterráneo.
La cobertura científica del proyecto recae en un consorcio que incluye la Universitat de València, la Fundación Global Nature y SEO/BirdLife. Durante la campaña de 2024, técnicos de SEO/BirdLife identificaron más de 10.000 detecciones de aves pertenecientes a 50 especies distintas, lo que demuestra el potencial ecológico de València. El Ayuntamiento ha adjudicado un proyecto piloto de biodiversidad urbana que actúa en más de 60 enclaves, lo que permitirá testar nuevas técnicas de naturalización, plantación de flora autóctona, instalación de refugios para fauna y creación de microhábitats urbanos.
El Jardín del Turia tiene ya historia suficiente como para saber que puede reinventarse. Lo que fuera el antiguo cauce del río, transformado en un espectacular parque urbano de 9 kilómetros, no solo embellece la ciudad, sino que también alberga una rica variedad de flora y fauna. El nuevo Jardín de Polinizadores es el siguiente capítulo de esa transformación: un espacio donde la ciudad, por una vez, decide hacerse un poco más pequeña para dejar sitio a la vida que la sostiene.


