El Ayuntamiento de València ha dado el primer paso para transformar uno de los espacios públicos más concurridos —y más peligrosos— de la ciudad. La corporación municipal ha abierto el procedimiento de adjudicación para contratar la redacción del proyecto y la dirección facultativa de las obras destinadas a mejorar la seguridad y la accesibilidad de la cubierta del aparcamiento del edificio Veles e Vents, en la Marina. El contrato, con un valor de 60.000 euros IVA incluido, tiene un plazo de ejecución de seis meses.
Un escenario con historial de caídas
La decisión no llega en el vacío. En el primer fin de semana de junio de 2025, un menor de 16 años falleció tras caer desde un muro de unos cuatro metros de altura en una zona de ocio de la Marina. Semanas después, una unidad de la Policía Local fue requerida a las tres de la mañana por un viandante: un joven de 24 años se había precipitado desde un muro de la zona. Los agentes lo encontraron en el suelo, consciente, y avisaron al SAMU debido a la gravedad de la caída. Según familiares y amigos, había resbalado al intentar sentarse en el muro. Dos tragedias en apenas dos meses que pusieron el foco sobre un espacio que muchos disfrutan sin imaginar el riesgo que esconde.
Y el problema no era nuevo. Responsables de la hostelería del entorno aseguran llevar "más de 10 años advirtiendo del riesgo" y que ya anteriormente se registraron seis o siete accidentes similares, llegando incluso a proponer financiar una solución técnica con paneles transparentes sobre el muro que nunca fue tomada en cuenta. Las advertencias se acumularon durante años en cajones municipales mientras el espacio seguía llenándose de gente cada fin de semana.
Qué hay exactamente en ese lugar
La cubierta del aparcamiento es un espacio de uso público ubicado sobre el parking de propiedad municipal anexo al edificio Veles e Vents. Se trata de una zona muy concurrida donde se encuentran locales de ocio como bares y pubs. Su perímetro está delimitado por muros de hormigón a distintas alturas —algunos de hasta cuatro metros— y, aunque existen carteles que advierten del peligro, la presencia masiva de personas en verano y fines de semana convierte esas señales en poco más que decorado. El edificio cumple con la normativa vigente de construcción, pero cumplir la norma mínima no ha sido suficiente para evitar las desgracias.
Qué obras se proyectan
El contrato que ahora se licita mediante procedimiento abierto simplificado tiene como objetivo encargar a una empresa o equipo técnico la redacción del proyecto completo de intervención. Una vez redactado, las obras deberán abordar un conjunto amplio de mejoras: sustitución de barandillas, restauración de pavimentos deteriorados, instalación de pasamanos, rediseño de los muros, protección de las rampas de acceso al aparcamiento, colocación de mobiliario urbano y refuerzo de la señalética de la zona. No se trata de un simple repinte ni de añadir un cartel más: la intervención apunta a rediseñar físicamente el perímetro para eliminar el riesgo de caídas a distinto nivel.
El plazo para ejecutar el encargo es de seis meses, lo que significa que el proyecto técnico podría estar listo antes de que termine el año. Las obras vendrían después, con su propia licitación y plazos. Es decir, el verano de 2026 transcurrirá, previsiblemente, sin las mejoras ya ejecutadas, aunque sí con el compromiso formal de que el cambio está en marcha. Para una zona que acumula décadas de advertencias ignoradas, que el Ayuntamiento ponga dinero sobre la mesa y abra un expediente es, al menos, un punto de inflexión real.


