Imagina que el coche sabe que estás agotado antes de que tú mismo lo admitas. Sin pulseras, sin electrodos, sin ningún sensor pegado a la piel. Solo una cámara analizando tu cara y tus señales fisiológicas mientras conduces. Eso es, en esencia, lo que el Instituto de Biomecánica de València (IBV) ha estado probando en las calles de la ciudad: un sistema capaz de registrar las constantes vitales del conductor en tiempo real para detectar estados de fatiga, estrés o alteración emocional.
Cámaras que leen el cuerpo sin tocarlo
La tecnología se llama VitalWise y funciona mediante cámaras de alta precisión que captan imágenes del conductor mientras está al volante. A partir de esas imágenes, el software extrae señales fisiológicas —ritmo cardiaco, frecuencia respiratoria y saturación de oxígeno— y analiza los gestos faciales del usuario. El sistema también puede sincronizarse con la telemetría del vehículo, cruzando datos biométricos con información sobre velocidad, frenadas o cambios de carril. Todo ello sin ningún contacto físico con la persona.
Lo que hace especialmente interesante a VitalWise es que su software no ha sido entrenado en un laboratorio con maniquíes o simulaciones: ha sido calibrado con sensores de contacto de alta precisión para garantizar que las mediciones a distancia sean igual de fiables que las obtenidas con equipos clínicos convencionales.
"A todas ellas les hemos registrado constantes como el ritmo cardiaco, el respiratorio y la saturación de oxígeno. Estos indicadores permiten determinar el estado de la persona conductora, su nivel de estrés, fatiga o estado emocional" - José Solaz, director de innovación en automoción y movilidad del IBV
Sesenta voluntarios, calles reales
La prueba piloto no se hizo en un circuito cerrado ni en un simulador. Sesenta personas de diferentes sexos y edades condujeron por las calles de València mientras el sistema registraba sus constantes vitales. Esta diversidad de perfiles no es un detalle menor: la variabilidad fisiológica entre personas de distintas edades y géneros es uno de los mayores retos a la hora de entrenar algoritmos de salud, y hacerlo en condiciones reales multiplica la robustez del modelo.
El proyecto forma parte del Sandbox Urbano de València, un instrumento que tiene por objetivo incentivar e impulsar la innovación, la investigación y el desarrollo tecnológico ofreciendo a las entidades interesadas la ciudad de València como escenario idóneo para la realización de sus pruebas en un entorno real y urbano. València es una de las primeras ciudades europeas que ofrece un Sandbox de escala urbana con más de 100 recursos municipales en el que se pueden testar las soluciones más innovadoras que faciliten la vida de la ciudadanía.
"Una vez más permite ser un campo de pruebas y testeo para ideas y soluciones innovadoras y eficientes. En nuestras calles se ha podido probar un sistema que ofrece seguridad y confort en los vehículos del futuro" - Paula Llobet, concejala de Innovación del Ayuntamiento de València
Un laboratorio urbano que cumple su primer año
VitalWise no es el único proyecto que ha pasado por este entorno de experimentación. El Sandbox Urbano de Valencia celebra su primer aniversario con un balance positivo: 143 recursos urbanos disponibles y 12 proyectos piloto en marcha, con otros cinco en fase de evaluación. En estos 12 meses, startups, universidades y empresas han experimentado con pruebas reales en movilidad, turismo, robótica, salud y sostenibilidad.
Entre las iniciativas destacadas figuran sistemas de limpieza autónoma de calles y playas, el proyecto Flash Park para el aparcamiento inteligente, la tecnología de participación ciudadana CitizenBack, la plataforma HortaTech para la gestión eficiente del riego de la huerta mediante fibra óptica y sensores, o la evaluación del impacto del turismo MICE mediante el proyecto europeo Zentropy MICE.
El modelo está atrayendo la atención más allá de la ciudad. Otras ciudades como Madrid, Zaragoza o Barcelona están siguiendo la estela marcada por València en materia de experimentación urbana regulada. El Ayuntamiento ya ha anunciado que reforzará la colaboración con la red de institutos tecnológicos en 2026 mediante un convenio de 50.000 euros, con el objetivo de acelerar la transferencia tecnológica y permitir que las soluciones lleguen antes al entorno real.
La pregunta que deja VitalWise sobre la mesa va más allá de la tecnología en sí: si un sistema así llegara a integrarse de serie en los vehículos, ¿podría el coche alertarnos —o incluso frenarnos— antes de que la fatiga se convierta en tragedia? La respuesta dependerá, en parte, de lo que estos meses de prueba en las calles de València hayan sido capaces de demostrar.
