Un anillo de 85 postes para domar el islote que la DANA arrancó del corazón de la Albufera

El Servicio de Devesa-Albufera refuerza el islote flotante de la Mata del Brossar con 85 postes tras su arrastre por la riada del 29-O.

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Un fragmento de marisma a la deriva. Eso es, en esencia, lo que dejó la DANA del 29 de octubre de 2024 en la Albufera de Valencia: un islote flotante arrancado de la Mata del Brossar por la fuerza de la corriente, capaz de desplazarse con cada temporal y amenazar los canales y las infraestructuras del lago. Casi diez meses después de aquella catástrofe, el Servicio de Devesa-Albufera ha puesto en marcha una intervención integral para anclar definitivamente ese fragmento a la realidad, literalmente, con 85 postes de madera clavados en su perímetro.

Un problema que el agua no deja olvidar

La riada del 29 de octubre descargó en pocas horas un volumen estimado de 120 hm³ en los marjales y la laguna de l'Albufera , un episodio sin precedentes recientes que sacudió el ecosistema hasta sus raíces. Las inundaciones dañaron numerosas infraestructuras del marjal e introdujeron grandes cantidades de agua y sedimentos en el humedal . Entre los daños menos visibles, pero igualmente persistentes, destaca la rotura y el desenraizamiento de varios fragmentos de la Mata del Brossar. El mayor de ellos —el llamado flotón— quedó a la deriva, arrastrado por la corriente, y desde entonces ha obligado a una sucesión de intervenciones de emergencia para evitar que colapse el sistema de riego del Tancat de l'Illa.

El problema lejos de resolverse solo, se agravó. En febrero de 2026, nuevos temporales provocaron un segundo desplazamiento del islote, que estuvo a punto de bloquear el flujo de agua hacia la toma del motor de riego. Era la señal de que los parches provisionales no bastaban.

85 postes, 4 metros de altura, 2 metros de separación

La respuesta técnica ha llegado este agosto, una vez concluido el periodo de nidificación que obligó a suspender los trabajos iniciados en marzo. La actuación contempla la instalación de 85 postes de 4 metros de altura y 16 centímetros de diámetro, distribuidos a lo largo de todo el perímetro del islote con una separación de 2 metros entre cada uno, conformando una suerte de empalizada que impida nuevos desplazamientos sin asfixiar el ecosistema que alberga.

Pero la intervención va mucho más allá de clavar estacas. El plan incluye también el dragado del rastro mediante retroexcavadora anfibia para favorecer el paso del agua, la translocación de vegetación palustre y trabajos de depósito de sedimentos para reforzar los puntos de contacto del islote con la orla perimetral. Todo ello con los informes favorables de los organismos competentes en la gestión del parque natural.

"Blindamos el flotón para frenar nuevos desplazamientos y proteger la Albufera. Actuamos sobre el problema, reforzamos los puntos más vulnerables y reducimos el riesgo de daños en canales e infraestructuras del lago." - José Gosálbez, concejal de Devesa-Albufera del Ayuntamiento de Valencia

El tiempo del lago manda

Hay algo revelador en la cronología de estos trabajos: comenzaron en marzo, se detuvieron con la llegada de la temporada de cría de las aves y se reanudaron en agosto, en cuanto los nidos quedaron vacíos. El Parque Natural de la Albufera es uno de los humedales costeros más biodiversos de Europa, hogar de más de 372 especies de aves , y cualquier actuación sobre él debe negociar con los ritmos propios de la naturaleza. No es burocracia: es la condición básica para intervenir sin destruir lo que se quiere salvar.

"Aquí no hay improvisación ni parches. Los trabajos se planifican con criterios técnicos, se respetan los tiempos que exige l'Albufera y, finalizado el periodo de nidificación, los hemos retomado inmediatamente." - José Gosálbez, concejal de Devesa-Albufera del Ayuntamiento de Valencia

Una herida abierta que exige soluciones definitivas

Los resultados de los estudios muestran que, aunque muchos parámetros del humedal han regresado progresivamente a las condiciones previas a las riadas, persisten efectos de algunos impactos que pueden suponer riesgos a largo plazo . El islote flotante de la Mata del Brossar es, en ese sentido, una metáfora perfecta del estado de la Albufera tras el 29-O: algo que estuvo en su lugar durante décadas, que la violencia del agua arrancó de cuajo y que ahora requiere paciencia, técnica y recursos para volver a encontrar su sitio. 85 postes, dragados, vegetación trasplantada y sedimentos reubicados: la suma de pequeñas intervenciones precisas en un ecosistema que no admite atajos, y cuya recuperación completa seguirá midiendo, durante años, la capacidad de respuesta de las instituciones responsables de custodiar uno de los pulmones naturales más frágiles del Mediterráneo.