El incendio que arrasó la Devesa de El Saler el pasado 27 de agosto dejó tras de sí algo más que cenizas y árboles chamuscados. Cuando las llamas cedieron, llegó el turno de otra batalla, más silenciosa pero igualmente necesaria: la de la limpieza. Los servicios municipales del Ayuntamiento de Valencia han retirado 1.500 kilos de residuos de la zona afectada, en una operación coordinada con Bomberos y Policía Local que se prolongó hasta que el incendio fue declarado extinguido el 9 de septiembre.
Casi dos semanas de emergencia. El fuego afectó de manera provisional a unas 48 hectáreas , una superficie considerable dentro de un espacio natural que forma parte del Parque Natural de la Albufera, uno de los pulmones verdes más valiosos del litoral mediterráneo. Más de 200 efectivos y una docena de medios aéreos trabajaron en la extinción , y fueron precisamente esos medios aéreos los que, de manera involuntaria, generaron uno de los efectos secundarios más llamativos de la emergencia.
La pinocha y el viento de los hidroaviones
No todo el rastro que deja un incendio es hollín. El vuelo rasante de los hidroaviones destinados a las labores de extinción levantó tal cantidad de viento que los caminos de la Devesa quedaron alfombrados de pinocha caída de los pinos. Un detalle menor, quizá, pero que obligó a incluir la limpieza de esas vías entre las tareas prioritarias. La naturaleza del incendio condicionó incluso la forma en que hubo que limpiar sus consecuencias.
Para acometer los trabajos, el Ayuntamiento movilizó varios tipos de recursos: dos equipos para el reparto y recogida de bolsas de residuos, medios de limpieza manual, una barredora, una cisterna y un equipo especializado en la retirada de enseres. Una logística que, en muchos tramos, tuvo que ejecutarse en horario nocturno, siguiendo las indicaciones de los agentes de Policía Local y de los bomberos que aún gestionaban el terreno.
El pueblo que no podía detenerse
Mientras los equipos especializados trabajaban en la zona afectada por el fuego, los servicios de limpieza ordinarios no interrumpieron su actividad. Las calles del pueblo de El Saler continuaron recibiéndola atención diaria habitual, aunque siempre bajo la supervisión horaria de Bomberos y Policía Local. No era un capricho burocrático: la vida cotidiana de los vecinos exigía que el municipio siguiera funcionando con normalidad, incluso en medio de una emergencia.
Los cortes de carretera, inevitables durante los días más críticos del incendio, obligaron además a reorganizar el acceso a varias pedanías del entorno. El pueblo de El Saler mantuvo su vía de entrada habitual, pero localidades como El Perellonet, El Palmar y diversas urbanizaciones de la zona tuvieron que ser atendidas a través del acceso sur de la carretera CV-500, una solución de emergencia que permitió mantener el suministro de servicios sin interrupciones graves.
La lenta recuperación de un espacio protegido
El fuego comenzó alrededor de las 13:00 horas del 27 de agosto y, durante las primeras horas, los equipos de extinción consiguieron trabajar sobre su avance; sin embargo, un cambio repentino en la dirección del viento complicó la situación y llevó a activar la situación 2 del Plan Especial de Incendios Forestales. Lo que pudo ser un conato se convirtió en una emergencia de dos semanas. Ahora, con el fuego extinguido y la tonelada y media de residuos fuera de la Devesa, empieza la parte más larga del proceso: la regeneración natural de un ecosistema mediterráneo que, aunque frágil, tiene en la resiliencia una de sus señas de identidad más antiguas.


