Mientras España celebra el éxito de su selección y empieza a mirar hacia el próximo gran reto futbolístico, Valencia tiene una cita marcada en rojo en el calendario. No será un partido, sino una inspección la que puede decidir si la ciudad forma parte del Mundial de 2030. La FIFA visitará el Nou Mestalla durante el próximo otoño para comprobar sobre el terreno el estado del estadio y valorar si reúne las condiciones necesarias para albergar encuentros del mayor torneo de fútbol del planeta.
La cita llega en un momento muy distinto al de hace apenas unos años. Entonces, Valencia había quedado fuera de la candidatura española tras la paralización de las obras del Nou Mestalla y las dificultades existentes para presentar el proyecto dentro de los plazos fijados. Ahora, el escenario ha dado un giro. Los trabajos avanzan a buen ritmo, las administraciones respaldan la candidatura y desde la Real Federación Española de Fútbol se mantiene la voluntad de incorporar a la capital valenciana al listado definitivo de sedes.
Aunque la presencia de Valencia en el Mundial todavía no está garantizada, el ambiente es mucho más favorable. La ciudad parte con un elemento que juega claramente a su favor: el calendario previsto para finalizar el estadio. Si no se producen contratiempos, el Nou Mestalla estará terminado en 2027, con margen suficiente para que pueda superar todas las pruebas y adaptaciones exigidas antes del inicio del campeonato.

Ese avance será precisamente uno de los aspectos que analizarán los técnicos de la FIFA cuando visiten Valencia. La inspección no se limitará al edificio. También evaluarán la capacidad de la ciudad para organizar un evento de esta magnitud, revisando cuestiones como la movilidad, los accesos, la seguridad, la conectividad tecnológica o la atención a los aficionados.
En ese apartado, Valencia llega con argumentos sólidos. Su red de transporte público, las conexiones ferroviarias de alta velocidad, el aeropuerto internacional y la capacidad hotelera buscará situar a la ciudad entre las mejor preparadas del país para recibir a miles de visitantes durante varias semanas.
Más allá del prestigio deportivo, acoger partidos del Mundial supondría un importante impacto económico. La experiencia del torneo disputado este año en Norteamérica demuestra la capacidad que tiene una Copa del Mundo para atraer visitantes y generar actividad en sectores como la hostelería, el comercio, el transporte o la restauración. Valencia aspira a beneficiarse de ese efecto y consolidarse como uno de los grandes escaparates internacionales del deporte.
El propio Nou Mestalla también está diseñado para responder a ese desafío. Con una capacidad superior a los 70.000 espectadores y unas instalaciones concebidas para grandes acontecimientos internacionales, el futuro estadio pretende situarse entre las referencias del fútbol europeo y convertirse en uno de los principales activos de la candidatura valenciana.
Aun así, la última palabra seguirá estando en manos de la FIFA. La inspección prevista para los próximos meses marcará un punto de inflexión. Si el organismo internacional da el visto bueno al proyecto y considera que las obras evolucionan según lo previsto, Valencia dará un paso decisivo para regresar al mapa del fútbol mundial. El Mundial de 2030 todavía queda lejos, pero los próximos meses pueden determinar si el Nou Mestalla pasa de ser una obra en construcción a convertirse en uno de los escenarios donde se escribirá la próxima gran historia del fútbol.


