¿Qué pasaría si las abejas pudieran dibujar un mapa de la ciudad? En cierta forma, eso es exactamente lo que han hecho. El Paleontològic de València acoge hasta el próximo 2 de agosto la exposición "Isaac Senchermes. Archivo vivo del paisaje urbano. Polen, pintura expandida y ecologías de la ciudad", una propuesta artística que parte de un punto de partida tan insólito como preciso: durante un año, las abejas de las colmenas municipales de la ciudad han actuado como agentes de observación del territorio, recogiendo muestras de polen en cada vuelo y construyendo, sin saberlo, un archivo biológico de la diversidad vegetal urbana.
Un año de investigación que empieza en una colmena
El proyecto no nació en un estudio. Nació entre panales. Isaac Senchermes, licenciado en Bellas Artes y con dos másteres en Artes Visuales y Multimedia y en Fotografía por la Universitat Politècnica de València, pasó el último año recolectando periódicamente las muestras de polen transportadas por los enjambres municipales de la ciudad. Su mirada no es solo la de un artista: aprendió apicultura de su abuelo y hoy mantiene una explotación propia en la Serra Calderona. Esa doble condición —artista y apicultor— es exactamente lo que hace singular su trabajo.
El mecanismo conceptual es tan sencillo como poderoso. Las abejas salen de las colmenas, recorren parques, jardines, solares y azoteas, y regresan cargadas de polen. Ese polen, clasificado por Senchermes según sus cualidades cromáticas, se convierte en pigmento orgánico. Y ese pigmento, en pintura. El resultado es una serie de pinturas-secuencia que funcionan como registros temporales del paisaje urbano: cada variación de color, intensidad o densidad es, a la vez, un dato ecológico, un residuo biológico y una imagen del territorio.
"València es el único ayuntamiento de España que dispone de un colmenar municipal, una iniciativa pionera de apicultura urbana que demuestra que las personas y las abejas pueden compartir el espacio urbano porque son esenciales para el equilibrio del ecosistema" - José Luis Moreno, concejal de Acción Cultural y Patrimonio del Ayuntamiento de València
Un proyecto que nació de una intervención de bomberos
La historia del colmenar municipal de València tiene un origen casi novelesco. En 2015, los bomberos de la ciudad acudieron a retirar una colonia de abejas que se había instalado en el interior de un chopo. En lugar de eliminarla, el Observatorio Municipal del Árbol (OMAV) trasladó el enjambre a dependencias municipales. Ese rescate improvisado se convirtió en el punto de partida de lo que hoy es una red de 24 colmenas distribuidas en siete ubicaciones distintas de la ciudad.
Desde entonces, el OMAV y la Unidad de Himenópteros del Servicio de Bomberos, Prevención e Intervención del Ayuntamiento gestionan conjuntamente los avisos relacionados con enjambres localizados en la ciudad. El volumen de trabajo da una idea de la escala del fenómeno: se han llegado a atender más de 400 intervenciones al año. La drástica reducción de la población de abejas que se ha producido en las dos últimas décadas, tanto en Europa como en Estados Unidos, ha propiciado la aparición de proyectos de apicultura urbana en diferentes ciudades alrededor del mundo. València, con su colmenar municipal, lleva una década apostando por ese camino.
El concejal José Luis Moreno lo resumió con claridad: el Ayuntamiento gestiona desde hace diez años esas 24 colmenas y, con esta exposición, da un paso más: convertir el colmenar en pintura, en cultura y en registro de diversidad.
El sábado, el artista abre la colmena al público
La exposición no solo se mira; también se explica. Este sábado 23 de mayo, Isaac Senchermes ofrecerá una mediación concebida como encuentro abierto con el público. No será una conferencia al uso: los asistentes podrán comprender de primera mano las conexiones entre naturaleza, ciencia y creación contemporánea, acercarse al funcionamiento de una colmena como organización social y entender la importancia del polen como recurso para la supervivencia y el papel de las abejas como agentes medioambientales. Una oportunidad poco habitual para ver cómo una idea que empieza con un insecto termina convirtiéndose en arte colgado en una pared.
La muestra puede visitarse en el Paleontològic de martes a sábado y festivos, de 10 a 19 horas, hasta el 2 de agosto. En el fondo, la pregunta que deja en el aire es inevitablemente bella: si las abejas llevan años sobrevolando València y registrando su flora sin que nadie lo supiera, ¿cuántas otras historias invisibles está contando la ciudad sin que nadie haya pensado todavía en escucharlas?
