La rápida intervención de los bomberos evitó que el incendio intencionado de la Devesa arrasara hasta 180 hectáreas del parque natural de El Saler

La Junta Local de Protección Civil acuerda revisar los cortafuegos y encargar un informe de reforestación tras el incendio de El Saler.

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Bomberos en el incendio de la Devesa
Bomberos en el incendio de la Devesa
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Un incendio intencionado en la Devesa de El Saler pudo haber sido hasta cinco veces más devastador. Esa es la conclusión más llamativa que dejó la reunión extraordinaria de la Junta Local de Protección Civil de València, convocada para analizar el dispositivo de extinción y trazar el camino de la recuperación. Según la simulación de propagación elaborada por los servicios técnicos, con las condiciones de viento y vegetación existentes, el fuego podría haber alcanzado unas 180 hectáreas en apenas 90 minutos. La intervención coordinada de bomberos y medios aéreos logró reducir en torno a un 80% esa superficie potencialmente afectada.

Una respuesta que marcó la diferencia

La diferencia entre lo que ocurrió y lo que podría haber ocurrido es difícil de visualizar sobre un mapa, pero los números la hacen brutalmente clara. Frente a las 180 hectáreas que pronosticaba el peor escenario, la actuación rápida de los servicios de extinción contuvo el avance del fuego a una fracción de ese territorio. La Devesa, un ecosistema de extraordinario valor ambiental enclavado a pocos kilómetros del centro de València, alberga además viviendas en el interior del propio bosque, una singularidad que añade una dimensión humana al riesgo y que complica enormemente cualquier operación de extinción.

"Los datos demuestran la importancia de la rápida actuación de los bomberos. Sin su intervención, y con las condiciones de viento que se produjeron, estaríamos hablando de un incendio hasta cinco veces más devastador y de alrededor de 180 hectáreas afectadas" - Juan Carlos Caballero, concejal de Prevención, Extinción de Incendios y Protección Civil del Ayuntamiento de València

Durante la junta, el jefe de Bomberos, Enrique Chisbert, expuso las principales conclusiones operativas y las dificultades que encontraron los equipos sobre el terreno. Entre ellas, una que ya apunta hacia el futuro: los cortafuegos existentes en la Devesa necesitan ser revisados para determinar si son suficientes y qué actuaciones concretas deben acometerse para mejorar su eficacia. No es una cuestión menor. Los cortafuegos son las franjas de vegetación eliminada o reducida que actúan como barreras naturales frente al avance de las llamas, y su diseño y mantenimiento pueden ser decisivos en los minutos críticos de un incendio.

Cortafuegos, gestión forestal y acumulación de combustible

Más allá de los cortafuegos, la junta acordó analizar también la gestión forestal del parque y la acumulación de material vegetal seco, un factor que los expertos en incendios forestales identifican habitualmente como uno de los principales amplificadores del fuego. En entornos como la Devesa, donde la biodiversidad coexiste con la presencia humana permanente, esa acumulación puede convertir un incendio contenible en uno que supere la capacidad de extinción de cualquier dispositivo. Es, en definitiva, una deuda pendiente que el fuego ha vuelto a poner sobre la mesa.

"Después de una emergencia de estas características nuestra obligación es analizar lo ocurrido, aprender y mejorar para estar todavía mejor preparados ante futuros incendios" - Juan Carlos Caballero, concejal de Prevención, Extinción de Incendios y Protección Civil del Ayuntamiento de València

El concejal subrayó que mejorar la prevención no solo protege el parque natural, sino también a los vecinos que viven en él y a los propios profesionales que arriesgan su vida para extinguir los incendios. Una doble responsabilidad que, en el caso de la Devesa, adquiere una dimensión especialmente concreta.

El largo camino de la recuperación

Paralelo al debate sobre la prevención, la junta trazó también la hoja de ruta para recuperar la superficie quemada. El Ayuntamiento solicitará la elaboración de un informe técnico posincendio que evalúe el impacto sobre el suelo y la vegetación y establezca las bases para la reforestación. El documento deberá determinar qué medidas son necesarias de forma inmediata para frenar la erosión y la degradación, y después orientar cómo, cuándo y con qué especies debe abordarse la recuperación, respetando los ritmos de regeneración natural.

Caballero fue claro en cuanto a los tiempos: hasta que los bomberos no den por extinguido el incendio, no podrá comenzar ese análisis técnico. Solo entonces los especialistas podrán evaluar el estado real del suelo, la capacidad de regeneración espontánea de la vegetación y las zonas que requieren intervención prioritaria. La prisa, en este caso, podría ser contraproducente.

Un incendio intencionado y la respuesta política

La Delegación del Gobierno ha señalado que el incendio fue provocado de forma intencionada, un dato que el concejal trasladó a la junta y que añade una capa de gravedad al análisis. Caballero aprovechó para pedir que la investigación avance y que la justicia actúe con contundencia, al tiempo que mostró su malestar por las reacciones de la oposición, a la que acusó de haber buscado rédito político a las 24 horas del inicio del fuego, cuando aún no estaba controlado. En paralelo, rechazó que se cuestione la actuación de los profesionales que participaron en la emergencia, a los que volvió a agradecer el trabajo realizado junto a la Unidad Militar de Emergencias, Protección Civil, la Policía Local y los servicios sanitarios y voluntarios.

Lo que queda ahora es convertir las lecciones dolorosas de este incendio en medidas concretas. La Devesa lleva décadas siendo uno de los pulmones naturales de València, un espacio donde el pinar mediterráneo convive con lagunas, fauna protegida y una comunidad de residentes que eligió vivir dentro del bosque. Que ese bosque pueda resistir mejor el próximo incendio —porque en el contexto de cambio climático actual, siempre hay un próximo incendio— dependerá de la voluntad política, del rigor técnico y, sobre todo, de no esperar a que vuelva a arder para actuar.