Valencia amaneció este viernes con el peso de ocho siglos a sus espaldas. El 9 d'Octubre, Día de la Comunitat Valenciana, celebró en 2026 una edición que difícilmente pasará desapercibida en los anales de la efeméride: la espada del rey Jaume I el Conqueridor volvió a desfilar en la Procesión Cívica después de medio siglo de ausencia. Y la alcaldesa de la ciudad, María José Catalá, aprovechó el momento para lanzar un mensaje que, en el fondo, era tan necesario como el propio acto: la concordia como único horizonte posible.
Una jornada histórica con un símbolo recuperado
Tras la tradicional bajada de la Reial Senyera y antes del inicio de la Procesión Cívica, Catalá tomó la palabra en el Salón de Cristal del Ayuntamiento para felicitar a todos los valencianos en nombre del consistorio. Lo hizo con una frase que repitió hasta tres veces, como si la insistencia fuera ya en sí misma un diagnóstico de los tiempos que corren: «Hoy ha de ser un día de concordia, de concordia y de concordia». Pocas veces una repetición resulta tan elocuente.
El regreso de la espada del Conqueridor a la comitiva no es un detalle menor. Jaume I (1208-1276) es considerado una figura clave en la historia de la ciudad y en la constitución y consolidación del Reino de València como realidad política y jurídica, dotada de instituciones propias y de un ordenamiento jurídico articulado. Que su espada no hubiera acompañado la Procesión Cívica durante cinco décadas convierte su reincorporación en algo más que un gesto simbólico: es la restitución de una pieza de identidad colectiva al lugar donde siempre debió estar.
La campaña institucional del Nou d'Octubre 2026, bajo el lema 'Un llegat infinit', pretende reivindicar la vigencia del legado del monarca en la identidad del territorio. El president de la Generalitat ha manifestado que "750 años después continúa existiendo un hilo que vincula a nuestra sociedad con su historia y una identidad común que hemos construido generación tras generación". En ese contexto, la presencia de la espada en el desfile no podía tener mejor momento ni mejor marco.
La plaza es de todos, no del Ayuntamiento
Catalá fue contundente al reivindicar el carácter inclusivo de la celebración. En un mensaje dirigido implícitamente a quienes ven el 9 d'Octubre como un campo de batalla identitaria, la alcaldesa recordó que tanto el espacio físico como el simbólico pertenecen a la ciudadanía en su conjunto.
«La plaza del Ayuntamiento de València no es del Ayuntamiento, es la plaza de los valencianos y de todos. La Procesión Cívica del 9 d'Octubre es la procesión de todos y el día 9 d'Octubre es el día de todos los valencianos» - María José Catalá, alcaldesa de València
La apelación no es solo retórica. En los últimos años, la jornada ha arrastrado una tensión creciente entre distintas sensibilidades políticas y culturales, convirtiendo lo que debería ser una fiesta cívica compartida en un termómetro de la polarización social. Catalá fue directa al respecto: «La ciudadanía necesita tranquilidad, soluciones a sus problemas y vivir en paz». Una afirmación que, dicha desde la tribuna institucional más visible de la ciudad, suena a diagnóstico tanto como a propósito.
La mocadorà, un guiño al comercio de proximidad
La alcaldesa cerró su intervención con un gesto más cotidiano, pero igualmente cargado de significado. Animó a los valencianos a comprar la tradicional mocadorà del 9 d'Octubre —el pañuelo con dulces típicos que hornos, gremios y confiteros preparan para la ocasión— como forma de apoyar al comercio local. Un recordatorio de que las tradiciones también se sostienen con actos tan sencillos como elegir dónde se gasta el dinero.
Este año, el 9 d'Octubre se celebra con una efeméride muy especial: el 750 aniversario de la muerte de Jaume I, rey fundador del Reino de Valencia. Entre la espada recuperada, el mensaje de concordia y la mocadorà sobre la mesa, la ciudad intentó, una vez más, encontrar en su historia el antídoto contra las divisiones del presente.

