La resaca de las Fallas de 2026 en Valencia no solo deja cenizas, sino también un intenso debate político y social sobre el modelo de fiesta y su impacto en la ciudad. Apenas unas horas después de la cremà, la portavoz de Compromís, Papi Robles, lanzó un mensaje contundente: “Las Fallas no quieren ser Magaluf”, en referencia al conocido destino turístico vinculado al ocio descontrolado.
Sus palabras resumen el sentir de la oposición, que ha calificado estas fiestas como “las Fallas del colapso” por los problemas de movilidad, masificación y convivencia que, aseguran, han sufrido vecinos y visitantes durante días. Tanto Compromís como PSPV-PSOE han reclamado a la alcaldesa María José Catalá un giro en la gestión. Entre las medidas propuestas destaca la implantación de una tasa turística que permita reforzar los servicios públicos en momentos de máxima presión.
Las Fallas siguen creciendo año tras año, y con ellas, la presión sobre la ciudad. Según los datos disponibles, solo en 2025 se registraron más de 662.000 pernoctaciones durante los días grandes, con un dato significativo: más de la mitad correspondieron a turistas internacionales. En apenas cuatro años, las estancias de visitantes extranjeros se han multiplicado por doce, pasando de representar alrededor del 20% a rozar el 50%.

Pero este éxito también tiene un coste. La oposición denuncia que la ciudad vive una “ocupación intensiva” del espacio público, con calles y plazas saturadas de carpas, mercadillos, churrerías, barras y vallas. De hecho, uno de los principales focos de e crítica ha sido la instalación anticipada de las carpas falleras. Y es que este año, algunas comenzaron a ocupar la vía pública desde el 4 de marzo, lo que provocó cortes de tráfico prolongados y complicaciones en la movilidad. Ante las quejas, el gobierno local ya ha anunciado que en 2027 no podrán instalarse hasta el 11 de marzo.
Pero no es el único problema. El uso intensivo de pirotecnia, las verbenas hasta altas horas de la madrugada y la proliferación de puestos ambulantes han generado tensiones con los vecinos. Desde el PSPV denuncian que “la solución no puede ser que los residentes se vayan de la ciudad” cuando empiezan las Fallas, ni que tengan que afrontar jornadas laborales sin haber podido dormir.
La concejala socialista Nuria Llopis ha sido clara: “La fiesta se nos está yendo de las manos”. También ha señalado la necesidad de reorganizar actos como la Ofrenda, que se prolonga hasta la madrugada, o evitar aglomeraciones como las vividas en la recogida del ninot.
La tasa turística, en el centro del debate
El gran eje de confrontación política es, sin duda, la tasa turística. La oposición defiende que permitiría compensar el enorme gasto que asume la ciudad durante las Fallas. Según sus cálculos, si se hubiera aplicado el modelo aprobado en su día por el Gobierno del Botànic, Valencia habría ingresado cerca de un millón de euros solo en 2025.
Aquella tasa, derogada en 2023 por el actual Consell, establecía importes de entre 0,5 y 1,5 euros por noche según el tipo de alojamiento, con un máximo de siete días por visitante. Los fondos se destinarían a sostenibilidad turística, mejora de servicios y apoyo al sector. Incluso voces del ámbito empresarial, como el presidente de Mercadona, Juan Roig, se han mostrado a favor de que los turistas “paguen más” durante las Fallas, defendiendo que la fiesta debe “monetizarse” acorde a su dimensión internacional.
Sin embargo, el rechazo del gobierno autonómico es total. El portavoz del Consell, Miguel Barrachina, ha descartado de forma tajante cualquier implantación: “No vamos a imponer ninguna tasa turística”.


