El próximo martes, 6 de octubre, el Tinglado número 2 de la Marina de València se convertirá en el escenario de una tarde de música, baile y merienda tradicional para los mayores de la ciudad. La delegación de Mayores del Ayuntamiento de València ha organizado un evento especial a partir de las 17.00 horas para celebrar la festividad de Sant Donís, ese singular "San Valentín valenciano" que cada año tiñe de mazapán y pólvora simbólica el inicio del mes de octubre.
Podrán participar las personas mayores de sesenta años empadronadas en la ciudad que sean jubiladas o pensionistas. El plazo de inscripción telemática —una invitación por persona— permanece abierto hasta este domingo, 27 de septiembre. Quienes necesiten ayuda para formalizar el registro tienen hasta el viernes, 25 de septiembre, para acudir presencialmente a las oficinas del Servicio de Mayores, ubicadas en la calle Amadeu de Savoia, 11, en horario de 8.30 a 13.30 horas. Dos fechas límite, ambas muy próximas, que convierten la agilidad en condición indispensable para no perder la plaza.
Pasodobles, boleros y la Orquesta Brillantina
La Orquesta Brillantina será la encargada de poner el ritmo a la jornada. Su repertorio abarcará desde pasodobles y chachachás hasta rumbas, merengues, boleros, tangos, valses y clásicos de la música española de siempre. Un programa musical pensado para invitar al baile y a la convivencia, dos de los ingredientes que, según la ciencia del envejecimiento activo, más contribuyen al bienestar físico y emocional de las personas mayores.
La iniciativa se enmarca en la política municipal de promover el ocio saludable y participativo entre los vecinos de mayor edad. No se trata de un acto meramente institucional, sino de una tarde diseñada para que la gente disfrute, se mueva y comparta mesa con sus vecinos en un espacio tan singular como el recinto de la Marina de València.
Sant Donís: cuando los pasteleros se rebelaron contra Felipe V
Detrás de esta celebración hay una historia de resistencia cultural que merece ser contada. La festividad tiene su origen en 1238, cuando Jaime I entró victorioso en la ciudad de Valencia el 9 de octubre. Durante siglos, esa efeméride se celebró con pirotecnia: las llamadas piuletes y tronadors iluminaban el cielo de la ciudad en señal de júbilo.
Todo cambió tras la Guerra de Sucesión. Los Decretos de Nueva Planta publicados por Felipe V en el siglo XVIII no solo prohibieron celebrar el 9 de octubre, sino que vetaron específicamente festejar la fundación del Reino de Valencia. Como consecuencia, se acabaron los espectáculos pirotécnicos, y en una brillante señal de resistencia cultural, el gremio de confiteros valencianos comenzó a elaborar mazapanes con la forma de los petardos prohibidos: la piuleta y el tronador. Así, lo que antes volaba por los cielos en forma de pólvora, ahora se podía saborear como dulce mazapán.
A esas figuras de almendra y azúcar se añadieron pequeñas frutas y hortalizas de mazapán, que la tradición vincula con los productos de la huerta valenciana que los habitantes de la zona entregaron a la esposa de Jaime I para celebrar la conquista. La costumbre manda regalar la mocadorà: un pañuelo —mocador, en valenciano— que envuelve dulces de mazapán con forma de frutas, hortalizas y los famosos piulets y tronadors. La mocadorà está considerada parte del patrimonio cultural inmaterial valenciano.
Se calcula que cada año se emplean más de 70.000 kilos de mazapán para elaborar unas 200.000 mocadoràs. Una cifra que da la medida del arraigo de una tradición que, siglo a siglo, ha sobrevivido a prohibiciones, guerras y cambios de régimen para llegar entera al presente.
Una festividad que une historia, amor y comunidad
La mocadorà es mucho más que un dulce regalo: es una tradición valenciana que se celebra cada 9 de octubre, coincidiendo con el Día de Sant Donís y el Día de la Comunidad Valenciana, convirtiendo a Valencia en una ciudad con su propio día de los enamorados, diferente al universal San Valentín. Una singularidad que no es folclore menor, sino seña de identidad de una ciudad que ha sabido transformar la adversidad histórica en celebración colectiva.
El evento del 6 de octubre organizado por el Consistorio no es ajeno a ese espíritu. Celebrar Sant Donís con música en vivo, baile y merienda tradicional es, en cierto modo, actualizar ese gesto de resistencia festiva que protagonizaron los confiteros valencianos hace tres siglos. Solo que esta vez, en lugar de burlar una prohibición real, se trata simplemente de reunir a los mayores de la ciudad para que la tarde del martes se parezca, aunque sea un poco, a una fiesta de las de antes.

