Ciento treinta perros y gatos encontraron un hogar entre junio y septiembre. Detrás de ese número hay historias de animales que llegaron enfermos, asustados o abandonados al centro municipal de acogida de animales de Benimàmet, en València, y que salieron convertidos en mascotas. Un dato que habla no solo de adopciones, sino de un trabajo silencioso y constante: el de los veterinarios y cuidadores que, día a día, preparan a cada animal para volver a confiar en las personas.
Un centro que va más allá del refugio
El equipo profesional atiende situaciones muy diversas: desde animales extraviados o abandonados hasta aquellos que llegan con enfermedades o lesiones que requieren cuidados específicos. La valoración veterinaria determina los tratamientos y supervisa su evolución, mientras que la alimentación, la socialización y la atención cotidiana completan el trabajo durante la estancia en el centro. No es, por tanto, un simple depósito de animales a la espera de dueño. Es un proceso.
El centro cuenta con una parcela de 2.000 metros cuadrados para que los animales puedan correr y jugar al aire libre. Ese espacio no es un lujo: para muchos animales que llegan en estado crítico, el movimiento y el contacto social forman parte de la recuperación tanto como los medicamentos. El centro realiza además el seguimiento de perros y gatos y contempla un periodo de adaptación con las familias adoptantes para acompañar su incorporación al hogar.
El concejal de Bienestar Animal, Juan Carlos Caballero, ha visitado las instalaciones para conocer de primera mano el trabajo diario que realizan los veterinarios y profesionales encargados de la atención, recuperación y cuidado de los animales que llegan al centro.
Acogida y adopción: no son lo mismo
Existe una confusión frecuente que conviene aclarar. Acoger un animal temporalmente no equivale a adoptarlo. La acogida temporal y la adopción son situaciones diferentes: las familias que reciben a un animal de forma provisional colaboran en su cuidado, pero esa estancia no implica un compromiso definitivo. Es, en todo caso, un paso intermedio que permite conocer al animal, entender sus necesidades y valorar si la convivencia funciona antes de dar el paso definitivo.
Actualmente, el servicio ha registrado 130 adopciones entre junio y septiembre, y 80 animales se encuentran en casas de acogida. Son familias que, de momento, cuidan sin firmar. Y eso también cuenta.
Bimba: once cachorros y una familia que espera
Entre todos los casos atendidos, el de Bimba merece un párrafo aparte. Esta perra de raza podenco fue rescatada en el barrio valenciano de Benicalap, sola y visiblemente asustada. El miedo que mostraba obligó al personal del centro a intervenir con paciencia, sin precipitarse. Poco a poco, recuperó la confianza suficiente como para ser derivada a una casa de acogida. Pero la historia dio un giro inesperado: al detectarse que estaba gestando, regresó al centro, donde dio a luz a once cachorros bajo supervisión veterinaria. La familia que la había acogido ha manifestado su intención de volver a hacerse cargo de ella, mientras sus crías esperan encontrar un hogar.
Roco: de un transportín al salón de una familia
El caso de Roco ilustra otro extremo del trabajo del centro. Este perro llegó en un transportín, abandonado y en un estado de salud muy deteriorado. El diagnóstico fue contundente: leishmaniosis grave, con lesiones visibles en los ojos y la boca. La leishmaniosis es una enfermedad parasitaria endémica en buena parte del territorio español, transmitida por la picadura de insectos y que, sin tratamiento, puede resultar mortal para los animales. El tratamiento aplicado en el centro permitió su recuperación, y Roco vive hoy con una familia de acogida, aunque continúa recibiendo seguimiento veterinario periódico. Un final que, hace unos meses, parecía improbable.
Adoptar es un compromiso, no un impulso
Las historias de Bimba y Roco no son excepciones: son el recordatorio de que detrás de cada adopción hay una cadena de decisiones, cuidados y responsabilidades que no terminan el día en que el animal cruza la puerta de casa. "Adoptar en lugar de comprar salva vidas de animales abandonados y fomenta una sociedad más ética" , ha subrayado el concejal Caballero en anteriores ocasiones. Esa ética empieza por entender que un animal no es un objeto de temporada, sino un ser con necesidades sanitarias, emocionales y sociales que persisten durante toda su vida. El trabajo diario en Benimàmet existe, precisamente, para que esa realidad no se olvide en el momento de tomar la decisión.

