1,2 millones de claveles y 132 imbornales después: así devuelve el Ayuntamiento de València la Alameda a la normalidad tras la Batalla de Flors

El Ciclo Integral del Agua despliega un operativo extraordinario para limpiar los 132 imbornales del paseo de L'Albereda tras la Batalla de Flors.

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Batalla de flores
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El paseo de L'Albereda amaneció el lunes cubierto de pétalos, claveles marchitos y el inconfundible aroma de una fiesta que ya es historia. La Batalla de Flors, celebrada el domingo 26 de julio como acto de cierre de la Gran Fira de València 2026, dejó atrás su habitual alfombra floral y un reto logístico que muy pocos espectadores tienen en mente cuando lanzan su clavel al aire: ¿cómo se devuelve a la normalidad, en tiempo récord, uno de los paseos más concurridos de la ciudad?

Un operativo invisible que empieza antes del primer clavel

La respuesta está en un trabajo que pasa desapercibido pero que resulta decisivo. El Ayuntamiento de València, a través del servicio de Ciclo Integral del Agua y con la contrata UTE Sanejament de València, desplegó un dispositivo extraordinario de limpieza centrado en la puesta a punto de 132 imbornales en el tramo comprendido entre el Pont d'Aragó y el Pont del Real. Una intervención que no comenzó tras el último petardo de la mascletà nocturna, sino mucho antes.

Y es que el protocolo municipal contempla tres fases: antes, durante y después del evento. Los operarios supervisan de forma permanente toda la red de alcantarillado del área de actuación para detectar posibles anomalías o roturas en la infraestructura. Si se localiza cualquier incidencia, se activa de inmediato una alerta para proceder a su reparación urgente. La prevención, en este caso, es tan importante como la limpieza posterior.

El enemigo silencioso: la flor seca en la red de drenaje

El paseo de la Alameda se convierte en el escenario de un desfile único en el que las flores, las carrozas y las máximas representantes del mundo fallero son las grandes protagonistas, antes de que comience el lanzamiento de 1,2 millones de claveles. Lo que el público vive como un espectáculo sensorial —color, aroma, alegría— se traduce, horas después, en toneladas de materia orgánica acumulada sobre el asfalto y, lo que es más problemático, obstruyendo los puntos de drenaje urbano.

Ahí reside el verdadero desafío técnico. Los restos vegetales y las flores secas son capaces de colapsar la red de alcantarillado si no se actúa con rapidez y método. Una red obstruida impide absorber el elevado volumen de agua que se emplea en las tareas intensivas de baldeo a presión posteriores a la batalla floral, lo que puede generar bolsas de agua en la calzada y prolongar el corte del espacio público durante horas.

132 imbornales, un tramo estratégico y cero improvisación

La intervención no es aleatoria. El tramo elegido, entre el Pont d'Aragó y el Pont del Real, corresponde exactamente con el recorrido del festejo. Se trata de un desfile centenario y multitudinario que culmina con el tradicional lanzamiento de cientos de miles de claveles entre las carrozas y el público situado en los palcos. La concentración de flores en ese espacio es, por tanto, máxima y previsible, lo que permite al servicio municipal planificar el operativo con precisión quirúrgica.

La Batalla de Flores forma parte de la historia de València desde 1891, cuando fue impulsada por Pascual Frígola, Barón de Cortes, con el objetivo de ofrecer un gran evento festivo durante el verano. Más de un siglo después, la fiesta ha crecido en dimensiones y en público, pero también en la complejidad del trabajo que exige su gestión urbana posterior.

Del caos floral al paseo limpio

Con los 132 imbornales despejados de residuos, el agua de los baldeos fluye sin obstáculos hacia la red de saneamiento y el paseo recupera su fisonomía habitual en el menor tiempo posible. El objetivo final es que la ciudadanía pueda disfrutar del espacio público en plenas condiciones de salubridad y seguridad prácticamente desde el día siguiente al festejo.

Es, en definitiva, la otra cara de la fiesta: silenciosa, técnica y necesaria. Mientras miles de valencianos y visitantes guardan en la memoria el olor a clavel y el colorido de las carrozas, un equipo de operarios trabaja contra el reloj para que el paseo de L'Albereda amanezca como si la batalla nunca hubiera ocurrido. Porque una ciudad que sabe celebrar también debe saber recogerse.