La Comunitat Valenciana afronta este lunes uno de los episodios más delicados del año en materia de emergencias. El Consorcio Provincial de Bomberos de Valencia ha activado su Procedimiento de Refuerzo por Situaciones Meteorológicas Adversas ante la confluencia de dos factores que los expertos consideran explosivos: una ola de calor sostenida y un nivel de riesgo extremo de incendios forestales. Y no es una amenaza abstracta: a escasos kilómetros, en la comarca castellonense del Alto Palancia, el fuego ya ha demostrado de lo que es capaz.
Un dispositivo ampliado para una amenaza real
El operativo ordinario del servicio provincial, integrado por 175 personas, se refuerza con 70 efectivos adicionales orientados específicamente a la lucha contra incendios forestales. El despliegue incluye una dotación extra de bomberos por cada parque principal, la activación de diez brigadas BRIFO, más personal en el Centro de Comunicaciones y Control, mayor presencia en la escala de mando y en la unidad forestal, y la incorporación de voluntarios en sus respectivos parques. En conjunto, el dispositivo alcanza los 245 efectivos. La medida, activada este lunes, se mantendrá al menos hasta el miércoles 8 de julio, aunque podría prolongarse si las condiciones meteorológicas lo exigen.
La razón es tan sencilla como inquietante: semanas de calor intenso sin lluvias relevantes han dejado la vegetación al límite. El terreno está seco, la humedad es baja y cualquier chispa —una colilla, una herramienta, un cohete— puede desencadenar un incendio de propagación rápida. No es una hipótesis: este sábado ya se registraron fuegos en localidades como Peñíscola, Monóver y Bugarra, aunque los servicios de extinción lograron controlarlos en cuestión de horas.
"La prevención es ahora mismo tan importante como la intervención, porque en las condiciones actuales cualquier chispa puede convertirse en un incendio de rápida propagación" - Avelino Mascarell, presidente del Consorcio Provincial de Bomberos y diputado de Medio Ambiente de la Diputació de València
El incendio de Soneja: cuando el fuego ya no espera
Mientras Valencia desplegaba su dispositivo preventivo, la provincia vecina de Castellón ya vivía en plena emergencia. Un incendio declarado pasadas las 14:00 horas del domingo en el término municipal de Soneja, en la comarca del Alto Palancia, obligó a movilizar un amplio dispositivo de extinción tras comprobarse que las llamas, que en un principio afectaban a vegetación, habían alcanzado masa boscosa. La rápida propagación del fuego, favorecida por las condiciones meteorológicas y las altas temperaturas que azotan la provincia, motivó un incremento inmediato en la escala de respuesta de los equipos de extinción.
El incendio mantuvo una evolución desfavorable, lo que llevó a la Generalitat Valenciana a activar la Situación 2 del Plan Especial frente al Riesgo de Incendios Forestales (PEIF) y a ordenar la evacuación preventiva del municipio de Azuébar ante la proximidad de las llamas. En apenas unas horas, el frente alcanzó el término de Azuébar, forzando el desalojo de unas 500 personas. Este municipio está ubicado en pleno corazón de la sierra de Espadán, el segundo parque natural más grande de la Comunitat Valenciana.
A última hora de la noche, con la retirada de los medios aéreos, el fuego seguía fuera de control y ya había entrado en el parque natural de la sierra de Espadán, aunque el presidente de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca, aseguró que todavía afectaba a una "superficie pequeña" de la zona de alta protección. De momento, según el jefe del Consell, se habían quemado 150 hectáreas de terreno.
La respuesta fue contundente. El Gobierno de España activó al Tercer Batallón de Intervención de la Unidad Militar de Emergencias (UME), con base en Bétera, que se incorporó al dispositivo con 50 efectivos y 17 vehículos para reforzar las tareas de extinción. A última hora de la tarde trabajaban en la zona más de 220 efectivos terrestres y durante el día habían participado hasta 18 medios aéreos, que se reincorporarían con las primeras luces del día a las labores de extinción.
Valencia, presente en la extinción desde el primer momento
Los bomberos de la Diputació de València no permanecieron al margen. El domingo enviaron cuatro medios aéreos y cinco unidades de bomberos forestales, además de un coordinador y dos brigadas forestales. Este lunes, el dispositivo desplazado en Soneja quedó integrado por un medio aéreo, un oficial, un coordinador forestal, tres brigadas BRIFO y dos unidades de bomberos forestales. La simultaneidad de las emergencias marcó también la jornada en Castellón, ya que el Consorcio Provincial tuvo que desviar recursos a la misma hora para sofocar otro incendio de vegetación declarado en el municipio de Castellfort, en la comarca de Los Puertos. Un escenario de saturación que ilustra, mejor que cualquier estadística, la presión a la que se enfrentan los servicios de emergencia en plena ola de calor.
Prudencia ciudadana: el primer cortafuegos
Mascarell ha insistido en que la provincia arrastra meses sin lluvias relevantes generalizadas, lo que ha dejado a la vegetación en una situación crítica de estrés hídrico. Desde el Consorcio se pide a la ciudadanía que evite encender fuego cerca de zonas con vegetación, que no utilice maquinaria o herramientas que puedan generar chispas, que no lance pirotecnia y que no arroje colillas ni residuos al entorno natural. También se recomienda evitar actividades de riesgo en las horas centrales del día y mantenerse informado a través de los canales oficiales. Ante cualquier columna de humo, el número es el 112.
Lo que ocurre estos días en el Alto Palancia no debería tomarse como un hecho aislado. El incendio de Soneja es, en cierta medida, el recordatorio más brutal de por qué la prevención importa tanto como la extinción. Cuando el monte lleva meses sin lluvia y el termómetro no baja ni de noche, los bomberos pueden multiplicarse, pero el margen para el error se estrecha hasta casi desaparecer. La verdadera línea de defensa empieza mucho antes de que suene el 112.

