Una cámara de fluorescencia permite a enfermeros detectar bacterias en heridas crónicas antes de que el cuerpo dé la alarma

Investigadores de IIS La Fe logran identificar infecciones ocultas en heridas con más de seis semanas de evolución con un 90,9% de sensibilidad.

Guardar

ccda7a0b242aa0e0bcb9a670a9f05bc5
ccda7a0b242aa0e0bcb9a670a9f05bc5
Añadir ValènciaExtra.com como fuente preferida de Google de forma gratuita. Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.
Activar ahora

Hay heridas que mienten. Tienen buen aspecto, no duelen en exceso, no muestran enrojecimiento ni pus, y sin embargo albergan en su interior una carga bacteriana que frena silenciosamente la cicatrización. Identificarlas a tiempo ha sido, durante décadas, uno de los grandes retos de la medicina de heridas. Ahora, un equipo de profesionales de Enfermería del Instituto de Investigación Sanitaria La Fe (IIS La Fe) de Valencia ha dado un paso relevante en esa dirección: han demostrado que una cámara portátil de imagen por fluorescencia es capaz de detectar esa carga bacteriana oculta durante la propia consulta, sin necesidad de esperar días a que lleguen los resultados del laboratorio.

El problema de las heridas que no cicatrizan

Las heridas crónicas —aquellas que persisten más de seis semanas sin cerrarse— constituyen un desafío clínico de primera magnitud. Úlceras venosas, pie diabético, heridas postquirúrgicas que no evolucionan... detrás de muchos de estos casos se esconde una colonización bacteriana que los métodos de evaluación convencionales no siempre logran detectar. El problema es que los signos clásicos de infección —calor, inflamación, secreción purulenta— no siempre aparecen, especialmente en pacientes con enfermedades crónicas o sistemas inmunitarios comprometidos.

En ese contexto, la pregunta que se plantearon los investigadores del Grupo de Investigación en Dermatología y Regeneración Tisular del IIS La Fe, en colaboración con el Servicio de Dermatología del Hospital Universitari i Politècnic La Fe, era directa: ¿puede la imagen por fluorescencia revelar lo que el ojo clínico no ve? Los resultados, publicados en el Journal of Wound Management, sugieren que sí.

Luz que delata bacterias

La técnica utilizada se basa en un principio elegante en su sencillez. El dispositivo portátil de imagen por fluorescencia permite visualizar en el punto de atención la presencia, ubicación y carga bacteriana en las heridas , de forma no invasiva y sin necesidad de agentes de contraste. Cuando se activa el modo de fluorescencia, las firmas que indican presencia bacteriana aparecen inmediatamente en pantalla, en tiempo real, sin requerir procesamiento adicional de datos. En la práctica, significa que el profesional puede ver en cuestión de segundos si una herida tiene o no una carga bacteriana significativa, sin aguardar los dos o tres días que suelen tardar los cultivos microbiológicos tradicionales.

En el estudio del IIS La Fe, los pacientes incluidos presentaban heridas de más de seis semanas de evolución sin manifestaciones clínicas evidentes de infección. Tras aplicar el dispositivo de fluorescencia sobre el lecho de la herida, los hallazgos se contrastaron con los resultados de los cultivos convencionales. La concordancia fue llamativa: la imagen por fluorescencia alcanzó una sensibilidad del 90,9% y una precisión diagnóstica global del 85% para identificar una carga bacteriana clínicamente significativa. En el conjunto de heridas analizadas, el 60% mostró fluorescencia positiva, mientras que el 55% presentaba una carga bacteriana clínicamente relevante, con una asociación estadísticamente significativa entre ambas variables.

Un aliado, no un sustituto

Los investigadores son cuidadosos al interpretar sus propios resultados. La imagen por fluorescencia no aspira a reemplazar ni al ojo clínico del profesional ni a los cultivos microbiológicos cuando estos sean necesarios. Su valor está en otro lugar: en orientar, en afinar, en reducir la incertidumbre. La información que proporciona puede ayudar a seleccionar con mayor precisión las zonas de las que deben tomarse muestras, a preparar mejor el lecho de la herida y a planificar el tratamiento local con más criterio.

Hay además una implicación de calado en tiempos de resistencia antimicrobiana creciente: esta tecnología podría contribuir a un uso más racional de los antibióticos y otros tratamientos antimicrobianos, evitando tanto el infradiagnóstico —tratar una herida infectada como si no lo estuviera— como el sobrediagnóstico y el consiguiente uso innecesario de fármacos. Estudios previos con dispositivos similares han mostrado que la imagen por fluorescencia detecta hasta un 45% más de heridas con altas cargas bacterianas que la evaluación estándar basada únicamente en signos y síntomas clínicos.

Enfermería en el centro de la investigación

Más allá del hallazgo tecnológico, el estudio tiene un trasfondo institucional relevante. El trabajo ha sido liderado por profesionales de Enfermería, lo que pone de relieve el papel creciente de esta disciplina en la generación de conocimiento científico. No es un detalle menor: durante mucho tiempo, la investigación clínica ha estado protagonizada casi en exclusiva por médicos, mientras que enfermeras y enfermeros quedaban en un papel secundario dentro de los equipos de investigación. Este trabajo invierte esa lógica.

La colaboración entre profesionales de Enfermería y del Servicio de Dermatología del Hospital La Fe de Valencia ejemplifica cómo la investigación multidisciplinar puede trasladar la evidencia científica directamente a la práctica asistencial. Las imágenes de fluorescencia tienen un gran potencial para servir como indicador más objetivo y equitativo de bacterias en heridas , y el trabajo desarrollado en Valencia contribuye a consolidar esa evidencia en el contexto clínico español.

Queda camino por recorrer: el estudio es un paso, no una meta. Pero la dirección es prometedora. Poder saber, en el mismo momento de la consulta, si una herida que aparenta estar bien está en realidad siendo colonizada por bacterias cambia radicalmente la conversación entre el profesional y el paciente, y abre la puerta a tratamientos más precisos, más tempranos y, en última instancia, más efectivos. Para los miles de pacientes que conviven con heridas crónicas, eso no es un dato estadístico: es la diferencia entre meses de sufrimiento y una recuperación a tiempo.