La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha activado todas las alarmas tras declarar la emergencia sanitaria internacional por el brote de ébola Bundibugyo que se expande rápidamente por África Central. La situación preocupa especialmente por la elevada capacidad de transmisión de esta variante, la ausencia de vacunas aprobadas y el creciente riesgo de propagación internacional.
El foco principal del brote se encuentra actualmente en la República Democrática del Congo y Uganda, aunque ya se han detectado casos sospechosos relacionados en Europa. Según los últimos datos compartidos por la OMS, existen cerca de 600 casos sospechosos y al menos 139 muertes también bajo sospecha de haber sido provocadas por esta cepa del virus.
¿Qué hace tan peligrosa a la variante Bundibugyo?
La cepa Bundibugyo no es nueva, pero sí representa una de las variantes más difíciles de controlar del virus del ébola. Los expertos alertan de que presenta una elevada transmisibilidad entre humanos y una tasa de mortalidad cercana al 40%, lo que la convierte en una amenaza sanitaria de primer nivel.
Además, uno de los principales problemas es que actualmente no existe ninguna vacuna aprobada específicamente contra esta variante. Mientras que otras cepas del ébola, como la Zaire, cuentan con tratamientos y vacunas autorizadas, Bundibugyo sigue siendo un terreno prácticamente desconocido para la medicina moderna.
El responsable de ensayos clínicos de la OMS, Vasee Moorthy, confirmó recientemente que hay dos vacunas experimentales en desarrollo, aunque ninguna estará disponible a corto plazo.
La más avanzada es una vacuna llamada “rVSV-Bundibugyo”, desarrollada con la misma tecnología utilizada en Ervebo, la vacuna aprobada contra la cepa Zaire del ébola. Sin embargo, todavía no existen dosis listas para comenzar ensayos clínicos en humanos. Según la OMS, podrían pasar entre seis y nueve meses antes de iniciar las primeras pruebas.
La segunda candidata utiliza la plataforma ChAdOx1, la misma tecnología empleada por la vacuna de AstraZeneca contra la covid-19, desarrollada junto a la Universidad de Oxford y el Instituto Serum de India. Aunque esta alternativa podría avanzar más rápido, todavía no existen suficientes datos en animales que garanticen su eficacia y seguridad.
Los síntomas pueden tardar hasta 20 días en aparecer
Otra de las grandes dificultades para contener el brote es el periodo de incubación. Los primeros síntomas pueden aparecer entre dos y veinte días después del contagio, lo que facilita la transmisión silenciosa del virus.
Los pacientes suelen comenzar con fiebre, dolor de cabeza intenso, cansancio extremo y malestar general. En los casos más graves, la enfermedad puede evolucionar hacia insuficiencia renal y hepática, hemorragias internas y fallo multiorgánico.
Los especialistas recuerdan que el contagio se produce principalmente por contacto directo con fluidos corporales de personas infectadas o fallecidas.
Europa ya vigila posibles contagios
Aunque el epicentro continúa en África, Europa ya ha activado protocolos preventivos. Un médico estadounidense permanece actualmente en cuarentena en Praga después de haber estado en contacto con enfermos en Uganda. Por el momento, las pruebas realizadas no han confirmado infección por ébola.
Sin embargo, otro sanitario estadounidense sí ha dado positivo tras ser trasladado a Berlín con síntomas compatibles con la enfermedad, aumentando la preocupación internacional sobre la posibilidad de nuevos casos importados.
El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, reunió esta semana al comité de emergencia para analizar la evolución del brote y coordinar una respuesta internacional urgente.
Desde la organización aseguran que “la maquinaria está completamente activada” para acelerar el desarrollo de vacunas y terapias experimentales. Aun así, los expertos reconocen que el tiempo juega en contra y que contener la expansión del virus será clave durante los próximos meses.
La comunidad científica teme que, si no se logra frenar el brote rápidamente, el ébola Bundibugyo pueda convertirse en una nueva crisis sanitaria internacional con consecuencias imprevisibles.


