Treinta años dan para mucho. Dan para que una ciudad aprenda a escucharse a sí misma, para que miles de niños y jóvenes dejen su huella en las calles y para que un programa educativo se consolide como algo más que una iniciativa institucional. Este miércoles, el Conservatorio José Iturbi de València acogió la entrega de diplomas de la edición 2026 del programa "Por una Ciudad en Convivencia", con 2.600 alumnas y alumnos de 37 centros educativos como protagonistas y la música como hilo conductor de todo el proyecto.
Una ciudad que suena desde las aulas
El lema de este año, València, Music City, no es una ocurrencia puntual. Se trata de una marca municipal que agrupa todas las actividades musicales de la ciudad y que, en esta edición del programa, ha servido de punto de partida para que el alumnado reflexione sobre qué significa crecer en una ciudad donde el tabal y la dolçaina forman parte del paisaje sonoro cotidiano, donde las bandas de música llevan décadas tejiendo el tejido social de cada barrio. El resultado tangible son 80 carteles elaborados por los estudiantes que, a partir de ahora, ocuparán el mobiliario urbano de la ciudad, convirtiendo las marquesinas y las vallas en un altavoz de la comunidad educativa.
Es una imagen que merece pensarse un momento: las mismas calles que recorren cada día para ir al colegio, transformadas en exposición colectiva de sus propias ideas sobre la convivencia, el ritmo, la armonía o la tradición musical valenciana. La ciudad como aula abierta, en el sentido más literal posible.
Tres décadas dentro de la Red Internacional de Ciudades Educadoras
El programa se inscribe en la Red Internacional de Ciudades Educadoras, un movimiento que nació en 1990 con motivo del I Congreso Internacional de Ciudades Educadoras, celebrado en Barcelona, cuando un grupo de ciudades representadas por sus gobiernos locales planteó el objetivo común de trabajar conjuntamente en proyectos y actividades para mejorar la calidad de vida de sus habitantes. Su filosofía parte de la consideración de que la ciudad será educadora cuando reconozca, ejercite y desarrolle, además de sus funciones tradicionales, una función educadora; cuando asuma la responsabilidad de la formación, promoción y desarrollo de todos sus habitantes, empezando por los niños y los jóvenes. València lleva exactamente tres décadas integrada en esa red, un período que coincide prácticamente con la historia completa del movimiento.
La alcaldesa María José Catalá, acompañada por la concejala de Educación, Rocío Gil, presidió el acto de entrega de diplomas y no escatimó en valorar la dimensión histórica de lo que se celebraba.
"Lleva treinta años de creatividad renovada, de ideas nuevas y de ilusión compartida, treinta años de una ciudad que escucha a la infancia, a la juventud y a los vecinos y vecinas" - María José Catalá, alcaldesa de València
La primera edil fue más allá del elogio protocolario y vinculó la música con una lección de convivencia cívica.
"La música nos enseña lo que la convivencia exige: escuchar al otro, afinar y aceptar que el resultado siempre es mejor cuando tocamos todos a una" - María José Catalá, alcaldesa de València
Quién participa y desde dónde
La diversidad de centros participantes dice mucho sobre el alcance real del programa. No se trata únicamente de colegios de primaria al uso: entre los 37 centros figuran escoletes municipales, escuelas municipales, colegios concertados y centros de la Universitat Popular. Las escoletes Algirós, Diputada Campoamor, Gent Menuda, Quatre Carreres y Solc, las escuelas municipales Fernando de los Ríos y Benimaclet, y los centros de la Universitat Popular de Nou Moles, Na Rovella, Russafa, Abastos y Camins al Grau forman parte de la iniciativa. Desde los más pequeños, aún en la etapa infantil, hasta adultos que se forman en la Universitat Popular, el programa tiende un puente generacional poco habitual en este tipo de proyectos.
Un compromiso que va más allá del diploma
Catalá quiso subrayar que la pertenencia a la Red de Ciudades Educadoras implica algo más que un reconocimiento simbólico: "eso no solo son palabras sino un compromiso firme de este Ayuntamiento con la infancia, una alianza con el tejido escolar de nuestra ciudad para incluir la mirada de los más pequeños, de los más jóvenes e incluso de los mayores en el proyecto de ciudad que queremos".
Tres décadas después de su primera edición, el programa demuestra que la convivencia no se decreta desde los despachos, sino que se construye cartel a cartel, nota a nota, en el día a día de quienes aprenden a mirar su ciudad con ojos propios. Que esa lección se celebre, precisamente, en un conservatorio no parece en absoluto casualidad.

