La boda de Ximo Puig y Gabriela Bravo tuvo un marcado sabor valenciano también en la mesa. La pareja eligió para su enlace, celebrado este sábado en Oliva, una propuesta gastronómica firmada por Ricard Camarena, uno de los chefs más reconocidos de la Comunitat Valenciana.
Más de un centenar de invitados compartieron una celebración íntima frente al Mediterráneo, en el restaurante Kiko Port, donde la gastronomía tuvo un papel destacado. El cocinero valenciano diseñó un menú inspirado en el entorno y en los productos de la tierra, con platos que combinaron tradición, producto mediterráneo y reinterpretaciones propias.
La propuesta comenzó con un cóctel que reunió diez elaboraciones diferentes. Entre ellas se encontraban un steak tartar de ternera acompañado de yema y patata, un cucurucho crujiente de salmón con aguacate y wasabi y una tostada de ensaladilla Ricard Camarena con emulsión de aceitunas.
También hubo espacio para productos muy vinculados a la Comunitat, como la clóchina valenciana, presentada con una picada de verduras aliñada. El recorrido gastronómico continuó con una causa de verduras asadas con ají amarillo, un saam de corvina adobada con salsa verde y hierbas y un tartar de bonito del Mediterráneo con calabacín, queso feta y frambuesas.
Diez aperitivos y dos platos principales
Entre los bocados más llamativos del cóctel también aparecieron una ostra con horchata de galanga, unas albóndigas al curry con cacahuete del collaret y coco tostado y, como guiño a una elaboración mucho más reconocible, croquetas de jamón ibérico.
Tras esta primera parte, los invitados pasaron a degustar los platos principales. Camarena apostó por dos elaboraciones con un claro protagonismo del Mediterráneo: un tartar de atún rojo y una reinterpretación de la fideuà.
Precisamente, esta última elaboración aportó uno de los guiños más reconocibles a la gastronomía valenciana. El chef, natural de Barx, localidad de la comarca de la Safor, llevó a la celebración una versión propia de un plato estrechamente ligado a Gandia y a la tradición culinaria de la costa valenciana.
El menú terminó con un postre de inspiración tradicional: torrijas acompañadas de helado de mantecado. Un cierre dulce para una celebración en la que la gastronomía valenciana compartió protagonismo con el Mediterráneo y con la propia historia de los novios.
La boda de Puig y Bravo se celebró en un ambiente reducido y familiar, con la presencia de algo más de cien invitados. Las mesas, además, no estaban identificadas con números, sino con nombres de poetas como Federico García Lorca, Miguel Hernández, Ausiàs March o Francisco Brines, reforzando el componente literario de una jornada en la que Gabriela Bravo dedicó precisamente un poema de Brines a Ximo Puig.


