Hay pueblos del interior valenciano que han visto marchar a sus jóvenes durante décadas, vaciarse sus calles y abandonarse sus campos. Frente a ese paisaje de despoblación silenciosa, la Generalitat Valenciana apuesta por una respuesta que huele a tierra mojada y a madera de barrica: la viticultura ecológica como instrumento de cohesión territorial. El mensaje llegó esta semana desde Moixent, en la comarca de La Costera, donde se celebró una visita profesional al proyecto ORIGEN, en la finca Mas del Fondo, dentro del marco del IV Concurso de Vinos Ecológicos de la Comunitat Valenciana.
Un concurso con mensaje político y raíces en el campo
El acto, organizado por PROAVA y el Comité de Agricultura Ecológica de la Comunitat Valenciana (CAECV), reunió a profesionales del sector en torno a un proyecto que va más allá de la cata. La viticultura ecológica no es solo una tendencia de mercado: es, según la Generalitat, una herramienta para mantener vivos los territorios rurales. Y así lo subrayó Carlos Gil, secretario autonómico de Política Institucional y Cohesión Territorial, quien participó en la jornada con un discurso que combinó el reconocimiento al sector con una defensa clara del papel del campo como espacio de oportunidad.
"La política de cohesión territorial debe garantizar que vivir y emprender en un municipio rural sea una opción real de futuro, apoyando a quienes mantienen viva su actividad económica" - Carlos Gil, secretario autonómico de Política Institucional y Cohesión Territorial de la Generalitat Valenciana
No son palabras vacías si se miran los datos. La Comunitat Valenciana ha alcanzado una superficie agrícola útil ecológica del 20,1%, acercándose al objetivo europeo del 25% para 2030, y duplicando el promedio estatal y europeo, ambos en torno al 11%. Un avance que tiene mucho que ver con el peso del viñedo: los frutos secos y el viñedo destinado a la elaboración de vino son las principales producciones ecológicas por superficie certificada, alcanzando alrededor de 19.000 hectáreas cada uno.
El viñedo como escudo frente al éxodo rural
La pregunta que subyace a toda esta política es una que los alcaldes del interior conocen bien: ¿cómo se convence a alguien de quedarse en un pueblo pequeño? La respuesta que ofrece la Generalitat pasa por demostrar que el campo puede ser rentable y con futuro. Carlos Gil insistió en que la agricultura y la viticultura son "instrumentos fundamentales de cohesión territorial, desarrollo rural y lucha contra la despoblación", y puso el foco en la importancia estratégica del sector vitivinícola para la economía de las comarcas del interior.
La producción ecológica está presente ya en el 88% de los municipios valencianos, evidenciando su implantación y vertebración territorial, y este tipo de agricultura aporta valores indirectos como la lucha contra la despoblación en las comarcas de interior. No es un fenómeno menor: el viñedo está presente en el 35% de los municipios de la Comunitat Valenciana y resulta crucial para fijar población en las zonas rurales.
Más allá de las cifras, la historia del sector también habla por sí sola. En la región se producen en torno a 263.932.000 kilogramos anuales de uva para vinificación y más de dos millones de hectolitros de vino, una producción que da soporte además a actividades enoturísticas que generan un flujo de visitantes cercano a las 130.000 personas anuales.
El relevo generacional, la asignatura pendiente
Pero no todo es optimismo. El propio secretario autonómico reconoció que el sector enfrenta una amenaza que va más allá de los precios o los mercados: la falta de jóvenes que quieran tomar el relevo. Gil hizo especial hincapié en la necesidad de apostar por medidas que favorezcan el relevo generacional, calificándolo de "una prioridad para garantizar la continuidad del sector y la actividad económica en el medio rural". Es una alerta compartida: el sector considera que el modelo de agricultura ecológica puede ayudar a combatir problemas históricos del campo valenciano como el despoblamiento rural y la falta de relevo generacional.
La urgencia no es retórica. Desde el propio sector se ha alertado del riesgo de despoblación y abandono masivo de tierras si no se adoptan medidas inmediatas, llegando a advertir de que, sin intervención, el interior de la Comunitat podría convertirse en un desierto. La agricultura ecológica valenciana alcanzó en 2025 un volumen de negocio récord de 962,6 millones de euros, un incremento superior al 15% , lo que demuestra que el potencial existe, pero que transformarlo en arraigo territorial exige algo más que buenas cosechas: exige política, inversión y, sobre todo, personas dispuestas a quedarse.


