Hay heridas que no cierran solas. Ochenta años después del fin de la Guerra Civil, decenas de municipios de la provincia de Valencia siguen buscando sus muertos, rehabilitando los sótanos donde sus abuelos se escondieron de las bombas y colocando tótems donde antes solo había silencio. La Diputació de València ha dado un paso más en ese proceso y ha aprobado su mayor paquete de ayudas en memoria democrática hasta la fecha: 1.075.000 euros para financiar 50 proyectos de recuperación de espacios históricos en 46 ayuntamientos, más otras 17 iniciativas impulsadas por asociaciones memorialistas.
Un 20% más de presupuesto, el doble que al inicio de la legislatura
La cifra supone un incremento del 20% respecto al ejercicio anterior. La dotación, que partía de 825.000 euros iniciales, puede ampliarse hasta ese máximo de 1.075.000 euros, estructurada en dos líneas: 875.000 euros para ayuntamientos y 200.000 para asociaciones y entidades memorialistas. No es un salto aislado: la vicepresidenta primera de la Diputació, Natàlia Enguix, que lidera esta delegación, señala que desde el inicio de la legislatura se han duplicado los recursos destinados a estas políticas.
"Hemos duplicado los recursos económicos para impulsar políticas de memoria, además de potenciar la vertiente divulgativa que resulta fundamental para que las nuevas generaciones entiendan realmente qué ocurrió en un período oscuro que no debe volver a repetirse." - Natàlia Enguix, vicepresidenta primera de la Diputació de València
La institución provincial lleva más de una década ampliando su presupuesto en este ámbito: desde 2016, la partida ha pasado de 350.000 euros a más de dos millones en 2026. Entre 2024 y 2026, la Diputació ha destinado 3.750.000 euros a subvencionar iniciativas de municipios y asociaciones, a los que se suma casi un millón de euros en ayudas directas para proyectos de localización, exhumación e identificación de restos de personas represaliadas durante la Guerra Civil y la dictadura franquista.
De cisternas a trincheras: qué se recupera y dónde
La diversidad de los proyectos aprobados revela la amplitud de lo que aún queda por rescatar del olvido. Uno de los más ambiciosos es la rehabilitación de la antigua cisterna del Palacio Señorial de Alberic, que durante la guerra sirvió como refugio antiaéreo para la población civil: recibirá 210.000 euros. En Alcàsser, se invertirán 150.000 euros en recuperar el refugio de la Guerra Civil de la calle Sant Martí. Y en Sueca se construirá un panteón de la memoria histórica con una inversión próxima a los 40.000 euros.
Pero la convocatoria de 2026 va mucho más allá de tres proyectos. Da luz verde a actuaciones en todas las comarcas de la provincia, desde la excavación y puesta en valor de trincheras en municipios como Estivella, Gilet, Chelva —en la Sierra de Alcotas—, Titaguas, Andilla, Vilamarxant y La Yesa, hasta la recuperación de refugios en Xàtiva, Llombai, La Pobla de Vallbona y La Pobla del Duc. Villar del Arzobispo ejecutará un proyecto de dignificación, inhumación y memorialización de víctimas de la Guerra Civil en su cementerio; Alcublas recuperará estructuras militares en la Sabuquera VI; y Oliva instalará tótems conmemorativos.
La lista continúa: la restauración del monumento Rostres en la memòria de Aldaia, la recuperación de nidos de ametralladora en Rafelbunyol y Gilet, rutas de la memoria en Alaquàs, la instalación de elementos testimoniales en Sagunto y Vallada, el proyecto memorialista Quan només queda la terra en Ontinyent, y campañas de difusión con jornadas, publicaciones y audiovisuales en otros 27 ayuntamientos. Entre los proyectos financiables se incluye también la construcción de obras funerarias para la inhumación de restos exhumados de fosas comunes y el acondicionamiento de espacios relacionados con la guerra o la represión posterior.
Las asociaciones, piezas clave del puzle memorialista
El papel de las entidades civiles en la recuperación de la memoria histórica ha sido históricamente tan determinante como poco reconocido. La convocatoria de 2026 aprueba 17 proyectos de asociaciones, con hasta el 100% del coste cubierto por la subvención. En el caso de los ayuntamientos, la subvención puede alcanzar el 80% del coste del proyecto, mientras que para las asociaciones puede llegar al 100%.
Entre las iniciativas más destacadas figura la exposición El silenci trencat: les fosses de Paterna, en alusión a uno de los enclaves más dolorosos de la represión franquista en la Comunitat Valenciana. En ese cementerio de Paterna fueron fusiladas más de 2.300 personas, cuyos restos están siendo recuperados mediante exhumaciones. También recibirán financiación las Misiones de la Memoria de la Coordinadora de Asociaciones de la Memoria Democrática, la página web Terrer de Paterna, La simbología de la memoria de la asociación cultural Prosa Elástica, y la Cartografia del silenci: del oblit a l'insult de la asociación Fossar d'Alzira.
La entidad Arqueoantro, con 55.000 euros repartidos entre dos proyectos, impulsará una acción educativa interactiva bajo el nombre Que nadie mire a otro lado y actualizará el mapa de fosas de la Guerra Civil y el franquismo en la provincia, un instrumento técnico imprescindible para guiar futuras exhumaciones.
Un deber moral con presupuesto
Como principal novedad en las convocatorias de 2026, las ayudas incorporan por primera vez la financiación de proyectos de difusión y formación en memoria histórica y democrática valenciana, a petición de varios ayuntamientos. La apuesta divulgativa responde a una lógica clara: de poco sirve recuperar un refugio antiaéreo si nadie sabe qué ocurrió en él ni por qué importa.
"Tenemos muy clara la apuesta por la memoria, es un deber moral", ha subrayado Enguix, quien ha avanzado que el respaldo continuará tanto a las familias que llevan décadas buscando a sus seres queridos como a los ayuntamientos que recuperan los espacios que ayudan a entender mejor la historia. En un momento en que el relato sobre la Guerra Civil y el franquismo sigue siendo objeto de debate político y social, la inversión sistemática de una institución provincial en este ámbito envía un mensaje tan concreto como los 50 proyectos que acaba de aprobar: la memoria no es un lujo, sino una obligación colectiva que, proyecto a proyecto, va tomando forma en piedra, trinchera y panteón.


