Eran las 9:30 de la mañana del 16 de septiembre de 1991 cuando una explosión sacudió Mutxamel, un tranquilo municipio alicantino de apenas 10.000 habitantes que jamás imaginó convertirse en objetivo del terrorismo. Un coche bomba que ETA había abandonado frente a la casa cuartel de la Guardia Civil detonó en el momento y lugar menos esperado, arrebatando la vida a tres personas: Francisco Cebrián Cabezas, el conductor de la grúa que retiraba el vehículo, y los policías locales José Luis Jiménez Vargas y Víctor Manuel Puertas Viera. Más de tres décadas después, esa fecha tiene ya un reconocimiento oficial: el Pleno del Consell de la Generalitat Valenciana ha declarado el 16 de septiembre como Día de las Víctimas del Terrorismo en la Comunitat Valenciana.
Una tragedia que se coló por la puerta de la rutina
Lo que aquel día comenzó como una operación completamente ordinaria terminó en catástrofe. El vehículo había chocado contra la pared de un edificio en la acera opuesta al cuartel y ni la Guardia Civil, que avisó para que retiraran el coche, ni la Policía Local sospecharon que podía tratarse de un artefacto explosivo. Siguiendo el protocolo para retirar vehículos mal estacionados, solicitaron la intervención de la grúa municipal para trasladarlo; durante la operación, mientras el vehículo era bajado de la grúa, la bomba se activó y explotó.
Para llevar a cabo el atentado, los miembros de ETA emplearon un Ford Fiesta con matrícula falsa, que habían robado meses antes en el País Vasco, y lo cargaron con 50 kg de explosivos. Fue el atentado más mortífero de los cuarenta cometidos por ETA en la provincia de Alicante entre 1979 y 2004. Una violencia que, como tantas otras veces, se cebó con quienes simplemente cumplían con su trabajo.
El Consell convierte el dolor en memoria institucional
La decisión adoptada por el Consell va mucho más allá de fijar una fecha en el calendario. La declaración tiene como propósito preservar la memoria de las víctimas y de sus familias, así como promover su reconocimiento social e institucional mediante actuaciones de sensibilización dirigidas al conjunto de la ciudadanía. También pretende contribuir a la difusión de los valores democráticos, la convivencia y el rechazo de la violencia. Tres objetivos que, en apariencia, parecen obvios, pero que exigen un esfuerzo sostenido de generación en generación.
La iniciativa se enmarca en la labor que la Generalitat lleva desarrollando en este ámbito desde hace dos décadas, respaldada por la Ley 1/2004, de 24 de mayo, de Ayuda a las Víctimas del Terrorismo, que establece un marco específico de reconocimiento, protección, asistencia y apoyo a las personas afectadas y a sus familias. Una ley que existía, pero que hasta ahora no contaba con una jornada anual que le diera visibilidad pública de forma periódica.
Por qué el 16 de septiembre y no otro día
La elección de la fecha no es arbitraria ni meramente simbólica. El 16 de septiembre tiene un peso específico y doloroso en la historia de la Comunitat: es el día en que el terrorismo golpeó de manera más brutal a la provincia de Alicante. Los policías locales José Luis Jiménez Vargas, de 28 años, y Víctor Manuel Puertas Vieras, de 25, y el conductor de la grúa Francisco Cebrián Cabeza, de 40 años, murieron en el acto al estallar el coche bomba. Tres vidas truncadas en segundos. Tres familias rotas para siempre.
Resulta estremecedor imaginar lo que podría haber ocurrido si la cadena de circunstancias hubiera sido ligeramente diferente. El coche pasó a metros del Colegio del Salvador, cuyos 400 alumnos iniciaban ese día las clases. El terrorismo, como siempre, jugó con el azar de los inocentes.
Un homenaje que llega con décadas de retraso, pero que llega
La instauración de esta jornada anual supone un paso más en el compromiso institucional de no dejar que el tiempo erosione la memoria. Porque el olvido, en estos casos, no es neutral: equivale a una segunda derrota de las víctimas. La Comunitat Valenciana suma así su propio día de recuerdo al calendario cívico, con una fecha que no fue elegida por conveniencia política, sino por el peso concreto e irreversible de lo que ocurrió aquella mañana de septiembre en las calles de Mutxamel.
El objetivo final es que cada 16 de septiembre, la sociedad valenciana se detenga un momento, recuerde a quienes perdieron la vida por la violencia terrorista y reafirme, colectivamente, su compromiso con la convivencia democrática. Una fecha que, de ahora en adelante, ya no pasará desapercibida en ningún rincón de la Comunitat.


