Las calles de Bèlgida se llenaron este domingo, 9 de agosto, de música, color y pólvora con la celebración de su tradicional Entrada de Moros y Cristianos. Entre el público que presenció el desfile de comparsas estaba Natàlia Enguix, vicepresidenta primera de la Diputació de València, acompañada de alcaldes y alcaldesas de distintos municipios de la Vall d'Albaida. No era una visita protocolaria cualquiera: era, también, un mensaje político sobre el lugar que estas fiestas ocupan en la agenda institucional provincial.
Una tradición con raíces históricas y un futuro que se financia
Los Moros y Cristianos son mucho más que un espectáculo visual. Son una fiesta fuertemente arraigada a la historia, y en el caso concreto de la Comunitat Valenciana pueden entenderse como una imitación simbólica de la guerra, una rememoración de la mayor conquista de estas tierras. Cuando Jaume I conquistó las tierras de Valencia hace alrededor de 800 años, su victoria trajo una nueva lengua y una nueva religión que perduran hasta hoy. Siglos después, esa memoria colectiva sigue viva en las calles de decenas de municipios valencianos cada verano, y la Vall d'Albaida es uno de sus territorios más representativos.
La Entrada de Moros y Cristianos es uno de los momentos culminantes de estas festividades: las calles se llenan de música, color, trajes espectaculares y carrozas. En Bèlgida, ese momento reunió este fin de semana a las diferentes comparsas del municipio y a representantes de la comarca, convirtiendo el acto en algo más que una fiesta local.
Tres años de ayudas y un objetivo claro: equiparar las comparsas a las Fallas
La presencia de Enguix no fue improvisada. La vicepresidenta llegó a Bèlgida con un mensaje concreto bajo el brazo: la Diputació lleva tres años consecutivos aprobando ayudas económicas destinadas específicamente a las comparsas de Moros y Cristianos, con la ambición declarada de igualar su respaldo institucional al que históricamente han recibido las Fallas. Una comparación que, en la Comunitat Valenciana, no es menor: las Fallas son Patrimonio Inmaterial de la Humanidad y cuentan con un ecosistema de financiación pública consolidado desde hace décadas.
"Por tercer año consecutivo se han aprobado ayudas a las comparsas de Moros y Cristianos porque nuestro objetivo es equipararlas a las de las Fallas" - Natàlia Enguix, vicepresidenta primera de la Diputació de València
La equiparación que plantea Enguix no es solo económica, sino también simbólica. Implica reconocer que los Moros y Cristianos tienen un peso cultural y social comparable al de otras expresiones festivas que ya gozan de mayor visibilidad y recursos. En una comarca como la Vall d'Albaida, donde esta celebración vertebra la identidad local de numerosos pueblos, el gesto institucional tiene una lectura clara.
Impacto económico y social: el argumento que sostiene la inversión
Más allá del simbolismo, Enguix también apeló a razones prácticas para justificar el compromiso de la institución. Las fiestas de Moros y Cristianos generan un impacto económico y social que la Diputació considera "destacable", y ese es el argumento central que respalda la continuidad de las ayudas.
"Demostramos nuestro apoyo con la presencia a este tipo de actos y con la ayuda económica, fundamental para que cada vez haya más comparsas, y la fiesta siga creciendo y fortaleciéndose" - Natàlia Enguix, vicepresidenta primera de la Diputació de València
La lógica es sencilla pero efectiva: sin financiación, las comparsas no pueden sufragar los costes de los trajes, la música, la pólvora ni la logística que requieren estos desfiles. Y sin comparsas, no hay fiesta. La inversión provincial actúa, en ese sentido, como un seguro de vida para una tradición que, aunque arraigada, no está exenta de las presiones económicas que afectan a cualquier manifestación cultural popular. Que la Diputació haya renovado ese compromiso tres años seguidos sugiere que la apuesta no es flor de un día, sino una línea de trabajo que aspira a consolidarse —y que Bèlgida, con sus calles llenas de comparsas este domingo, es el mejor argumento para defenderla.

