Una carretera que nació para llevar tractores hasta los campos de huerta se ha convertido, con el paso de los años, en una arteria de movilidad cotidiana para miles de vecinos del norte del área metropolitana de València. La vía de servicio de la V-21, que discurre paralela a la autovía durante 2,8 kilómetros entre Port Saplaya, en Alboraia, y el límite entre Albalat dels Sorells y Albuixech, recibirá una renovación integral del firme y la señalización financiada con más de 700.000 euros por la Diputació de València. Las obras, que arrancaron el pasado 5 de agosto, afectan a cuatro municipios y tienen un plazo de ejecución de tres meses.
La vicepresidenta segunda de la Diputació y responsable del área de Carreteras, Reme Mazzolari, visitó este lunes los trabajos junto a representantes de los cuatro ayuntamientos implicados: la alcaldesa de Meliana, Trini Montañana; los alcaldes de Foios y Albalat dels Sorells, Sergi Ruiz y Nicolau Claramunt; y la concejala de Alboraia Susana Cazorla. Una imagen que ilustra bien el espíritu del proyecto: cuatro municipios que, por separado, difícilmente habrían podido abordar una intervención homogénea sobre una vía que no respeta fronteras administrativas.
De camino agrícola a corredor metropolitano
La vía fue construida durante las obras de la autovía A-7 como sustituto de los antiguos caminos de acceso a la playa y a los municipios colindantes, y con el tiempo se ha convertido en un eje de comunicación supramunicipal que conecta buena parte de l'Horta Nord. Actualmente, es una vía muy utilizada como alternativa a la CV-300, que aún conserva el trazado de la antigua carretera Valencia-Barcelona. Lo que en origen tenía vocación local acaba siendo, casi sin quererlo, infraestructura estratégica.
El problema es que el mantenimiento de esa infraestructura quedó en un limbo burocrático: el Ministerio cedió la vía a los municipios y, con ella, también la responsabilidad de conservarla. Cuatro ayuntamientos de tamaño modesto, cada uno obligado a atender únicamente su tramo, sin coordinación ni recursos suficientes para una actuación de calado. El resultado estaba a la vista: el firme acumulaba deformaciones, puntos deteriorados y deficiencias en la señalización que afectaban a la velocidad y al orden del tráfico en intersecciones especialmente sensibles.
"El origen de esta actuación está en una visita que hicimos a Meliana a principios de legislatura, en la que la alcaldesa Trini Montañana nos trasladó la problemática existente de esta vía cedida por el Ministerio, que supuso un problema para los ayuntamientos porque esa cesión implicaba traspasar también las competencias para mantenerla" - Reme Mazzolari, vicepresidenta segunda y diputada de Carreteras de la Diputació de València
Una solución conjunta donde cada ayuntamiento solo habría podido parchear
La alternativa a la intervención coordinada era que cada municipio actuara por su cuenta en su tramo. Habría significado parcheos sin criterio común, velocidades límite distintas de un término al siguiente y una vía que seguiría siendo, en la práctica, un problema fragmentado. La Diputació optó por otra vía: agrupar a los cuatro ayuntamientos bajo un convenio, asumir la financiación y proyectar la mejora con una visión única de principio a fin.
"La alternativa habría sido que cada ayuntamiento actuara únicamente sobre el tramo situado en su término municipal, lo que habría dificultado mucho una intervención homogénea y con una visión global" - Reme Mazzolari, vicepresidenta segunda y diputada de Carreteras de la Diputació de València
Los alcaldes presentes durante la visita compartieron ese diagnóstico, aunque cada uno lo vive desde su particular realidad. Trini Montañana, alcaldesa de Meliana, subrayó que la actuación tiene un carácter supramunicipal, pero que en su municipio quien más se va a beneficiar es el barrio de la Roca, cuya salida natural hacia Valencia es precisamente esta vía de servicio. Nicolau Claramunt, alcalde de Albalat dels Sorells, señaló que el tramo que pasa por su término da también acceso al polígono industrial de Albuixech, lo que genera un tráfico de vehículos pesados que va mucho más allá del uso local para el que fue concebida la carretera.
Sergi Ruiz, alcalde de Foios, aportó quizá la perspectiva más reveladora: su municipio solo tiene 300 metros de esta vía, pero el volumen de tráfico que soporta hace imposible mirar hacia otro lado. Además, agradeció que la Diputació se hiciera cargo de una intervención que, en su opinión, debería haber correspondido al Estado, dado que la vía discurre en paralelo a una autovía de primer orden. La concejala de Alboraia, Susana Cazorla, completó el cuadro explicando que la vía permite a los vecinos de su municipio no tener que cruzar el casco urbano para acceder a los pueblos del norte.
Qué van a hacer exactamente y durante cuánto tiempo
El proyecto contempla la renovación completa de la capa de rodadura de la vía de servicio en un tramo de aproximadamente 2,8 kilómetros, así como la mejora integral de la señalización vertical y horizontal. En los tramos más dañados se reforzará y reconstruirá también la base del firme para garantizar su durabilidad a largo plazo, no solo una mejora superficial que vuelva a degradarse en pocos años.
La intervención incluye medidas específicas para aumentar la seguridad en curvas con alta siniestralidad y en accesos utilizados por vehículos pesados vinculados a la actividad agrícola e industrial de la zona. Se instalarán nuevas limitaciones de velocidad, prohibiciones de adelantamiento, bandas transversales de alerta y se repondrán barreras de seguridad y elementos de contención en los puntos más críticos.
La actuación, financiada por la Diputació de València mediante un convenio entre los cuatro municipios implicados, obligará a cortar tramos de la carretera y provocará afecciones puntuales al tráfico en Alboraia, Meliana, Foios y Albalat dels Sorells. Las obras se ejecutarán en tres fases para mantener el acceso a las actividades económicas del entorno, especialmente a las empresas de la industria agroalimentaria que dependen de esta vía para su operativa diaria. El plazo total previsto es de tres meses.
Hay algo que esta actuación pone de manifiesto más allá del asfalto nuevo y las señales repintadas: la dificultad que tienen los municipios pequeños para mantener infraestructuras que el tiempo y el uso han convertido en algo mucho más grande que ellos. Una vía concebida para agricultores se convirtió, sin que nadie lo planificara del todo, en una conexión esencial para trabajadores, camiones y vecinos de cuatro pueblos. Que cuatro ayuntamientos y una diputación hayan decidido afrontarlo de manera conjunta, con una sola obra y un único criterio, es exactamente el tipo de respuesta que ese tipo de infraestructuras improvisadas necesita para no convertirse, con el tiempo, en un problema todavía mayor.

