Cuentos, memoria y raíces: la Generalitat Valenciana combate el despoblamiento rural con un programa que une a niños y mayores en seis pueblos del interior

La Generalitat concluye su primer programa intergeneracional contra la despoblación rural, con más de 400 participantes en seis municipios valencianos

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Una cuentacuentos leyendo 'Un deseo y cinco guardianes. El origen de Los Verdegales' a unos niños
Una cuentacuentos leyendo 'Un deseo y cinco guardianes. El origen de Los Verdegales' a unos niños
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Invertir en carreteras o mejorar los servicios públicos son las respuestas habituales al drama del despoblamiento rural. Pero, ¿qué ocurre cuando un pueblo pierde algo más difícil de recuperar que una línea de autobús? ¿Qué pasa cuando se desvanece la memoria, el orgullo de pertenecer a un lugar, el vínculo emocional que hace que alguien quiera quedarse —o volver—? La Generalitat Valenciana ha intentado responder a esa pregunta con una iniciativa que no se parece a ninguna otra: un programa que une a niños, familias y personas mayores alrededor de un cuento para que los pueblos no olviden quiénes son.

Un programa pionero para atajar la despoblación desde la identidad

La Vicepresidencia Segunda y Conselleria de Presidència ha concluido la primera edición del Programa de Identidad Intergeneracional en Municipios en Riesgo de Despoblamiento, una iniciativa desarrollada en colaboración con Habilinatura que ha recorrido seis localidades de las tres provincias valencianas y ha alcanzado más de 400 participaciones directas. El resultado sitúa al programa en el mapa de las respuestas más originales al reto demográfico en España.

El contexto no puede ser más urgente. Según el Plan Integral para el Reto Demográfico de la Comunitat Valenciana 2026-2030, unos 140 municipios valencianos viven con la "realidad constante" del despoblamiento: localidades pertenecientes al ámbito rural que representan la cuarta parte del total de poblaciones a nivel autonómico y que experimentan desde hace décadas una pérdida de población de manera "regular" y "continua". Y el problema no es solo de cifras: de los 542 municipios de la Comunitat Valenciana, 172 muestran un índice de envejecimiento superior al 250%, lo que dibuja no solo pueblos que se vacían, sino comunidades que envejecen sin relevo generacional a la vista.

Frente a esa realidad, el Programa de Identidad Intergeneracional no apuesta por las infraestructuras ni por las subvenciones directas. Su enfoque es otro: la creación de vínculos emocionales con el territorio, el fortalecimiento de la identidad local y el orgullo de pertenecer a un pueblo con cultura, historia y una forma de vida propias. Un planteamiento que reconoce, implícitamente, que ninguna autopista retiene a quien no siente que tiene algo que conservar.

"El objetivo es resaltar la importancia de preservar los valores y la esencia de vivir en un pueblo mediante la transmisión a los niños de los conocimientos de las personas mayores, que proceden, a su vez, de sus antepasados, para evitar que se pierdan y favorecer así el relevo entre generaciones.", ha explicado José Antonio Redorat, director general de Administración Local de la Generalitat Valenciana.

Un cuento nacido en Torralba del Pinar que viajó por seis municipios

El hilo conductor del programa es un cuento titulado 'Un deseo y cinco guardianes. El origen de Los Verdegales', cuyos personajes representan los elementos de la naturaleza. La clave de su diseño es la adaptabilidad: el relato puede moldearse a cada localidad para que los niños descubran y valoren su propio paisaje, su patrimonio y su historia. No es un cuento genérico sobre la vida rural; es, en cada pueblo, el cuento de ese pueblo.

La primera sesión se celebró el 6 de abril en Torralba del Pinar, municipio donde nació el propio relato y que lo inspiró con su paisaje, su historia y las vivencias de sus vecinos. El acto reunió a alrededor de 200 personas, entre ellas una treintena de niños y niñas, además de familias, vecinos y personas mayores. Una reunión vecinal convertida en acto cultural y, también, en declaración de intenciones.

Desde allí, el programa se extendió a los aularios de tres escuelas rurales: Vall de Almonacid, perteneciente al CRA Palancia-Espadán; Calles, integrado en el CRA La Serranía; y Planes, perteneciente al CRA L'Encantada. En total, 48 alumnos participaron en las sesiones celebradas en estos tres centros. Las actividades abiertas a la población completaron el recorrido: cerca de 30 personas se reunieron en Algimia de Almonacid, entre 80 y 100 acudieron en Chelva, y alrededor de 50 lo hicieron en Planes.

Cuando las plazas del pueblo se convierten en aulas de memoria viva

Uno de los aspectos más llamativos del programa es su escenario: las plazas y otros espacios públicos de los municipios se transforman en puntos de encuentro donde el aprendizaje ocurre entre generaciones y al aire libre. Los niños conocen las historias y costumbres de sus municipios; los adultos acompañan las actividades; y las personas mayores comparten recuerdos, palabras, tradiciones y conocimientos relacionados con la vida en los pueblos. Tres franjas de edad, un mismo espacio, un intercambio que difícilmente puede reproducirse en un aula convencional.

"Uno de los principales resultados del programa ha sido precisamente su capacidad para propiciar la convivencia entre generaciones.", ha añadido José Antonio Redorat, director general de Administración Local de la Generalitat Valenciana.

La iniciativa parte de una premisa sencilla pero poderosa: el arraigo no se decreta ni se subvenciona; se construye desde la infancia, a través de la memoria compartida y del sentido de pertenencia. En un contexto en el que el 40% de los municipios de la Comunitat tienen menos de 1.000 habitantes —la mayoría apenas alcanza los 500 residentes— y se trata de pueblos habitualmente localizados en las comarcas del interior o en áreas de montaña mediterránea, este tipo de intervenciones apuntan a algo que las estadísticas no recogen fácilmente: la voluntad de quedarse.

La primera edición ha concluido, pero el programa deja una pregunta abierta —y esperanzadora— en el aire: si un cuento bien contado puede hacer que un niño sienta que su pueblo merece ser defendido, quizá la mejor política contra el vaciamiento rural no sea la que se escribe en un boletín oficial, sino la que se narra al caer la tarde en una plaza de pueblo.