La Comunidad Valenciana crecerá en población durante la próxima década, pero lo hará a un ritmo muy desigual según la edad. Las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística (INE) apuntan a un escenario especialmente relevante para empresas, trabajadores y sistemas de protección social: entre 2030 y 2040, la población de 16 a 64 años aumentará en 123.622 personas, un 3,2%, mientras que los mayores de 64 años sumarán 369.046, un 28,8%.
Dicho de otra manera, por cada nuevo habitante en edad laboral, la Comunidad Valenciana incorporará aproximadamente tres personas mayores de 64 años. Y aunque la población potencialmente activa seguirá creciendo ligeramente en el conjunto de la década, alcanzará su máximo alrededor de 2035 y comenzará después a retroceder.
En concreto, las personas de entre 16 y 64 años pasarán de 3.618.595 en 2026 a 3.960.022 en 2035. A partir de ese momento comenzará un ligero descenso, hasta situarse en 3.956.333 en 2040. Serán 3.689 personas menos que en 2035, aunque todavía 123.622 más que en 2030.
La evolución de la población sénior será muy diferente. Entre 2030 y 2040, el número de personas mayores de 64 años pasará de unos 1,28 millones a 1,65 millones. Este contraste anticipa una de las grandes preguntas de la próxima década: ¿quién ocupará los puestos de trabajo que dejen vacantes las generaciones que se jubilen?

Un mercado laboral con menos relevo generacional
El problema no es únicamente que aumente la población mayor. La cuestión fundamental está en el relevo entre generaciones. Las cohortes nacidas durante los años sesenta y setenta, especialmente numerosas, irán abandonando progresivamente la franja convencional de edad laboral al superar los 64 años. Al mismo tiempo, las generaciones que se incorporen al mercado laboral serán menos numerosas como consecuencia de la baja natalidad registrada en las últimas décadas.
Esto puede generar una brecha creciente entre las personas que salen del mercado laboral y quienes llegan para sustituirlas. El resultado será una mayor dificultad para cubrir determinadas vacantes y, previsiblemente, una presión adicional para las empresas a la hora de captar y retener profesionales.
La transformación, además, no será homogénea en toda la Comunitat Valenciana. Alicante pasará de 2,23 millones de habitantes en 2030 a 2,44 millones en 2040, mientras que su población de 65 años o más crecerá un 30,8%. Castellón experimentará un aumento similar del colectivo sénior, del 30,9%, mientras que Valencia registrará un crecimiento del 26,8%. El envejecimiento será, por tanto, una tendencia común a las tres provincias, aunque con distinta intensidad.
El talento sénior será imprescindible para las empresas
Ante este escenario, una de las claves estará en dejar de considerar la edad como una desventaja laboral. El talento sénior tendrá un peso estructural en el mercado de trabajo valenciano: las personas de entre 50 y 64 años representarán más de un tercio de la población potencialmente activa durante todo el periodo analizado.
En 2026 suponen el 34,1% de la población de 16 a 64 años. El porcentaje llegará al 35,1% en 2035 y se situará en el 34,5% en 2040.
Además, actualmente las personas de 50 a 64 años son un 30,9% más numerosas que las de 20 a 34 años. Aunque esta diferencia se reducirá hasta el 22,6% en 2040, el colectivo sénior continuará siendo más numeroso que el joven durante todo el horizonte de las proyecciones.
Para las empresas, esto convierte la gestión del talento sénior en una cuestión estratégica. Retener profesionales con experiencia, facilitar su actualización de competencias y combatir el edadismo será cada vez más importante para evitar la pérdida de conocimiento y cubrir necesidades de personal.

Francisco Mesonero, director general de la Fundación Adecco y de sostenibilidad de The Adecco Group, subraya que el desafío demográfico obliga a ampliar la base de talento disponible y situar la inclusión en el centro de la respuesta. A su juicio, no será suficiente con prolongar las carreras profesionales: también habrá que activar el talento de personas que hoy encuentran barreras para acceder al empleo, impulsar la formación y reducir el desajuste entre las competencias disponibles y las que necesitan las empresas.
La respuesta tendrá que ser, por tanto, mucho más amplia. Inclusión laboral, formación continua, migración, digitalización e inteligencia artificial formarán parte de una misma estrategia para afrontar la escasez de profesionales.
También será necesario crear trayectorias laborales más largas y sostenibles. La permanencia en el empleo no dependerá únicamente de la edad legal de jubilación, sino de que existan puestos adaptados, flexibilidad, prevención de riesgos, actualización digital y posibilidades reales de transición hacia la jubilación.
La inmigración, por su parte, puede contribuir a ampliar la fuerza laboral, pero requerirá una conexión más precisa con las necesidades del mercado: formación en origen, reconocimiento de competencias, homologación de titulaciones y políticas eficaces de integración.
Al mismo tiempo, España tendrá que aprovechar mejor el talento que permanece fuera del mercado laboral. Personas con discapacidad, mujeres en riesgo de exclusión, desempleados de larga duración y trabajadores con menor cualificación pueden convertirse en una reserva estratégica de profesionales si cuentan con orientación, formación, accesibilidad y acompañamiento adecuados.
La productividad será otra pieza fundamental. La automatización, la digitalización y la inteligencia artificial pueden ayudar a que las empresas hagan más con una fuerza laboral que crecerá mucho menos que la población sénior. El objetivo no será sustituir personas, sino complementar sus capacidades y liberar tiempo para tareas de mayor valor.
La demografía valenciana, en definitiva, está cambiando las reglas del mercado laboral. La cuestión ya no es si habrá suficientes trabajadores, sino cómo conseguir que todo el talento disponible pueda participar, mantenerse actualizado y aportar valor durante más tiempo.


