Un edificio de tres plantas, un túnel subterráneo y un acelerador de partículas capaz de atacar tumores con precisión milimétrica. Así es, a grandes rasgos, el futuro centro de protonterapia que la Conselleria de Sanidad de la Comunitat Valenciana está construyendo junto al Hospital Universitari i Politècnic La Fe de Valencia. No es ciencia ficción: es la infraestructura sanitaria más ambiciosa que arrancará en la red pública valenciana en los próximos años, y su puesta en marcha podría transformar la vida de pacientes oncológicos —incluidos niños— que hoy no tienen acceso a este tipo de tratamiento en la sanidad pública española.
Tres plantas para salvar vidas: cómo se organiza el edificio
El diseño del centro no es arbitrario. Cada nivel cumple una función precisa dentro de una cadena asistencial pensada para que el paciente oncológico encuentre todo lo que necesita en un mismo espacio integrado. La planta baja será el corazón clínico del edificio, donde se ubicará el búnker que albergará el acelerador de protones, la pieza técnica más crítica de toda la instalación. A su alrededor se distribuirán las consultas, los boxes de preparación y, en un detalle que revela una sensibilidad poco habitual en la arquitectura hospitalaria, tres áreas de espera diferenciadas según la edad del paciente: una pediátrica, otra para adolescentes y una tercera para adultos. También en esta planta se instalará la sala de dosimetría, donde los físicos médicos calcularán con exactitud la dosis de radiación que recibirá cada paciente.
En el subsuelo, una planta sótano de casi 1.600 metros cuadrados dará cabida a las infraestructuras de soporte: equipamientos técnicos, sistemas de reserva, una sala de docencia y un aparcamiento. Por encima de la planta clínica, la primera planta estará reservada al personal técnico especializado y a los equipos de la empresa suministradora de la tecnología, junto con la mayor parte de las instalaciones del edificio. Una organización vertical en la que cada nivel tiene su razón de ser: asistencia abajo, soporte en el sótano, operación especializada arriba.
El conjunto no funcionará como una isla. Un paso subterráneo conectará directamente el nuevo centro con el actual servicio de Oncología Radioterápica del Hospital La Fe, garantizando la continuidad de la atención y la coordinación entre los equipos médicos. Además, el diseño incorpora un patio verde central como elemento de humanización, pensado para el bienestar emocional de quienes pasen semanas o meses en tratamiento.
Una inversión de más de 50 millones entre la Generalitat y Amancio Ortega
Detrás de este proyecto hay dos grandes fuentes de financiación. La Generalitat Valenciana asume la inversión en obra y mantenimiento: la construcción del nuevo edificio ha sido adjudicada por 21,5 millones de euros. El equipamiento, por su parte, ha sido sufragado por la Fundación Amancio Ortega, cuya donación para este centro asciende a 29,04 millones de euros, dentro del ambicioso Programa para la Implantación de la Protonterapia en el Sistema Nacional de Salud.
En octubre de 2021, la Fundación Amancio Ortega acordó con el Gobierno de España y varias comunidades autónomas una donación de 280 millones de euros para instalar diez aceleradores de protones en el sistema público de salud. Los equipos se distribuirán entre Galicia, Cataluña, País Vasco, Madrid, Andalucía, Valencia e Islas Canarias. Valencia es, por tanto, una de las comunidades beneficiarias de un programa sin precedentes en la historia de la oncología pública española.
En España, en la actualidad, solo hay dos centros que proporcionan tratamiento de terapia con protones, ambos privados: uno en el centro hospitalario Quirón de Pozuelo de Alarcón, en funcionamiento desde 2019, y el segundo en la Clínica Universidad de Navarra, operativo desde 2020. Que un paciente valenciano de la sanidad pública pueda acceder a esta tecnología sin pagar de su bolsillo es, todavía, una promesa. Pero cada vez más cercana.
¿Qué es exactamente la protonterapia y por qué importa tanto?
La protonterapia utiliza haces de protones acelerados a alta energía, dirigidos con precisión milimétrica contra el tumor, donde depositan la mayor parte de su energía. Esta liberación concentrada minimiza la dosis a los tejidos que rodean al tumor y reduce el riesgo de desarrollo de tumores secundarios. En términos prácticos: se destruye el tumor sin arrasar el entorno. Una ventaja que, en el caso de los niños, puede marcar la diferencia entre curar el cáncer y dejar secuelas de por vida en órganos en desarrollo.
Especialmente indicada para el tratamiento del cáncer en niños y tumores de difícil acceso, la protonterapia es la tecnología disponible más precisa y más avanzada para luchar contra el cáncer mediante radioterapia. Aproximadamente un 2-3% de los pacientes diagnosticados con cáncer son candidatos para este tratamiento. El porcentaje puede parecer pequeño, pero cuando se habla de decenas de miles de diagnósticos anuales, cada punto porcentual representa vidas concretas.
Fecha clave: agosto de 2027, el primer paciente
El calendario previsto es ajustado pero realista. La previsión es que tanto la obra como la instalación del equipamiento finalicen a finales de mayo de 2027 o principios de junio. Después vendrán dos meses de calibración y verificación técnica de los equipos, una fase imprescindible para garantizar la seguridad y precisión del tratamiento. Si todo avanza según lo planificado, el primer paciente podría ser tratado en agosto de 2027.
Solo dos centros del programa nacional tienen fecha prevista de funcionamiento confirmada: Galicia en 2026 y Cataluña en 2028, debido a retrasos por aumento de costes, problemas administrativos y demoras en licitaciones. Valencia, con su hoja de ruta ahora más definida, aspira a sumarse a ese grupo con un calendario propio que, de cumplirse, situaría al centro en pleno rendimiento en el tramo final de esa misma década. Con la incorporación de estos diez primeros equipos, la sanidad española se situará en el grupo de cabeza entre los países que cuentan con esta tecnología y tendrá la capacidad de tratar cada año a miles de pacientes cerca de su lugar de residencia. Para muchas familias valencianas, eso significa no tener que desplazarse cientos de kilómetros para buscar una esperanza que, dentro de poco, podrán encontrar mucho más cerca de casa.
