El president de la Generalitat Valenciana, Juanfran Pérez Llorca, viajó a Bruselas con una agenda cargada y dos urgencias sobre la mesa: salvar el campo valenciano de los tijeras europeas y blindar a una industria cerámica que no quiere que la traten como si fuera una acería. La reunión con el vicepresidente tercero del Parlamento Europeo, Esteban González Pons, marcó el inicio de una jornada de intensa diplomacia institucional en la capital comunitaria.
Una PAC que preocupa, y mucho
El quid de la cuestión agraria es una cifra que pone los pelos de punta al sector: un posible recorte de más del 23% en los fondos de la Política Agraria Común (PAC) para el próximo período de programación 2028-2034. Según La Unió Llauradora i Ramadera, el volumen de gasto comprometido para ese período sería de 295.699 millones de euros, lo que representa 90.067 millones de euros menos, un recorte del 23,4%. Para la Comunitat Valenciana, eso no es un dato abstracto: significaría perder 52 millones de euros al año en ayudas y poner en peligro el futuro de 300.000 hectáreas de cultivo, una superficie equivalente al 60% del total actualmente trabajado.
Pérez Llorca no ocultó su preocupación ante González Pons y advirtió que semejante recorte "podría hacer un daño irreparable a nuestra agricultura". No es retórica vacía: cerca de 17.500 agricultores valencianos, casi la mitad del total, superan los 65 años , y la nueva propuesta de Bruselas los excluiría directamente de las ayudas. Un golpe en la línea de flotación para un modelo agrario que lleva generaciones construyéndose.
"Esta medida golpea de lleno a la Comunitat Valenciana, donde cerca de 17.500 agricultores, casi la mitad del total, superan los 65 años" - Miguel Barrachina, conseller de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca de la Generalitat Valenciana
Junto al conseller de Agricultura, Miguel Barrachina, el president planteó también la necesidad de una PAC con menos burocracia y más sentido práctico. Las asociaciones del sector denuncian que los fondos no solo se han recortado, sino que el nuevo planteamiento deja fuera a miles de agricultores y obliga a los pequeños productores a contratar ayuda externa para cumplir con imposiciones como el cuaderno digital. Más papeleo, menos dinero: la fórmula perfecta para acelerar el abandono del campo.
Competencia desleal en los mercados y el ejemplo de la carne brasileña
Otro frente en el que Pérez Llorca quiso avanzar en Bruselas es el de los tratados comerciales. La idea es sencilla aunque políticamente compleja: que los productos valencianos puedan competir en igualdad de condiciones en los mercados europeos. Para ilustrarlo, el president puso sobre la mesa un ejemplo concreto y señaló que los productos cárnicos procedentes de Brasil "van a estar más controlados y limitados a partir del mes de septiembre", algo que valoró positivamente.
La petición de mayor control sobre las importaciones va acompañada de otra propuesta más ambiciosa: la creación de una marca o sello de calidad europeo y valenciano que ofrezca mayor seguridad al consumidor. Una suerte de escudo de garantías que diferencie en el lineal del supermercado lo que se produce con estándares europeos de lo que llega de mercados con reglas menos exigentes.
La cerámica valenciana pide un trato diferenciado
Si el campo ocupa la primera plana de las preocupaciones del Consell en Europa, el sector cerámico no se queda atrás. A la larga lista de frentes en los que batalla la economía valenciana se suma el reto de la descarbonización impulsada desde Bruselas. Pérez Llorca reconoció que "hay que seguir mejorando y adaptándonos a las medidas para proteger el medio ambiente", pero puso el acento en algo fundamental: la cerámica no es el acero ni el cemento. Sus características productivas y su nivel de desarrollo tecnológico la hacen, según el president, incomparable con otras industrias, y por eso reclama un calendario realista y una regulación específica que no aplique el mismo rasero a realidades muy distintas.
Es una demanda de sentido común industrial: que Bruselas entienda que no todos los sectores pueden descarbonizarse al mismo ritmo ni con las mismas herramientas. La cerámica valenciana, concentrada especialmente en la provincia de Castellón, es una de las principales productoras del mundo, y cualquier normativa que no contemple sus particularidades puede resultar en una desventaja competitiva frente a fabricantes de fuera de la UE que no juegan con las mismas reglas medioambientales.
Una agenda europea con varios frentes abiertos
La reunión con González Pons fue solo el punto de partida. Pérez Llorca tenía previsto trasladar estas mismas peticiones al comisario europeo de Agricultura, Christophe Hansen, así como al embajador de España ante Bélgica, José María Rodríguez Coso, y al representante adjunto permanente de España ante la UE en materias de industria y medio ambiente, Oriol Escala. Una agenda de altura que revela la voluntad del Ejecutivo valenciano de no conformarse con gestos simbólicos y buscar compromisos concretos en los despachos donde se toman las decisiones.
El president se mostró optimista al término de sus reuniones. Dos sectores, el agrario y el cerámico, que juntos vertebran buena parte de la economía y la identidad de la Comunitat Valenciana, necesitan que Bruselas los escuche no como estadísticas de un marco presupuestario, sino como realidades vivas cuyo futuro depende, en parte, de lo que se decida a miles de kilómetros de los campos de naranjos y las fábricas de azulejos.


