Valencia lleva a Bruselas la batalla por el agua: el regadío mediterráneo reclama su sitio en la agenda europea

El conseller Barrachina viaja a Bruselas los días 29 y 30 de junio para defender ante la UE el agua y el regadío valenciano.

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Barrachina en Bruselas
Barrachina en Bruselas
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Cuando llueve en Valencia, puede hacerlo de forma devastadora. Cuando no llueve, el campo se seca y la cosecha se pierde. Este dilema, tan antiguo como la propia agricultura mediterránea, llega esta semana hasta las instituciones de la Unión Europea de la mano del conseller de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca, Miguel Barrachina, que viaja a Bruselas los días 29 y 30 de junio junto a la Federación de Comunidades de Regantes de la Comunitat Valenciana (FECOREVA) para poner sobre la mesa algo que, según los propios responsables valencianos, Europa todavía no comprende del todo: el agua no se vive igual en todos los territorios del continente.

La agenda es densa y deliberadamente institucional. Reuniones con el Comité de las Regiones, con la Representación Permanente de España ante la UE y con funcionarios de la Comisión Europea. El colofón llega el martes 30 de junio, con la participación de Barrachina en una mesa redonda en el Parlamento Europeo bajo el título "El futuro del regadío mediterráneo en Europa: garantizar competitividad, sostenibilidad y seguridad alimentaria". No es un viaje de protocolo. Es una ofensiva diplomática en toda regla para que el modelo de regadío valenciano no quede sepultado bajo una política hídrica diseñada para realidades climáticas muy distintas a las del sur.

Sequía e inundaciones: las dos caras del mismo problema

La paradoja valenciana tiene nombre propio: la misma tierra que sufre periodos de sequía extrema es también la que vivió en noviembre de 2024 una de las peores catástrofes naturales de la historia reciente de España. La singularidad mediterránea, con alternancia rápida entre sequías prolongadas y episodios torrenciales e inundaciones, obliga a gestionar escenarios extremos opuestos en plazos muy cortos. Es precisamente esa dualidad la que Barrachina quiere que Europa entienda y para la que reclama una respuesta política adaptada.

"Son dos caras de un mismo problema hídrico y las dos exigen planificación, ciencia, reutilización, modernización y obras hidráulicas" - Miguel Barrachina, conseller de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca de la Comunitat Valenciana

La reclamación no es nueva, pero el momento sí es especialmente oportuno. Bruselas afronta una contradicción compleja: por un lado, la Política Agraria Común continúa sosteniendo sectores estratégicos para la seguridad alimentaria europea y para la cohesión territorial; por otro, el actual contexto climático obliga a replantear cultivos, sistemas de regadío y modelos de explotación. En ese debate abierto, la Comunitat Valenciana quiere tener voz y voto.

El agua como cuestión de seguridad alimentaria

Europa sigue siendo una de las principales potencias agroalimentarias del mundo, pero gran parte de su producción depende de sistemas intensivos de agua. La agricultura consume aproximadamente el 70% del agua dulce utilizada en determinadas regiones mediterráneas. En ese contexto, garantizar el suministro hídrico para el regadío no es solo una cuestión agraria: es, en palabras del propio conseller, una condición sine qua non para que existan pueblos vivos.

"Sin agua no hay agricultura, sin agricultura no hay industria agroalimentaria y sin campo no hay pueblos vivos" - Miguel Barrachina, conseller de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca de la Comunitat Valenciana

El argumento conecta directamente con el debate europeo sobre soberanía alimentaria. La reclamación incluye la aplicación efectiva de cláusulas espejo, mayores controles en frontera y una Política Agraria Común post-2027 dotada de recursos suficientes para garantizar la rentabilidad y la competitividad del campo mediterráneo. A nivel nacional, hasta 2027 se movilizarán más de 2.500 millones de euros para la modernización del regadío, consolidando un sistema que contribuye de manera decisiva a la seguridad alimentaria. La Comunitat Valenciana quiere asegurarse de que ese impulso inversor también encuentre respaldo en las directrices que emanan de Bruselas.

Una agenda con nombres y apellidos

El primer día de visita, el 29 de junio, arrancará en el Comité de las Regiones con José Fonseca, jefe de unidad para la Comisión ENVE —la encargada de las políticas europeas vinculadas a medio ambiente, clima, agua y territorio—. Después, el conseller se sentará con Juan Hernández, consejero de Política Territorial, y Rocío Wojski Pérez, consejera de Agricultura, en la Representación Permanente de España ante la UE. La jornada se cerrará con una reunión técnica en la Comisión Europea con Isaac Ojea Jiménez, responsable de la unidad de Gestión Sostenible del Agua de la Dirección General de Medio Ambiente, e Isidro Campos Rodríguez, de la unidad de Sostenibilidad Medioambiental de la Dirección General de Agricultura.

Son conversaciones que transcurren lejos del foco mediático, pero que pueden condicionar decisiones con impacto directo sobre miles de agricultores valencianos. El acceso al agua ya no puede darse por sentado, lo que afecta a la ciudadanía, a las empresas y al medio ambiente. Europa es el continente en el que las temperaturas aumentan más rápidamente debido al cambio climático, y los efectos de este fenómeno —calor extremo, inundaciones catastróficas, sequías prolongadas— son cada vez más intensos y frecuentes, y seguirán agravándose.

La clave de la misión valenciana en Bruselas no es solo pedir más agua, sino reclamar que Europa diseñe su política hídrica reconociendo que el Mediterráneo tiene unas necesidades radicalmente distintas a las del norte del continente. Si esa distinción no queda recogida en la futura PAC, en la planificación hídrica europea o en los fondos de modernización, el campo valenciano podría pagar un precio muy alto por unas normas hechas a la medida de otros climas.