Casi un año después de que el río Magro convirtiera las calles de Utiel en un torrente de fango, el Consell ha dado luz verde a una inversión de 4,7 millones de euros para reparar y reforzar el tramo urbano del cauce, desde el paseo de la Alameda hasta el puente de la calle Héroes del Tollo. La declaración de emergencia aprobada permite saltarse los plazos habituales de licitación y actuar con la celeridad que la situación exige: el próximo episodio de lluvias intensas no esperará a que terminen los trámites administrativos.
Una riada sin precedentes en la memoria viva del municipio
El 29 de octubre de 2024 quedará grabado en la historia de Utiel como uno de sus días más trágicos. El río Magro comenzó a desbordarse sobre las dos de la tarde y, en cuestión de horas, la localidad quedó completamente inundada y aislada. Seis vecinos murieron ahogados, casi todos del barrio de Las Fuentes. El nivel del agua llegó a subir hasta tres metros, dejando a numerosos residentes atrapados en sus casas. Un vecino de 69 años lo resumía así días después: "Mi padre va a cumplir ahora cien años y no recuerda una riada así. Daba pánico estar aquí".
La magnitud hidráulica del fenómeno fue, sencillamente, extraordinaria. La crecida del Magro alcanzó el embalse de Forata con un caudal de entrada en los instantes de máxima avenida de algo más de 2.000 metros cúbicos por segundo, una cifra que supera incluso el caudal asociado a una avenida de periodo de retorno de 10.000 años, lo que da idea de la magnitud sin precedentes de lo ocurrido. No era un episodio extremo dentro de lo habitual: era algo que, sobre el papel, casi no debería suceder.
Muros derrumbados y un cauce que ya no funciona como antes
El paso de la dana dejó el tramo urbano del río Magro en una situación que no admite demoras. La riada provocó el desbordamiento del cauce y el colapso parcial de los muros laterales que encauzaban el río a su paso por el centro de Utiel, generando una zona de debilidad estructural que multiplica el riesgo ante cualquier nueva lluvia intensa. La declaración de emergencia aprobada por el Consell responde precisamente a esa urgencia: no se trata solo de reparar lo roto, sino de adaptar el río a unas condiciones hidráulicas que ya han cambiado para siempre.
Las obras previstas no se limitarán a reconstruir lo que existía. El proyecto contempla adecuar el cauce y mejorar su capacidad de desagüe, teniendo en cuenta además que las intervenciones deben integrarse con otras actuaciones que ya se están ejecutando en distintos puntos del tramo urbano. El objetivo es evitar lo que los ingenieros denominan "puntos de menor capacidad hidráulica": cuellos de botella que, en caso de nueva avenida, concentrarían la fuerza del agua en los tramos más débiles.
Una coordinación a tres bandas para no dejar huecos
Uno de los aspectos más relevantes de esta actuación es su enfoque coordinado. Los trabajos se desarrollarán de forma conjunta con la Confederación Hidrográfica del Júcar, el Ayuntamiento de Utiel y la Vicepresidencia Tercera y Conselleria de Medio Ambiente, Infraestructuras, Territorio y de la Recuperación, con el fin de garantizar que el cauce funcione de forma continua y coherente en toda su longitud urbana. Que cada tramo intervenido encaje con el siguiente, sin discontinuidades que puedan convertirse en futuros puntos de riesgo.
Esta coordinación no es un detalle menor. La Confederación Hidrográfica del Júcar ya ejecuta obras de emergencia en el ámbito del río Magro con un presupuesto de 44 millones de euros distribuidos en cuatro tramos que afectan a 17 términos municipales , desde Utiel hasta Algemesí. Todos estos trabajos forman parte de una de las 17 obras de emergencia declaradas por la CHJ para la reparación de los daños de la dana del 29-O, con un importe total de más de 220 millones de euros. La inversión aprobada ahora por el Consell se suma, por tanto, a un esfuerzo reconstructivo de escala excepcional.
La urgencia como herramienta jurídica
La declaración de emergencia no es solo un gesto político: tiene consecuencias prácticas inmediatas. Permite adjudicar los contratos de obra sin necesidad de pasar por los procedimientos ordinarios de licitación pública, lo que reduce los plazos de inicio de forma significativa. Ante el riesgo real de nuevas inundaciones, el tiempo que se tarde en actuar puede medirse en daños materiales o, en el peor de los casos, en vidas humanas.
Utiel ya sabe lo que cuesta perder esa carrera contra el reloj. El barrio de Las Fuentes, el paseo de la Alameda, el puente de la calle Héroes del Tollo: nombres que el 29 de octubre dejaron de ser referencias geográficas para convertirse en escenarios de una catástrofe. Que ahora esos mismos lugares sean el epicentro de la reconstrucción tiene algo de reparación simbólica, además de estructural. La pregunta que muchos vecinos se hacen, sin embargo, es si las obras estarán listas antes de que llegue el próximo otoño.


