Detrás de cada catástrofe natural hay, casi siempre, una oportunidad perdida de anticipación. La dana de octubre de 2024 lo dejó dolorosamente claro en la Comunitat Valenciana. Ahora, casi dos años después de aquella tragedia, el president de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca, ha anunciado que en los próximos meses echará a andar el Centro Mediterráneo de Inteligencia Climática (CMIC), con sede en el Centro de Investigación Príncipe Felipe de Valencia. Una infraestructura sin precedentes en Europa cuyo objetivo es transformar datos científicos en herramientas reales para prevenir futuras catástrofes.
Un centro único en Europa
La ambición del proyecto no es menor: convertirse en el primer centro regional de Europa que combine ciencia atmosférica de excelencia, inteligencia artificial e inteligencia climática aplicada a la toma de decisiones públicas. No existe hoy en el continente ningún organismo de carácter regional que integre todos estos elementos en el ámbito mediterráneo. Valencia quiere serlo.
"Actualmente no existe en Europa un organismo de carácter regional que integre ciencia atmosférica de excelencia, inteligencia climática, anticipación de riesgos complejos y apoyo directo a la toma de decisiones públicas en el ámbito mediterráneo" - Juanfran Pérez Llorca, president de la Generalitat Valenciana
El anuncio se produjo tras una reunión del jefe del Consell con el comisionado para la Recuperación, Raúl Mérida, y la investigadora Samira Khodoyar, del Centro de Estudios Ambientales del Mediterráneo (CEAM), precisamente mientras la Comunitat Valenciana vive un nuevo episodio de alerta roja. El contexto no es casual: la decisión de impulsar el centro responde a la "simple observación" de los últimos años, con catástrofes naturales que se producen "con más frecuencia", como riadas e incendios.
Ciencia que se convierte en decisión
La diferencia clave del CMIC respecto a otros organismos de investigación es su vocación práctica. La iniciativa busca transformar la información meteorológica en herramientas útiles para la toma de decisiones públicas mediante el uso de la inteligencia artificial. Dicho de otro modo: no se trata solo de saber que lloverá con intensidad, sino de saber qué hacer antes de que el agua llegue.
Entre las medidas prácticas, se contempla la creación de refugios climáticos en los cascos urbanos, la instalación de puntos de hidratación y zonas de sombra, o el diseño de parques inundables para laminar el agua en caso de lluvias torrenciales. También se abordará la mejora de las condiciones en colegios y hospitales frente a las altas temperaturas y se estudiará la orientación de las viviendas para optimizar su eficiencia energética.
El ámbito de actuación del centro abarca una amplia gama de amenazas: inundaciones, precipitaciones extremas, calor urbano, sequía, vulnerabilidad en la salud, gestión del agua, agricultura, riesgos costeros y marinos, grandes incendios, catástrofes ambientales y lo que Mérida ha bautizado como economía de la adaptación. Prácticamente todo aquello que el clima mediterráneo puede lanzar contra la población en las próximas décadas.
Un millón de euros para empezar
El CMIC dispone de una dotación inicial de un millón de euros, a cargo de la Dirección General de Calidad y Educación Ambiental, en los presupuestos de la Generalitat para este ejercicio. Una cifra que puede parecer modesta para la envergadura del reto, pero que marca el punto de partida de lo que se plantea como un proyecto con vocación europea. El proyecto contará además con la colaboración de la investigadora del CEAM Samira Khodoyar.
La iniciativa es impulsada precisamente por el CEAM, un centro de investigación, desarrollo e innovación tecnológica para la mejora del medio ambiente en el ámbito mediterráneo. Con el respaldo de la Generalitat, el CEAM ya ha desarrollado herramientas que integran datos meteorológicos y climáticos de alta resolución, diseñadas para apoyar la toma de decisiones por parte de responsables políticos, administraciones locales y sectores estratégicos como la agricultura, la gestión de los recursos hídricos, la protección civil o el turismo.
Valencia como referencia en el Mediterráneo
El proyecto no pretende quedarse dentro de las fronteras valencianas. El objetivo es monitorizar todo el mar Mediterráneo para obtener información sobre fenómenos climáticos a medio y largo plazo, y crear una red de información disponible para todos los países de la Unión Europea. La ambición es que la información generada esté a disposición de cualquier país que la necesite, incluso fuera del arco mediterráneo.
La propuesta ya ha sido presentada en varios foros europeos, entre ellos la comisión NAT y el foro ARLEM del Comité de las Regiones, donde ha recibido una favorable acogida por parte de otras regiones. En la asamblea han participado representantes de Nimes y Córcega (Francia), Roskovec (Albania), Zagreb (Croacia), Ramtha (Jordania) y Argel (Argelia), quienes han analizado la importancia de fomentar pactos entre las regiones del área mediterránea para aumentar la protección.
Hay una razón geográfica y climática de fondo para que Valencia lidere este esfuerzo: el Mediterráneo concentra hoy muchos de los riesgos que otros territorios del mundo experimentarán en las próximas décadas. Una boya de medición en Valencia está batiendo "prácticamente mes a mes el récord de la serie histórica" en temperatura del mar Mediterráneo, lo que sitúa a la región en una posición de gran vulnerabilidad. Ser los primeros en sufrir estos fenómenos también puede significar ser los primeros en saber cómo afrontarlos.
La tragedia de la dana de 2024, con todo el dolor que dejó atrás, pudo haber sembrado sin quererlo la semilla de una nueva forma de gobernar el riesgo climático en Europa. Si el CMIC logra cumplir su promesa, la Comunitat Valenciana pasaría de ser el territorio que vivió la catástrofe a ser el territorio que aprendió a anticiparla, convirtiéndose en un modelo exportable para las regiones mediterráneas que comparten sus mismos miedos ante el cambio climático.

