Cuando el fuego arrasó la comarca del Alto Palancia hace apenas unos días, la imagen del paisaje quemado dejó una lección que el conseller de Agricultura de la Generalitat Valenciana, Miguel Barrachina, no quiso dejar pasar sin subrayar: la mayor parte de la superficie calcinada en el incendio de Soneja-Azuébar correspondía a zonas de pasto y matorral, precisamente donde la actividad ganadera ha ido desapareciendo con los años. La conclusión, para él, era evidente.
Barrachina visitó la explotación Ponce Meliá, una granja de vacuno bravo en régimen extensivo ubicada en el Alto Palancia y directamente afectada por el incendio. El fuego, declarado en el término municipal de Soneja, obligó a evacuar a toda la población de Azuébar ante el avance de las llamas hacia el casco urbano. Las condiciones meteorológicas fueron extremas: temperaturas superiores a 30 grados, rachas de viento de más de 30 kilómetros por hora y una humedad relativa que apenas alcanzó el 30%. Un cóctel perfecto para el desastre, y también una prueba del coste de tener el monte abandonado.
El rebaño como cortafuegos vivo
La tesis de Barrachina no es nueva en el ámbito científico y forestal, pero sí resulta llamativa escucharla de boca de un conseller con la contundencia con la que la defendió. Para él, la ganadería extensiva no es solo una actividad económica rural: es infraestructura de prevención de incendios. Y una de las más baratas.
"Los rebaños que pastan en el monte consumen el combustible fino, rompen la continuidad vegetal y hacen que el fuego avance más despacio y sea más fácil de atacar." - Miguel Barrachina, conseller de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca de la Generalitat Valenciana
La idea de fondo es sencilla: donde hay hierba alta y matorral sin controlar, el fuego corre. Donde hay ganado que pasta, ese combustible desaparece. No hace falta una costosa infraestructura ni un equipo de operarios; basta con que el rebaño haga lo que lleva haciendo siglos. "Donde hay ganado hay cortafuegos vivos durante todo el año. Por eso proteger al pastor es prevenir el próximo incendio", insistió el conseller durante la visita.
La explotación visitada, Ponce Meliá, cuenta con 154 bóvidos de vacuno bravo en régimen extensivo y está orientada a la reproducción para carne. Es el tipo de granja que, según Barrachina, merece ser no solo mantenida, sino ampliada y modernizada.
Más dinero, menos burocracia y tecnología para el pastor
La visita no fue solo un gesto simbólico. El conseller aprovechó para detallar el paquete de medidas con el que la Conselleria pretende dar músculo económico a este sector. La Generalitat ha más que duplicado las ayudas de competitividad ganadera, con 8.987.596 euros concedidos a 446 ganaderos. Además, la orden de modernización vigente permite alcanzar hasta el 80% de ayuda pública para recuperar el potencial productivo dañado por una catástrofe natural con reconocimiento oficial, como es el caso del incendio de Soneja-Azuébar.
Barrachina también defendió la apuesta por la tecnología como aliada del ganadero extensivo. El vallado virtual —un sistema que combina collares GPS, sensores y software de gestión— permite localizar el rebaño en tiempo real, delimitar zonas de pasto sin necesidad de construir cercas físicas, detectar celos y partos, y alertar de posibles enfermedades. Dicho de otro modo: el pastor del siglo XXI puede gestionar su rebaño desde una pantalla sin renunciar al modelo de pastoreo tradicional.
El relevo generacional, la otra gran batalla
Pero la mayor amenaza para la ganadería extensiva no es la sequía ni la burocracia: es la falta de relevo. Muchas explotaciones cierran no porque no sean rentables, sino porque no hay nadie dispuesto a hacerse cargo de ellas cuando el titular se jubila. Para atajar ese problema, el Consell ha aprobado el Impuesto de Transmisiones Patrimoniales (ITP) a cero en la transmisión íntegra de explotaciones de ganadería extensiva, una medida pensada para que el traspaso de una granja no acabe encarecido por una factura fiscal que desanime al comprador o al heredero.
Los datos de incorporación de jóvenes al sector apuntan a que algo está cambiando. Las ayudas a nuevas incorporaciones de la Generalitat han facilitado 548 altas, con una inversión de 27,44 millones de euros. De ellas, 126 corresponden a actividad ganadera y suman 11.680 cabezas de ovino-caprino en extensivo. En la provincia de Castellón se han registrado 162 incorporaciones, con 8,57 millones de euros movilizados; y en el Alto Palancia —la comarca golpeada por el incendio— se han producido 29 incorporaciones, de las que 19 son ganaderas.
El incendio de Soneja-Azuébar ha dejado, como casi todos los grandes fuegos, una cicatriz en el paisaje y una pregunta sin responder del todo: ¿podría haber sido menor si el monte hubiera estado más vivo? Para Barrachina, la respuesta es sí. Y la solución, paradójicamente, no pasa por más aviones ni más retardante, sino por apostar por quienes llevan siglos siendo los primeros en cuidar el territorio: los ganaderos y sus rebaños.

