Siete meses después de que la DANA del 29 de octubre de 2024 arrasara vidas, hogares, negocios y tierras en 103 municipios valencianos y dejara 229 víctimas mortales y varios desaparecidos , València acoge estos días un encuentro que pone sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿estamos realmente preparados para la próxima catástrofe? Los Consejos Económicos y Sociales (CES) autonómicos y el de España se han reunido en la ciudad hasta el 22 de mayo en un foro que va más allá del debate técnico y aterriza en una reflexión colectiva sobre cómo gobernar lo imprevisible.
El diálogo social como punto de partida
La sesión inaugural del encuentro contó con la presencia del vicepresidente segundo del Consell y conseller de Presidencia, José Díez, quien subrayó el compromiso del Gobierno valenciano con el diálogo permanente entre instituciones, agentes económicos y sociales. Para Díez, los CES no son simples organismos consultivos: son espacios donde "se contrastan enfoques, se debaten propuestas y se fomenta el diálogo desde la pluralidad y el interés general". Una declaración de intenciones que adquiere especial peso en una comunidad que todavía cicatriza las heridas de la mayor catástrofe natural de su historia reciente.
"La cooperación entre administraciones, la coordinación de los servicios públicos y la implicación responsable de la ciudadanía son elementos esenciales para proteger a las personas y reducir el impacto de este tipo de emergencias." - José Díez, vicepresidente segundo del Consell y conseller de Presidencia de la Generalitat Valenciana
También participaron en la inauguración el presidente del CES de España, Antón Costas, y el presidente del CES de la Comunitat Valenciana, Fernando Móner. Su presencia conjunta simboliza precisamente aquello que el foro defiende: que los grandes desafíos se abordan mejor cuando se suman voces y perspectivas distintas.
La DANA como punto de inflexión
No es casualidad que la primera sesión de trabajo llevara por título 'Respuestas ante situaciones de emergencia'. La DANA que golpeó el litoral mediterráneo español a finales de octubre de 2024 dejó un rastro de destrucción sin precedentes en la Comunitat Valenciana. Entre la mañana del 29 y la madrugada del 30 de octubre se acumularon más de 600 litros por metro cuadrado en puntos del interior de Valencia, más que la precipitación media anual de muchas zonas. La crecida arrasó más de 11.000 viviendas y afectó a 48.700 negocios, truncando el futuro económico de más de 264.000 personas. Una catástrofe de esa escala no se olvida fácilmente, y tampoco debería.
En ese marco, intervinieron en la sesión el conseller de Emergencias e Interior, Juan Carlos Valderrama, y los alcaldes de dos municipios directamente golpeados por la riada: Ricardo Gabaldón, de Utiel, y Eva Sanz, de Benetússer. Quienes vivieron la emergencia desde el terreno compartieron mesa con quienes diseñan las políticas. Una combinación inusual y necesaria.
Díez fue directo al hablar de la DANA: una experiencia que, en sus palabras, "nos ha demostrado que ninguna institución puede afrontar por sí sola situaciones de esta magnitud y complejidad". No es solo una reflexión filosófica. Es la constatación de algo que quedó en evidencia cuando las aguas llegaron más rápido que las alertas y cuando cerca de 36.600 vecinos tuvieron que ser rescatados mientras las calles se convertían en ríos.
Antes, durante y después: un modelo de gestión integral
El conseller Valderrama llevó al encuentro una visión estructurada de lo que debe ser la gestión de emergencias en el siglo XXI. La seguridad y la protección civil, argumentó, no pueden tratarse como reacciones puntuales ante el desastre, sino como una política territorial permanente que descanse sobre seis pilares: planificación territorial, inversión pública, formación ciudadana, investigación e innovación, coordinación institucional y cultura económica y social del entorno.
"Cualquier emergencia pone a prueba la solidez de una sociedad entera." - Juan Carlos Valderrama, conseller de Emergencias e Interior de la Generalitat Valenciana
El modelo que propone Valderrama se articula en tres tiempos: antes de la catástrofe, con prevención, planificación y formación; durante, con coordinación, mando y medios operativos; y después, con recuperación, aprendizaje y mejoras permanentes. Un esquema que suena lógico sobre el papel, pero que la DANA demostró que no siempre se aplica con la misma eficacia en cada fase. Hoy, las obras avanzan, pero el cambio más profundo quizá sea cultural: la catástrofe ha obligado a repensar la relación entre agua, territorio y clima.
La resiliencia como objetivo compartido
El vicepresidente Díez también insistió en la necesidad de avanzar en "prevención y formación a través de planes eficaces" y en mejorar los mecanismos de coordinación entre administraciones. Prepararse, dijo, "no solo permite actuar con mayor rapidez y eficacia, sino también reducir los daños humanos, sociales y económicos". Una frase que, dicha en València y con la DANA como referencia inmediata, no suena a retórica política sino a compromiso urgente.
El encuentro anual de los CES se convierte así en algo más que un espacio de intercambio institucional. Es, en cierta medida, el intento colectivo de convertir el trauma en aprendizaje. Lo que entonces fue caos, ahora se espera que se traduzca en planificación. Si las instituciones, los agentes sociales y los responsables políticos logran que esa transformación sea real y duradera, quizá la próxima emergencia encuentre a la sociedad valenciana —y española— un poco mejor preparada para resistirla.


