Un siglo de cine radical: la Filmoteca Valenciana dedica una retrospectiva completa a Pere Portabella antes de que cumpla 100 años

La Filmoteca Valenciana programa el ciclo 'Acció Portabella' del 6 de octubre de 2026 al 11 de febrero de 2027, con toda su filmografía.

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 Acció Portabella
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Hay cineastas que hacen películas y cineastas que cambian la manera de entender el cine. Pere Portabella pertenece a la segunda categoría. Nacido en Figueres el 11 de febrero de 1927, este productor y director catalán lleva más de seis décadas construyendo una obra que desafía géneros, fronteras y censuras. Ahora, con el centenario a la vuelta de la esquina, la Filmoteca Valenciana le rinde un homenaje a la altura: una retrospectiva completa que arranca el 6 de octubre de 2026 y culmina exactamente el día en que el cineasta soplará cien velas, el 11 de febrero de 2027.

Un proyecto global con epicentro valenciano

La iniciativa no es un gesto aislado. La Filmoteca Valenciana se incorpora así a Acció Portabella, un ambicioso proyecto internacional impulsado por la Filmoteca Española y la Filmoteca de Catalunya que aglutina a más de cien instituciones de todo el mundo. El ministro de Cultura, Ernest Urtasun, ha definido a Portabella como una de las «figuras centrales del cine europeo de la segunda mitad del siglo XX». Entre las actividades previstas a nivel global figura una retrospectiva en el MoMA de Nueva York en 2027 y otra en el Festival de Toronto. El objetivo es que el día en que Portabella cumpla 100 años, cines de todo el mundo proyecten películas suyas.

En Valencia, el ciclo no se limita a repasar su obra como director: también rescata una selección de los títulos que produjo desde finales de los años cincuenta a través de su productora, Films 59. Porque antes de ponerse detrás de la cámara, Portabella ya estaba cambiando el cine español desde el otro lado del objetivo.

El productor que apostó por los incómodos

En un momento en que el cine español vivía bajo el peso de la censura franquista, Portabella tuvo el olfato —y el valor— de apostar por proyectos que incomodaban al régimen. Su carrera en el campo cinematográfico comienza con la producción de tres de las películas que fueron más relevantes en la aparición del cine moderno en España: Los golfos, de Carlos Saura (1959); El cochecito, de Marco Ferreri (1960); y Viridiana, de Luis Buñuel (1961).

El ciclo arrancará precisamente con esas tres obras. El martes 6 de octubre, Día del Cine Español, la Filmoteca proyectará a las 18.00 horas El cochecito, con presentación a cargo de la historiadora cinematográfica Áurea Ortiz, y a las 20.00 horas Los golfos. Los días 11 y 14 de octubre llegará el turno de Viridiana, quizás el título más conocido del trío: ganadora de la Palma de Oro en Cannes, fue posteriormente censurada en España tras las protestas de la Iglesia por su contenido. En 2016, la revista Caimán Cuadernos de Cine la eligió mejor película española de todos los tiempos.

El director que convirtió el cine en poesía política

Portabella no tardó en dar el salto a la dirección, pero lo hizo a su manera: sin concesiones, sin narrativas convencionales, sin miedo. Durante la primera mitad de los años setenta se convirtió en una figura clave del desarrollo de un cine independiente, alternativo y clandestino, cuya obra cinematográfica estaba inextricablemente ligada a su postura política de oposición al franquismo.

Debutó con el mediometraje No compteu amb els dits (1967), un poema visual construido a partir de anuncios publicitarios, que inició su duradera colaboración con el poeta Joan Brossa. Su primer largometraje, Nocturno 29 (1968), protagonizado por Lucia Bosé y Mario Cabré, reunía a un elenco de creadores de vanguardia —Antoni Tàpies, Joan Ponç, Carles Santos— con el propósito de conectar el cine con las demás artes. Ambas obras podrán verse los días 15 y 16 de octubre.

La programación continuará con Vampir-Cuadecuc (1970), rodada en 16 milímetros en los sets de El Conde Drácula de Jesús Franco, y con Umbracle (1972), protagonizada por Christopher Lee en una Barcelona onírica. Estas películas, junto con su participación en el Grup de Treball, fueron intervenciones radicales en el mundo del cine y el arte.

De la Transición al regreso al cine

Informe general sobre algunas cuestiones de interés para una proyección pública (1976) es quizás su obra más ambiciosa como documento histórico: un retrato coral de las alternativas políticas que se abrían tras la muerte de Franco, filmado cuando el futuro democrático de España era todavía una incógnita. En 1977, Portabella fue elegido senador en las primeras elecciones democráticas de España y participó en la redacción de la Constitución española. El cine, por un tiempo, quedó en segundo plano.

Su regreso llegó en 1989 con Pont de Varsòvia, una ficción aparentemente más convencional pero igualmente política, rodada en el año en que caía el Muro de Berlín. Después, en 2007, El silencio antes de Bach le devolvió a sus obsesiones sobre la música y la imagen. El filme fue estrenado en el Festival Internacional de Cine de Venecia de 2007 y obtuvo ese mismo año el Premio Especial del Jurado en el Festival de Cine de Gijón.

Una sesión de cortometrajes y una obra que no envejece

El ciclo también reservará espacio para los cortometrajes, con una sesión que reunirá piezas dirigidas por Carles Santos y producidas por Portabella —L'apat (1967), entre otras— junto a cortos en los que ambos creadores colaboraron estrechamente, como Play back (1970), Acció Santos (1973) o Visca el piano! (no al no) (2006). Una muestra de que la relación entre Portabella y Santos fue uno de los diálogos más fértiles del arte experimental español.

El ciclo propone un recorrido por su doble faceta como director y productor, situando su obra en diálogo con la historia cultural y política de Cataluña y de España, subrayando las conexiones entre creación artística, compromiso político y experimentación formal que han marcado más de seis décadas de cine español. Una obra que ha pasado por el MoMA, la Documenta de Kassel y el Centro Georges Pompidou, y que ahora llega a Valencia para recordar que el cine, cuando se hace con convicción, no caduca.