Imagina que te bañas en una playa valenciana sin saber que, horas antes, un análisis de laboratorio había detectado algo anómalo en el agua —pero que el resultado llegó demasiado tarde para cerrar el acceso a tiempo. Ese desfase, de hasta 24 horas entre la toma de muestra y la recepción de la alerta, es exactamente el problema que la Generalitat Valenciana quiere resolver con tecnología de vanguardia. El instrumento: drones equipados con cámaras hiperespectrales, modelos de inteligencia artificial y muestreos en campo, integrados en un sistema bautizado como 'Ocean Watcher'.
El vicepresidente tercero y conseller de Medio Ambiente, Infraestructuras, Territorio y de la Recuperación, Vicente Martínez Mus, presentó esta iniciativa en la Gola de Pujol de l'Albufera, acompañado por la alcaldesa en funciones de València, María José Ferrer San Segundo, y el director general de Calidad y Educación Ambiental, Jorge Blanco. El escenario elegido no es casual: l'Albufera cumple 40 años como Parque Natural y la mejora de la calidad del agua figura entre las prioridades de la estrategia que la Generalitat ha diseñado para la efeméride.
"La tecnología nos permite avanzar hacia una gestión ambiental basada en más información y en una mayor capacidad de anticipación" - Vicente Martínez Mus, vicepresidente tercero y conseller de Medio Ambiente, Infraestructuras, Territorio y de la Recuperación de la Generalitat Valenciana
Un laboratorio volador sobre el agua
El proyecto integra drones, sensores hiperespectrales, modelos de inteligencia artificial y muestreos sobre el terreno para detectar indicadores de contaminación y mejorar la monitorización de la calidad del agua con una elevada resolución espacial. Dicho de otro modo: el dron sobrevuela la superficie acuática, su cámara capta la «firma espectral» del agua —una especie de huella de luz invisible al ojo humano que revela su composición— y la inteligencia artificial cruza esos datos con las muestras físicas tomadas in situ para calibrar y afinar el modelo. El resultado es información casi instantánea sobre el estado real del agua.
La ventaja frente al sistema tradicional es notable. Con el método convencional, entre que se recoge la muestra, se envía al laboratorio y se recibe el informe pueden pasar cerca de 24 horas, tiempo suficiente para que la situación haya cambiado radicalmente —para bien o para mal— cuando llega la alerta. 'Ocean Watcher' apunta a reducir ese intervalo de manera drástica, acercándose a la detección en tiempo real.
Seis puntos críticos de la costa valenciana
Las actuaciones se llevarán a cabo en acequias de Alboraya y Meliana y en las golas de València y Sueca. En concreto, los seis puntos seleccionados son las acequias Sangonera y Nova, en Meliana; la acequia Sant Vicente y el barranco del Carraixet, en Alboraya; las golas del Pujol y del Perellonet, en València, y la Gola del Rey, en Sueca. Todos comparten un denominador común: son desembocaduras o canales con posible afección por vertidos urbanos, los mismos puntos donde históricamente se concentran los episodios de contaminación que obligan a cerrar temporalmente zonas de baño.
En cada uno de estos enclaves se realizan campañas de muestreo de agua superficial y vuelos con drones, registrando parámetros básicos como la temperatura y la turbidez, la localización GPS y las condiciones ambientales del momento. La información de los vuelos se correlaciona luego con los análisis de laboratorio para construir un modelo cada vez más preciso y autónomo.
Un escudo tecnológico para casi 5.000 análisis anuales
'Ocean Watcher' no llega para sustituir el sistema existente, sino para reforzarlo. La Generalitat ha reforzado este verano el Programa de Control de Calidad de las Aguas de Baño de la Comunitat Valenciana, que contempla cerca de 5.000 controles analíticos, frente a los 4.600 realizados durante la temporada anterior. La campaña se lleva a cabo en 266 zonas de baño censadas, tanto marítimas como continentales, asegurando un seguimiento de la calidad del agua. El nuevo sistema de drones e inteligencia artificial actúa, por tanto, como una capa adicional de vigilancia sobre una red que ya es de las más densas del litoral mediterráneo español.
En 2025, el 96,8% de las zonas de baño marítimas de la Comunitat Valenciana obtuvieron una calificación de excelente o buena en los controles de calidad. Son datos que sitúan a la región entre las referencias europeas en gestión de aguas de baño, pero que no eliminan la necesidad de seguir avanzando: hasta la fecha, solo se ha registrado una docena de cierres temporales de zonas de baño, frente a cerca de una veintena en el mismo periodo de 2025.
El contexto: l'Albufera y la apuesta por la innovación ambiental
El proyecto piloto se complementa, además, con otra iniciativa presentada semanas antes en Meliana: el proyecto Water Biosense, que permite monitorizar en tiempo real la calidad de las acequias mediante biosensores de nanoinmunotecnología, registrando automáticamente los niveles de contaminación microbiológica, como Escherichia coli y enterococos, además de parámetros fisicoquímicos como la temperatura, el pH, la conductividad o la turbidez. Dos proyectos, dos tecnologías distintas, un mismo objetivo: saber antes para actuar mejor.
Martínez Mus ha incidido en que el objetivo es que «la ciudadanía y los millones de visitantes que recibe la Comunitat Valenciana disfruten de un verano seguro, manteniendo la excelencia que caracteriza a nuestras aguas de baño». Detrás de esa frase hay una realidad económica y social evidente: el turismo de playa es uno de los motores fundamentales de la economía valenciana, y la calidad del agua —visible, medible y certificable— es una condición indispensable para mantenerlo. En ese sentido, invertir en drones e inteligencia artificial para vigilar el mar no es solo una decisión medioambiental; es también una apuesta por la reputación y la competitividad del territorio.

