Hay infraestructuras que no nacen del papel de un ingeniero, sino de la paciencia acumulada de miles de vecinos. La zona norte de Mislata lleva más de veinte años esperando una solución a uno de sus problemas más cotidianos y más visibles: la dificultad para entrar y salir del municipio sin colapsar sus propias calles. Este miércoles, la Generalitat Valenciana ha dado un paso concreto para cambiar esa realidad al presentar el proceso de participación pública del Estudio de Integración Paisajística del proyecto de conexión viaria de la zona norte del municipio.
Una vía que conectará dos avenidas cruzando el nuevo cauce del Turia
El proyecto prevé unir la Avenida Escultor Navarro con la Avenida Pío Baroja, cruzando el nuevo cauce del Turia, una arteria fluvial que desde su construcción en los años sesenta —como respuesta a la devastadora riada de 1957— ha actuado históricamente como una barrera física entre municipios del área metropolitana. Con una longitud aproximada de 1,8 kilómetros, la idea es crear un nuevo vial que cruce el cauce del Turia y conecte la zona norte de Mislata, rodeando el parque de la Canaleta, hasta enlazar con las vías de Valencia.
El vicepresidente Tercero del Consell y conseller de Medio Ambiente, Infraestructuras, Territorio y de la Recuperación, Vicente Martínez Mus, presidió el acto junto al alcalde de Mislata, Carlos Fernández Bielsa, y con la presencia del secretario autonómico de Infraestructuras, Javier Sendra, y la directora general de Infraestructuras Terrestres, María José Martínez Ruzafa. También asistieron representantes vecinales y municipales, lo que da una idea del calado social que tiene este proyecto en el municipio.
"La Generalitat da un paso importante para Mislata y para toda el área metropolitana de Valencia" - Vicente Martínez Mus, vicepresidente Tercero del Consell y conseller de Infraestructuras de la Generalitat Valenciana
Saturación crónica en los accesos al municipio
El diagnóstico que ofrece la Generalitat no deja margen a la ambigüedad. La calle Valencia-San Antonio soporta intensidades de tráfico que superan su capacidad, y la situación, lejos de mejorar sola, amenaza con agravarse a medida que avancen los crecimientos urbanísticos previstos en la zona norte y se consoliden nuevos equipamientos sanitarios de referencia en el entorno. Los accesos actuales, según el conseller, "se encuentran saturados".
No es un problema nuevo. Este proyecto data de 2006, fecha en la que salió a información pública por primera vez. Casi dos décadas después, la actuación seguía sin materializarse. Martínez Mus ha reconocido abiertamente que el Consell ha decidido "recuperar esta necesidad histórica", afrontando una actuación que "permanecía pendiente desde hace más de dos décadas". Una forma de admitir que la pelota ha estado demasiado tiempo parada.
El alcalde de Mislata, Carlos Fernández Bielsa, ha querido agradecer el apoyo de la Generalitat y ha subrayado un dato relevante: el proyecto cuenta también con el respaldo del Ayuntamiento de Valencia, dado que la nueva conexión contribuirá a reducir el tránsito por la capital en general y, en particular, por el puente Nou d'Octubre.
Paisaje, huerta y participación ciudadana: el triángulo del proyecto
Pero si algo distingue a este nuevo impulso de los intentos anteriores es la forma en que se está abordando. En el pasado, la huerta de Campanar y su condición de zona protegida, además de su planificación como parte del futuro parque natural del Turia, generaron oposición desde el Ayuntamiento de Valencia, que trasladó sus reservas ante cualquier conexión viaria que afectara ese entorno. Esta vez, la Generalitat quiere desactivar esas resistencias desde el principio.
El proceso de participación pública se enmarca en la tramitación del Estudio de Integración Paisajística y tiene como objetivo conocer la percepción que la ciudadanía tiene del paisaje de la zona. El conseller ha insistido en que esta participación "no es un trámite más", sino una forma de entender la gestión pública basada en la escucha activa. Una declaración de intenciones que, más allá de la retórica institucional, responde a la presión real de compatibilizar movilidad con protección ambiental.
Y es que el proyecto se mueve en un terreno delicado. La actuación deberá ser compatible con la Huerta de València, el Parque Natural del Turia, el Sistema de Parques Metropolitanos previsto en el entorno, la acequia de Rascanya y el Bien de Interés Cultural Molí del Sol. No es solo una obra de asfalto: es una negociación permanente entre la urgencia de conectar y el deber de preservar.
Más allá del tráfico: seguridad, contaminación y calidad de vida
Los beneficios que se esperan de la actuación van más allá de aliviar los atascos matutinos. El proyecto también persigue mejorar la seguridad vial, descongestionar las calles interiores de Mislata y reducir la contaminación acústica y atmosférica derivada de la elevada intensidad circulatoria que acumulan algunos de sus principales ejes urbanos. Dicho de otro modo: menos ruido, menos humo y menos riesgo en las calles de un municipio que, con más de 43.000 habitantes en apenas 2,4 kilómetros cuadrados, es uno de los más densamente poblados de España.
Martínez Mus ha reconocido la complejidad técnica, ambiental y territorial de la actuación, pero ha defendido el trabajo realizado como garantía de avance hacia "una solución equilibrada". La Generalitat, ha concluido, "mantiene su compromiso de desbloquear esta infraestructura estratégica para el municipio". Ahora corresponde a la ciudadanía aportar su voz en el proceso participativo. Porque en un proyecto que lleva veinte años esperando, que sean también los vecinos quienes lo terminen de dar forma no es solo un procedimiento administrativo: es, en cierta medida, un acto de justicia.


