Hay un tipo de transformación que no se ve, pero que se nota en la factura, en el aire y, a largo plazo, en el planeta. Metrovalencia está en medio de una de ellas: la sustitución de casi 15.000 luminarias convencionales por tecnología LED en todas sus estaciones subterráneas de la provincia de Valencia, con el objetivo de recortar el gasto eléctrico en casi cinco millones de kilovatios hora al año y ahorrar cerca de medio millón de euros en el mismo periodo.
Un proyecto de tres años que ya ha superado la mitad del camino
La operación comenzó en agosto de 2024 y tiene previsto completarse en julio de 2027. Se ejecuta a través del contrato de mantenimiento y conservación de los sistemas eléctricos de baja tensión en estaciones subterráneas de Metrovalencia y afecta a prácticamente toda la red soterrada, con la única excepción de las tres estaciones de la Línea 10 y la estación de Empalme, que ya contaban con iluminación LED. El resto —andenes, túneles, vestíbulos, taquillas, zonas de paso, salas de espera, pasos elevados sobre las vías y dependencias técnicas— está siendo renovado de arriba abajo.
El alcance es considerable. Metrovalencia cuenta con 38 estaciones subterráneas en su red , y cada una de ellas acumula docenas de puntos de luz que, hasta ahora, funcionaban con tecnología de fluorescencia, halogenuros o incandescencia: sistemas que consumen más energía, generan más calor y fallan con mayor frecuencia. Cambiarlos todos no es un capricho estético. Es, sobre todo, una decisión económica y ambiental.
Casi cinco millones de kilovatios hora ahorrados cada año
Los números hablan por sí solos. La incorporación de las 14.810 nuevas luminarias LED permitirá un ahorro energético estimado de 4.963.801,71 kWh al año, una vez completados los trabajos. Para hacerse una idea de la magnitud: esa cantidad de energía equivale, aproximadamente, al consumo eléctrico anual de más de 1.700 hogares españoles medios. No es una cifra trivial para una infraestructura de transporte público.
Pero el cambio no se limita a instalar nuevos tubos. Los equipos técnicos están recableando las nuevas luminarias LED, lo que permitirá eliminar los balastros —los dispositivos que regulan y estabilizan la corriente en los sistemas de iluminación convencionales— y que representan uno de los principales puntos de fallo de las instalaciones antiguas. Menos componentes que pueden romperse, menos averías, menos mantenimiento de emergencia.
El CO₂ que no se emitirá... aunque la electricidad ya sea verde
Aquí aparece un matiz interesante. Metrovalencia opera ya con electricidad certificada de origen 100% renovable, lo que podría llevar a pensar que consumir más o menos da igual. No es exactamente así. El menor consumo equivale, en términos comparables, a evitar aproximadamente 893 toneladas de CO₂ al año, tomando como referencia el impacto medio del sistema eléctrico español. Es decir: aunque el metro de Valencia no emita directamente ese carbono, reducir su demanda libera energía renovable que puede destinarse a otros usos o reduce la presión sobre la red eléctrica en su conjunto. Una ganancia sistémica que va más allá de la contabilidad propia de FGV.
Casi 477.000 euros de ahorro anual: la eficiencia también es rentable
La eficiencia energética tiene siempre una traducción económica, y en este caso es clara: el proyecto generará un ahorro de 476.524,97 euros al año una vez completada la sustitución. Una cantidad que, proyectada en el tiempo, puede reinvertirse en otras mejoras de la red o simplemente aliviar los costes operativos de una empresa pública.
Esta actuación se enmarca en la estrategia de Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana (FGV) de explorar actuaciones que optimicen el uso de la energía desde una doble perspectiva: económica y ecológica. No es un proyecto aislado. FGV avanza en la implementación del Plan de Actuaciones 2026-2030, una estrategia que moviliza 839 millones de euros y que marcará el futuro de Metrovalencia y el TRAM d'Alacant durante los próximos cinco años. Con una inversión de 90 millones de euros, los trabajos incluyen la renovación progresiva de estaciones subterráneas de las líneas 1 y 2 de Metrovalencia, así como mejoras en estaciones en superficie. El cambio de luminarias es, en ese contexto, una pieza más de un puzzle de modernización mucho más amplio.
Lo que ocurre bajo las calles de Valencia, lejos de la mirada de la mayoría de los ciudadanos, importa más de lo que parece. Cada tubo LED instalado en un andén o en un túnel es un pequeño paso hacia un transporte público más eficiente, más barato de mantener y más coherente con los compromisos ambientales que cualquier ciudad contemporánea debería asumir. La luz que alumbra el metro empieza, por fin, a ser también parte de la solución.

