Hay cultivos que no son solo cultivos. La cereza de la montaña de Alicante lleva más de mil años arraigada en los bancales del interior alicantino y sostiene, según datos del sector, más de 1.000 puestos de trabajo repartidos por comarcas que, sin este fruto, perderían buena parte de su pulso económico. Ahora, la Conselleria de Agricultura de la Generalitat Valenciana ha activado un paquete de ayudas que supera el millón y medio de euros para mantener en pie un sector golpeado por las adversidades climáticas y que mira al futuro con cautela.
Más de 1,4 millones contra el clima y el abandono
La directora general de Producción Agrícola y Ganadera, Mª Àngels Ramón-Llin, aprovechó la clausura del acto de «El Tall de la Cirera 2026» en Alcoi para dar cifras concretas. La Conselleria ha destinado 417.731 euros en ayudas para explotaciones de regadío afectadas por factores climáticos adversos, medioambientales e incendios en toda la Comunitat Valenciana. Esta línea se suma a otra anterior dirigida a explotaciones de secano, que ascendió a 1.036.744,52 euros. En total, más de 1,45 millones de euros para un sector que en los últimos años ha encadenado temporadas difíciles.
"La cereza de la montaña de Alicante es mucho más que un producto agrícola. Es empleo, economía local, paisaje, turismo y fijación de población en nuestras comarcas de interior" - Mª Àngels Ramón-Llin, directora general de Producción Agrícola y Ganadera de la Generalitat Valenciana
La afirmación no es retórica. La zona de producción de la IGP posee características agroclimáticas únicas: paisajes de relieve montañoso, suelos con alto contenido en carbonato cálcico, un microclima mediterráneo templado con temperaturas frías en invierno y templadas en primavera, y más precipitaciones que en el resto de la Comunitat. Ese entorno singular es, precisamente, lo que hace inimitable a este producto. Estas características provocan precocidad en el fruto, dando lugar a una cereza excepcional, con mínima incidencia de plagas y enfermedades, por lo que requiere muy pocos tratamientos.
Otra de las características que otorga gran prestigio a la cereza alicantina es su manipulado artesanal: la recolección y la posterior clasificación se realizan de forma manual, por categorías, atendiendo a calibre, color, azúcar y dureza. Un proceso que no admite prisa ni industrialización masiva, y que explica por qué este cultivo es tan vulnerable cuando el clima no acompaña.
La IGP, un sello con más de dos décadas de historia
La montaña de Alicante lleva décadas identificándose con el cerezo, un cultivo que ha jugado un papel dinamizador en el desarrollo socioeconómico de la comarca. Actualmente se encuentran inscritos en la IGP alrededor de 650 socios y existen unas 1.200 hectáreas destinadas a este cultivo. La IGP Cerezas de la Montaña de Alicante prevé para 2026 una campaña muy positiva, marcada por una producción destacada y por la calidad de un fruto ligado desde hace siglos al interior alicantino. Aunque, como suele ocurrir en la agricultura de montaña, un episodio de lluvia fuera de tiempo puede torcer las previsiones más optimistas en cuestión de horas.
La cereza de la montaña es también un producto estrechamente vinculado al consumo de proximidad: buena parte de la producción se consume en el entorno mediterráneo más cercano, lo que permite que el tiempo entre la recolección, la distribución y la compra sea mínimo. Una cadena corta que beneficia tanto al agricultor como al consumidor final, y que convierte a este fruto en un ejemplo del modelo agroalimentario que cada vez más voces reclaman.
Relevo generacional: 548 ayudas y 27 millones para el campo valenciano
Más allá de las ayudas de emergencia, la Conselleria pone el foco en un problema estructural que comparte con el resto del campo español: la falta de relevo. Sin jóvenes que tomen el testigo, las subvenciones de hoy no sirven para garantizar la cosecha de mañana. Por eso, la Generalitat ha concedido 548 ayudas a jóvenes y nuevos agricultores y ganaderos de toda la Comunitat Valenciana por un importe total de 27,44 millones de euros.
En la provincia de Alicante, el programa se ha materializado en 91 ayudas —67 para jóvenes agricultores y 24 para nuevas incorporaciones—, con una inversión de 4,3 millones de euros. El importe medio ronda los 49.701 euros en el caso de los jóvenes agricultores y los 40.417 euros para los nuevos profesionales que se incorporan al sector.
La comarca de l'Alcoià, territorio epicentro de la cereza alicantina, ha recibido cinco paquetes de ayudas que suman 230.000 euros. Tres corresponden a jóvenes agricultores y dos a nuevas incorporaciones. Con esa inversión se actuará sobre 85 hectáreas de cultivo: 48 de olivar, 37 de almendro y 8 recuperadas para ponerlas de nuevo en producción. También se incluyen explotaciones ganaderas con 1.854 conejos.
"Apoyar a los jóvenes agricultores significa también preservar el paisaje, la economía rural y nuestras tradiciones agrícolas" - Mª Àngels Ramón-Llin, directora general de Producción Agrícola y Ganadera de la Generalitat Valenciana
Una apuesta que va más allá del campo
Lo que está en juego no es solo la supervivencia de unas explotaciones familiares. En este paisaje de bancales, valles y pequeñas explotaciones, la cereza no es solo un cultivo: es economía local, cultura agraria y patrimonio vivo. Cuando un agricultor abandona su terraza de cerezo en la montaña alicantina, no solo desaparece una parcela productiva: se pierde un paisaje construido durante generaciones, se debilita la economía de un pueblo y se rompe un eslabón de identidad territorial que ninguna ayuda puede reconstruir desde cero. Las inversiones anunciadas en Alcoi son una señal de que la Administración es consciente de esa ecuación, aunque la verdadera prueba estará en si los jóvenes que reciban esas ayudas encuentran en el campo una vida digna y con futuro.


