Los niños y adolescentes valencianos ayudan a escribir las normas de convivencia de sus colegios: una primera histórica en la Comunitat

El Consejo de Infancia y Adolescencia de la Comunitat Valenciana participa por primera vez en la elaboración de una norma educativa autonómica.

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El Consejo de Infancia y Adolescencia de la Comunitat Valenciana
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Por primera vez en la historia normativa de la Comunitat Valenciana, niñas, niños y adolescentes han tenido voz formal en la elaboración de una norma educativa. El Consejo de Infancia y Adolescencia de la Comunitat Valenciana (CIACV) se reunió con la Conselleria de Educación, Cultura y Universidades para trasladar sus propuestas a la futura Orden de convivencia que desarrollará el marco legal aprobado el pasado diciembre.

No es un gesto simbólico. Las aportaciones recogidas durante el encuentro se incorporarán al informe de participación que formará parte del expediente oficial de tramitación de la norma, con el mismo peso procedimental que cualquier otro informe preceptivo. Es decir: lo que digan estos jóvenes consejeros quedará registrado en el expediente y deberá ser tenido en cuenta durante la redacción del texto definitivo.

Una norma que nace escuchando a quienes más la vivirán

La reunión se celebró en el Salón de Actos de la Conselleria, con la participación de la directora general de Innovación e Inclusión Educativa, Xaro Escrig, y de la directora general de Infancia y Adolescencia, Familia y Reto Demográfico, Angélica Such. El objetivo era claro: que el alumnado aportara su perspectiva antes de que la norma quede cerrada, no después.

"Queremos escuchar vuestra voz antes de tomar decisiones, porque vuestras aportaciones ayudan a construir las normas que mejoran la vida en los centros educativos" - Xaro Escrig, directora general de Innovación e Inclusión Educativa de la Conselleria de Educación, Cultura y Universidades.

La Orden de convivencia desarrolla el Decreto 193/2025, de 12 de diciembre, aprobado por el Consell y en vigor desde el 7 de enero de 2026, que sustituyó al anterior marco normativo sobre convivencia escolar en la región. La convivencia es uno de los objetivos fundamentales del sistema educativo valenciano, y aprender a relacionarse y convivir se considera una parte imprescindible del derecho a la educación. La futura Orden, según explicó Escrig durante la sesión, contribuirá a reforzar los mecanismos de bienestar y protección del alumnado, mejorar la gestión de los conflictos y garantizar la inclusión, la igualdad de trato y la no discriminación en los centros.

El CIACV: un órgano con mandato legal para ser escuchado

El Consejo de Infancia y Adolescencia de la Comunitat Valenciana no es una iniciativa voluntarista ni una comisión decorativa. Es un órgano de participación colectiva creado por la Ley 26/2018, de derechos y garantías de la infancia y la adolescencia, y depende de la Conselleria de Servicios Sociales, Familia e Infancia. Su razón de ser es garantizar que los menores puedan ser escuchados en aquellos asuntos de competencia de la Generalitat que les afectan directamente. Dicho de otra manera: existe para que lo que hoy ha ocurrido no sea la excepción, sino la norma.

Y sin embargo, hasta esta reunión, ningún departamento educativo autonómico había recurrido formalmente a este órgano durante la elaboración de una de sus normas. Este encuentro supone la primera participación formal del CIACV en el proceso de elaboración de una norma impulsada por la Conselleria de Educación, un hito que marca un antes y un después en la forma en que la administración valenciana entiende la elaboración de políticas educativas.

Pantallas, redes sociales y la presión invisible del mundo digital

Concluida la parte dedicada a la Orden de convivencia, la sesión no terminó ahí. Los miembros del Consejo desarrollaron una segunda parte de trabajo centrada en un tema que ocupa cada vez más espacio en el debate educativo y familiar: el uso de las pantallas y las redes sociales. La dinámica fue organizada por la Fundación Ferrer i Guàrdia.

Durante el debate, los jóvenes consejeros compartieron experiencias propias y reflexionaron sobre cómo la exposición a las plataformas digitales influye en ámbitos tan distintos como las relaciones personales, el ocio, el aprendizaje o el bienestar emocional. No es un debate nuevo —los países del norte de Europa llevan años regulando el acceso de menores a las redes—, pero sí uno urgente: las pantallas ya forman parte del paisaje cotidiano de cualquier aula, y sus efectos sobre la salud mental de los adolescentes concentran cada vez más atención científica e institucional.

Sobre la mesa aparecieron cuestiones como la gestión del tiempo de conexión, la privacidad, la seguridad en internet, la presión social que ejercen las redes o el acceso a contenidos potencialmente dañinos. Las conclusiones recogidas servirán para enriquecer los trabajos de reflexión que se desarrollan en el ámbito de los derechos de la infancia en el entorno digital. No es poco: en un momento en que los legisladores de toda Europa buscan fórmulas para proteger a los menores en línea, que sean los propios adolescentes quienes pongan nombre a sus preocupaciones es, quizás, el mejor punto de partida posible.