Entrar a un examen de selectividad con el móvil en el bolsillo ya no pasará desapercibido en la Comunitat Valenciana. La Generalitat incorpora este año detectores de frecuencia y otros medios técnicos a las Pruebas de Acceso a la Universidad (PAU) para identificar cualquier dispositivo electrónico no autorizado mientras los estudiantes se examinan. Una medida que, más que castigar, pretende garantizar que todos los alumnos compiten en las mismas condiciones: sin ventajas ocultas bajo la manga ni señales de radio cruzando las aulas.
Una respuesta a la realidad tecnológica
La medida fue presentada este jueves en la Universitat Politècnica de València por la secretaria autonómica de Universidades, Esther Gómez, junto al coordinador general de la PAU, José Mas, y el director de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Telecomunicación (ETSIT) de la UPV, Héctor Esteban. No es casualidad que el escenario elegido fuera precisamente una escuela de ingeniería de telecomunicación: el fraude tecnológico en los exámenes ya no es un problema menor, y requiere soluciones a su misma altura.
"La actualización de los criterios responde a la necesidad de adaptar los controles de estas pruebas a la realidad tecnológica actual" - Esther Gómez, secretaria autonómica de Universidades de la Generalitat Valenciana
La intención, subrayó Gómez, es clara: "garantizar la igualdad de condiciones entre todo el estudiantado y preservar la integridad de las pruebas". Dicho de otro modo, que un alumno que ha estudiado durante meses no quede en desventaja frente a quien lleva un auricular invisible o un reloj conectado a internet.
La Comunitat Valenciana no camina sola en esta dirección. Galicia fue la primera comunidad en intentar detectar artilugios electrónicos en las aulas, allá por 2019, utilizando numerosos detectores con los que los profesores recorren aleatoriamente las aulas. En la convocatoria de 2026, cuatro autonomías —Galicia, Aragón, Cataluña y Murcia— ya han confirmado el uso de detectores de frecuencia, y otras ocho más, entre ellas la Comunitat Valenciana, estudian implementar esos mecanismos.
Qué está prohibido y qué ocurre si te pillan
La nueva normativa de la Comisión Gestora de la PAU es taxativa en su lista de dispositivos vetados durante los exámenes: teléfonos móviles, relojes inteligentes, auriculares, tabletas, ordenadores y, atención a la novedad del siglo, gafas con inteligencia artificial. El abanico refleja cómo la tecnología de consumo ha evolucionado hasta convertir objetos cotidianos en potenciales herramientas de trampa.
Pero la gran novedad no es solo la prohibición —que ya existía antes—, sino el procedimiento concreto que se activará cuando un detector identifique una señal sospechosa. Si el aparato señala a un estudiante, el tribunal podrá pedirle que muestre el dispositivo. Si el alumno se niega, será acompañado a la sede del tribunal para una nueva comprobación. Y si finalmente se confirma que portaba un dispositivo no autorizado y en funcionamiento, el resultado es inapelable: no podrá continuar el examen y recibirá un cero en la prueba.
La amenaza es real. En Extremadura, el año pasado detectaron a un alumno utilizando un nanopinganillo; gracias al imán utilizado para extraerlo, fue sorprendido y expulsado del examen con un cero en la asignatura. Casos como este ilustran por qué las administraciones educativas han decidido pasar de las advertencias verbales a la tecnología activa.
La normativa también contempla una casuística particular: si no se puede identificar de inmediato al propietario del objeto detectado, la mochila o bolso donde se encuentre será trasladada a la sede del tribunal para intentar su identificación. Nadie podrá escudarse en el anonimato de una bolsa sin dueño aparente.
Identidad verificada: treinta minutos antes y sin móvil
El control no solo afecta a los dispositivos electrónicos, sino también a quién se sienta frente a cada examen. La suplantación de identidad queda expresamente prohibida y, de confirmarse, conlleva un cero en el conjunto de la PAU, no solo en la asignatura en curso. Para evitar confusiones de último momento, los estudiantes deberán presentarse en las instalaciones con treinta minutos de antelación y mostrar un documento oficial de identidad antes de entrar al aula.
El sistema admite identificarse mediante la aplicación miDNi, pero con una condición que puede pillar desprevenidos a más de uno: la verificación deberá completarse antes de cruzar la puerta del aula, ya que no se podrá acceder con el dispositivo móvil conectado. Es decir, el móvil sirve para identificarse en el pasillo, pero a partir de ahí queda fuera del juego.
En un contexto en el que el fraude mediante tecnología preocupa cada vez más a las universidades y administraciones educativas , la apuesta valenciana por blindar tecnológicamente sus pruebas de acceso marca un punto de inflexión. La selectividad siempre ha sido uno de los momentos más determinantes en la vida académica de un joven; que las reglas del juego sean iguales para todos no es un detalle menor, sino la base sobre la que se sostiene su legitimidad.
